El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

EL CASO DE SHIRLEY: CUANDO CREERSE BLANCA ES SINÓNIMO DE BAJEZA

Shirley

En el día de ayer, lunes 20 de julio, fuimos testigos una vez más de un acto de exclusión social, solo que en este caso tiene un matiz aún más grave si se quiere, ya que llevaría implícito una carga profunda de racismo. Me refiero al acto bochornoso que protagonizó Shirley Berrío en un parqueadero de Cartagena al insultar, con palabras de grueso calibre, a un chofer de taxi porque supuestamente le habría rayado el carro. No sólo lo insultó, sino que lo llama negro repetidamente; lo que para ella es un insulto y una forma de mostrar su supuesta superioridad racial.

http://www.elespectador.com/noticias/nacional/taxista-victima-de-discriminacion-racial-anuncio-demand-video-573905

A diferencia de Shirley, yo no considero que la palabra negro sea un insulto. Al contrario, pienso que cuando alguien se refiere a la gente que tiene la piel oscura como morenita o afrocolombiana, en realidad la está estigmatizando y excluyendo. Además, porque se nos olvida que la especie humana viene de África; al menos eso es lo que arrojan todos los descubrimientos antropológicos hechos hasta ahora.

Podría también decir que su nombre Shirley nada tiene que ver con su apariencia física. Si se llamara Shirley Bush hasta podría entender de donde le viene tanta violencia y tanto racismo. Recuérdese las frases que dijo la matrona Bush cuando el huracán Katrina devastó una gran parte del sur de Estados Unidos. Además, Shirley no es rubia, no tiene los ojos azules, no es nórdica, ni siquiera es gringa; es cartagenera. En otras palabras es mestiza, como lo somos todos los colombianos; en eso radica nuestra gran riqueza cultural. Por otra parte, no creo en las razas humanas, creo en la especie humana; y considero que es la única especie animal capaz de autodegradarse a sí misma, como lo prueban Shirley, o Mely Bermudez o Nicolás Gaviria y la lista continua.

Colombia es un país violento desde las entrañas mismas del poder económico y político, que ha perpetuado la sociedad de castas impuesta por los españoles, pero además es racista. El caso de Shirley es uno entre millones. Ella es el producto de una educación excluyente que no le ha enseñado el respeto y que los seres humanos somos iguales, no le ha enseñado que no hay nadie superior a otro, y que el hecho de pertenecer a una clase social privilegiada, me refiero en lo económico, no la hace mejor que los otros a los que ella se refiere como negros, taxistas rateros, entre otros epítetos propios de una gamberra de esquina. Incluso de malandra. Y si digo ésto es porque en determinado momento ella hace un gesto con su mano como si tuviese un revolver y quisiese dispararle al taxista que está insultando; pueden verlo en el video:

http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/taxista-recibe-insultos-racistas-por-parte-de-una-mujer-en-cartagena/16119361

Imagino también que en su familia han tenido empleadas domésticas negras, como muchas de las familias cartageneras. Por lo que yo le preguntaría ¿y si desprecia tanto a las personas negras, como acepta que le preparen la comida, que le laven la ropa, o que la conduzcan a las fiestas si le toca coger un taxi?

La sociedad cartagenera en particular, y la colombiana en general, ha impedido el ascenso social, ya que eso la privaría de tener mano de obra barata, en muchos casos raya incluso con la esclavitud. Recuérdese el caso de un edificio de Cartagena que no permitía que las empleadas domésticas tomasen el ascensor.

Shirley muy posiblemente haya ido a la universidad, pero si tiene un diploma que acredita sus estudios superiores, la verdad es que como persona, como ser humano, es de una pobreza enorme. Eso indica que el sistema educativo cartagenero y colombiano ha hecho muy poco por educar en un sistema de respeto y de igualdad. ¡Ni qué decir de sus padres! Supongo que ella sólo está repitiendo lo que ha escuchado decir desde siempre.

Para terminar esta cuadro desolador, Shirley luego pidió disculpas en Caracol Radio diciendo que su comportamiento era producto de la efervescencia… vaya, vaya…; pero lo que es peor es que remató diciendo: “Tengo muchos amigos negritos”. ¿Acaso se considera a sí misma como muy blanquita? Esta respuesta, que de disculpa no tiene nada, sólo refleja hasta que punto es ignorante y hasta donde llega su estulticia; o sea hace gala de su falta de inteligencia. Imagino también que se considera a sí misma como muy católica, por lo que estaría faltando a una de las reglas básicas de este credo religioso: la compasión y la caridad.

Shirley ignora, entre muchas otras cosas, que la violencia es una espiral, un laberinto del cual es muy difícil salir, máxime cuando el Estado, principal garante de los derechos de los ciudadanos, la desconoce, o toma sólo medidas de emergencia que son llevadas a cabo en la inmediatez y sin tener una verdadera bitácora para convertirlas en posibilidades de cambio de la forma de actuar y de pensar del colombiano común; y cuando digo esto, me refiero a hombres y mujeres. No olvido que es la mujer, en muchos casos, la principal gestora de la ideología machista. Muchas veces ayuda a perpetuar las diferencias entre hombres y mujeres; sobre todo si no ha leído ningún artículo concerniente a la condición de la mujer; como pareciese que fuese el caso de Shirley. Y si digo esto es por la virulencia de su discurso, a todas luces machista.

Lo poco que hemos ganado como sociedad, que trata de dejar atrás un pasado negro, lo estamos destruyendo; así es imposible lograr algún día la paz que todos deseamos. Hay que desarmar primero la forma de pensar violenta, principal arma mortífera, para que el desarme de las armas de fuego sea una realidad ; y eso parece desconocerlo Shirley Berrío.

Por último quisiera agregar que una buena forma de mostrar su arrepentimiento, pero sobre todo de comenzar a cambiar su forma de ser y de pensar para con los demás, es que cree, junto con Melissa Bermudez y Nicolás Gaviria, una fundación de ayuda a los policías y a las personas que tratan de salir adelante con un trabajo digno pero que no han podido estudiar. Los primeros deberían ser el taxista y los policías insultados y agredidos, e incluso comprarles una vivienda; no creo que donde vivan sea la mejor de las habitaciones.

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