Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

Un cuento de Indira Álvarez Cuadrado

Y una semana más que le cedo este espacio a una de mis amistades para que publique un texto de su autoría. Saben, porque se los tengo dicho varias veces, que lo hago por puro egoismo, para que mi blog mejore su nivel.

Hoy quiero ofrecerles una narración oral transcrita por Indira Álvarez Cuadrado, colombiana, cartagenera, que vive como yo en Colonia y no es una desconcida para mis fieles lectores ya que la pudieron oír cantar en este mismo blog, en mi Concierto de Nochevieja del 31.12.2013 :

https://blogs.elespectador.com/ricardobada/2013/12/31/concierto-de-nochevieja/

Gracias, Indira. Y a ustedes, mis fieles lectores, les dejo ya con su cuento.

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El mundo al revés

 

La señora María partió en bus desde el Carmen de Bolívar, un dia que estaba decepcionada y aburrida de la vida, de su vida, de sus hijos perezosos, de no tener un compañero que la apoyara y con quien quejarse. Aburrida y decepcionada de ese pueblo de mala muerte donde nació, creció y donde siempre había vivido, donde siempre trabajó duro, donde siempre hizo lo correcto, donde cada domingo siempre fue a misa y de donde nunca en su vida había salido. Aburrida y decepciondada de ese pueblo de calles destapadas, sin alcantarillas, sin agua potable, de políticos corruptos, de guerrilla, de paramilitares y de calor sofocante.

María se fue sin tener un destino, se fue sin saber a dónde: ese día se levantó muy temprano, se bañó con totuma así como lo había hecho los últimos 60 años de su larga vida, se tomó un café Almendra Tropical y se fue caminando a la estación de buses cuando todavía no había amanecido.

Al llegar a la estación María subió al primer bus que encontró con puestos desocupados y buscó un asiento en el fondo. En el bolsillo de su falda llevaba algo de dinero, y en su pequeño bolso, su único equipaje, una botella de agua marca Brisa, su cédula de ciudadanía y una agenda sin una sola dirección ni un solo número telefónico.

María se acomodó como para hacer un largo viaje, deseando ver algo hermoso, ojalá un mundo distinto, en el cual ella pudiera ver la realidad como es y no la realidad torcida de este mundo cruel. Maria era bizca y creía que el mundo sería mejor si sus ojos no vieran todo desviado.

María hizo entonces algo que hacía muchísimos años no había hecho, que quizá nunca había hecho: durmió durmió y durmió y también soñó. En sus sueños el bus atravesaba un puente muy largo y al final del puente ella podía ver ese mundo en el que siempre le hubiera gustado vivir: en ese mundo María veía todo derecho y no al revés, sus hijos eran cariñosos y le ayudaban con las obligaciones de la casa, y ese marido que un día salió a trabajar y nunca regresó, abandonándola con tres hijos, regresaba cada día a casa y estaba siempre ahí cuando ella lo necesitaba. En ese mundo soñado de María la vida era de colores y no en blanco y negro. En ese mundo María quería vivir.

Se despertó después de más de 12 horas de sueño, sobresaltada por las sacudidas en el hombro por parte del conductor del bus, que le indicaba que habían llegado al destino final y que aún no había pagado el pasaje. María se desperezó lentamente, estiró sus brazos, tomó un poco de agua de su botella, se frotó los ojos y abrió la cortinilla de la ventana del bus. Entonces vio un letrero que decía „Bienvenidos a Medellín, ciudad pacífica“. María volvió a correr la cortinilla, se volvió a acomodar en su asiento y le dijo al conductor del bus: „Pago ida y regreso y por favor déjeme tranquila que quiero seguir soñando“.

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