Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

Bésame, bésame mucho…

Honestamente debo confesarles que hoy no sabía qué decirles. Tanto es así que me sentí tentado de resucitar ese viejo artículo que alguna vez hemos escrito todos los periodistas del mundo acerca de la ausencia de la inspiración y de que nos falta el tema del día. Pero pienso que es un recurso demasiado fácil. Hagamos como en el circo: Más difícil todavía.  

Les platico, pues, de la plétora de temas, de que el mundo está lleno de temas pidiendo a gritos que se los escriba. ¿Quieren que les ponga un ejemplo? Un ejemplo muy bueno podría ser el beso. Sí, el beso. El beso en un sentido no necesariamente amoroso, sencillamente como expresión de afecto o de saludo entre personas. Y aquí ya tenemos tela cortada para rato.

Porque resulta que Europa ha conseguido unificar su moneda, desde el 1 de enero de 2002 sólo pagamos en euros, desde Atenas a Helsinki, desde Lisboa a Viena. Pero ¡ay!, en cuanto uno cruza una de esas hoy dizque inexistentes fronteras, nos tropezamos con la perversa evidencia de que cada nación tiene su manera peculiar de saludar besándose.

Los españoles solemos hacerlo con dos besos, uno en cada mejilla de la persona a quien saludamos. Los ingleses, cuando besan, dan uno solo, con lo cual nos cuelgan a los bibesucones la fama de ser unos sentimentales, o algo peor, tanto si la persona bibesuqueada pertenece al sexo mal llamado débil, o “más pior” si pertenece al dizque sexo fuerte.

Pero los holandeses, en cambio, nadie lo pensaría de ellos, ¡tan nórdicos!, saludan dando tres besos, con lo que quienes acostumbramos a dar sólo dos, nos quedamos con cara de idiota y la cabeza alzada en el aire, después del segundo beso, mientras nuestra contraparte nos presenta otra vez la mejilla que ya había ofrecido en el primer ósculo.

Ay, qué complicada es la aritmética de aquello que el sapiente diccionario de doña María Moliner describe diciendo «aplicar los labios juntos a alguien o algo y separarlos dando un chasquido, lo que se hace como caricia o como saludo»: esa es la definición del acto de besar que nos transmitió doña María, los dioses la bendigan.

Menos mal que están los alemanes para redondear esta nota. Según leí alguna vez en la revista femenina Freundin (palabra que a pesar de cómo suena significa Amiga), los alemanes besan poco, poquísimo: un promedio de sólo tres veces al día. Lo cual, sólo tres veces al día como promedio, es muy poco desde el punto de vista médico, y ya saben ustedes lo serios que son los alemanes cuando se trata de datos científicos.

Porque según ese mismo punto de vista médico, los besucones apasionados viven un promedio de cinco años más que los que se niegan al besuqueo. Y se lo crean o no (pero son datos alemanes, empíricamente comprobados, así que peor para ustedes si no se lo creen), ello resulta ser muy negativo porque el beso, 1°: refuerza la actividad de 34 músculos faciales; 2°: estimula en el sistema inmunológico la secreción de opiáceos y anticuerpos; y 3°: por si todo lo dicho fuera poco, reduce la producción de una hormona estresante llamada cortisol que es la mera mera mamacita de las depresiones.

Desde ya les digo que cuando estos datos se popularicen hasta el punto de que ningún alemán se considere bien de salud si no ha besado al menos 18 veces al día (un incremento del 600% sobre los valores actuales), y conociendo el espíritu disciplinado y gregario de este pueblo dentro del cual sobrevivo, la canción destinada a conquistar el primer puesto de todos los hitparades del país es ese viejo bolero que ustedes tan bien conocen y que se titula «Bésame, bésame mucho»

‘*****************************************

Comentarios