Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

Zille

Pocos artistas alemanes han disfrutado de una tal popularidad en vida como la que gozó en el Berlín del primer tercio del pasado siglo Heinrich Zille. Y todavía hoy, en ese Berlín donde pasó la mayor parte de su vida, el nombre de Heinrich Zille continúa siendo un sinónimo de arte popular, por un lado, y de intensa y feliz simbiosis entre un artista y su ambiente.

Los tarjeteros de la capital están llenos de postales que reproducen algunos de los más famosos dibujos y grabados de Heinrich Zille. Y la palabra francesa milieu, escrita según los cánones del habla berlinesa, Milljöh, con doble l y una j y una ö y una h, casi puede considerarse la marca registrada del artista.

La cantante Claire Waldoff, otro pilar de la intensa ósmosis pueblo–Arte que se dio en aquel Berlín ya mítico de entreguerras, lo expresaba así en una de sus inolvidables creaciones, que vale la pena escuchar como mera música, aun sin saber alemán, porque esa voz transmite de una manera clara e inequívoca que está hablando de cosas serias e importantes :

https://www.youtube.com/watch?v=Os5fUBEEYdA

Con su obra gráfica, como don Benito Pérez Galdós en Madrid con sus novelas, Zille llevó a cabo en Berlín el mismo milagro de absorción y reelaboración de todo un ambiente y toda una época. Sus dibujos y sus cuadros, poblados de sotabancos y buhardillas, semisótanos y desvanes, tabernas y minúsculos y abigarrados expendios de comestibles, habitados por seres rubicundos y rechonchos, de miradas traviesas y provocativas, insolentes y bienhumorados, típicos de aquello que los propios berlineses llaman Schnauze [=bocazas], esos dibujos y cuadros son un documento vivo que actúa como contrapunto de la obra del gran dibujante satírico expresionista George Grosz, más dura, más violenta y más agria, pero tan sólo aparentemente más comprometida.

De Heinrich Zille tuve ocasión de ver hace años, en el recoleto y acogedor Museo Käthe Kollwitz, en Colonia, cien obras de su mejor época, hasta fines de la primera guerra mundial; cien trabajos que recogen lo más auténtico de su creación, cuando todavía no se copiaba a sí mismo, como lo haría en los diez años posteriores, hasta su muerte en 1929.

Alí tuve ocasión de admirar, entre otras obras maestras, su “Desfile de los trabajadores de Spandau”, que no se exhibía al público desde hacía 40 años, y entender esa frase terrible de Heinrich Zille, el Goya berlinés, según el cuál «Se puede matar a un ser humano con una vivienda lo mismo que con un hacha».

******************************************************

Comentarios