Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

Antología de páginas inolvidables (16) : Eunice Odio

Continúo con mi antología de páginas inolvidables como las que ya les ofrecí de Liv Ullmann, Jorge Amado, Marcos Ana, José López Rubio, Juan Ramón Jiménez, Gottfried Benn, Luigi Pirandello, Rainer Maria Rilke, Álvaro Mutis, Arthur Miller y el poeta neerlandés J. B. Charles (seudónimo de Willem Hendrik Nagel), así como William Somerset Maugham, Tomás Segovia,  Franz Kafka y Oscar Wilde. Hoy se trata de un poema en prosa en forma de una carta que la gran poeta costarricense Eunice Odio (*18.10.1919), asimismo maestra formidable del género epistolar, le dirigió el 27 de enero de 1971 al dirigente sindicalista guatemalteco Carlos Pellecer. La rescato aquí con motivo del centenario de su nacimiento

*******************************

Carta de Eunice Odio a Carlos Pellecer 

Señor muy precioso, niño sapientísimo:

Hoy, que es La Hora de Junio, voy a regalarle varias cosas que me pertenecen: una gota de Sol; un azul que encontré en la calle; la segunda parte de una golondrina; el manto de un insecto del color del mundo; varios sueños diamantinos y multitudinarios. ¿Le gustan estos objetos celestes? ¿Los acepta? ¿Verdad que sí porque los sintió en los ojos desde antes que en su infancia apareciera la primera Luna redonda de marzo?

Y le doy más: un espejo en que se mira el cielo; una pátina de césped; un desplazamiento de mariposa; una cucharada de golondrinas de Chichén Itzá; un gran río que corre al compás de los marinos y los pescadores; un sonido tintineante de Raimundo Lulio; el corazón mío en el momento en que se alegró, porque lo miraban; una mirada verde que fue al aire y regresó al infinito; el sol del cielo y el del sonido: Le regalo el fondo de una perla dinosauria que es donde vamos a vivir y morir usted y yo, dentro de tres árboles de años. Le doy una florecita de árbol potente y dulce. Le doy la vida que ya no tienen sus abuelos y sus padres. Le regalo la sonrisa de una bisabuela suya que usted no conoció porque era ángela y árbola y se fue a la eternidad en un segundo, junto con sus trenzas de río y su perfil de escamas resplandecientes. Le regalo una espuma que vi un día que ya he perdido, pero que podemos recobrar a la vuelta de cualquier año bisiesto y poderoso. Le doy mi amor, fugitivo de los bosques; le cedo la mitad de una criatura que no puede morir y que anda en la Tierra, dirigida por el aire; le doy un caballo que se soñó; un rocío que se alejó del tiempo y del espacio para ser inmemorial; mi cabeza desatada por el viento; mi alma vestida de cereza y con un gran afán de aventura;: le regalo una calle de abril; un santo que se deshizo en el viento; un niño que se construyó, ojo por ojo y diente, cada vez que lo nacieron; un duende que venía cuando iba, porque no le temía al milagro; le regalo un vaso lleno de mariposas que no duermen jamás y que siempre andan en manojos de árboles; una mujer que se perdió de súbito porque el aire la quería y la miraban los cedros masculinos; y también le regalo una mujer hallada en el fuego, a quien nadie pudo entender. Le doy el suelo donde se juntan muchas flores irisadas y desnudas, tal como Dios las trajo al mundo; una mano tendida en medio del mar y usted.

Reciba, Maestro, mis dádivas sin fin. Lo ama profundamente,

Eunice Odio

PD.– Se me había olvidado regalarle todo el horizonte y sus consecuencias.

29 de junio de 1971, México.

************************************************

Comentarios