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Charlie: los sobrevivientes no dejan de burlarse

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Seis y media de la mañana. Los parisinos que habían hecho el esfuerzo de levantarse media hora antes para tener el tiempo de pasar por el kiosco se encontraban primero con largas filas – siempre hay alguien más madrugador- que de todas maneras desembocaban en un vendedor que ya pegaba su afiche « No hay más Charlie ».

« Recibo diez que me duran toda la semana. Hoy me han traído dos veces cincuenta » me dice Farid, vendedor a la salida del metro Pernety, que es el que más cerca me queda de la casa. La escena se repite en cada kiosco y cada papelería del barrio. Las personas que salen dirigen una sonrisa resignada a quienes van llegando, a pie o en bicicleta, que entonces dan media vuelta. Por una vez, basta el gesto para comunicarse. A pesar del frío y de que no acaba de amanecer.

Yaung, que atiende un puesto de revistas en la Avenue du Maine dice que unos cuarenta lectores le han pagado el número por anticipado, pero que no los guardará después de las nueve. « Prefiero devolver la plata y dárselos a lo que hacen hoy el esfuerzo ».
A falta de Charlie, los lectores compran su diario hermano el Canard Enchainé, otro semanario satírico que también incluía en su nómina a Cabú y que también ha recibido amenazas. A partir de las ocho ya no hay Charlie ni Canard. Los clientes se llevan ejemplares de Libération o Marianne, que reprodujeron en sus portadas la ya icónica imagen de Mahoma llorando sosteniendo el letrero de « Je Suis Charlie ». La misma situación se vive en Marsella y Toulouse. En Lille y en Estrasburgo.

A las diez de la mañana más de mil números de la « edición de los sobrevivientes » están en venta en e-bay por precios que van desde los 200 hasta los 2000 euros. Entonces por fin alguien de las Mensajerías Lionesas de Prensa, que distribuyen la publicación, decide dar explicaciones por teléfono: como era imposible distribuir en una sola ronda los cinco millones de ejemplares, una parte de los cuales aún está a es ahora en proceso de impresión, los kioscos seguirán recibiendo Charlie cada día durante dos semanas.

La circulación de esta edición de Charlie se constituye en un récord absoluto en la historia de la prensa escrita en Francia al doblar los dos millones y medio de ejemplares del diario deportivo L’Équipe luego de que la selección francesa de fútbol ganara la Copa Mundo y triplicar de lejos el millón y medio de periódicos que tiró Le Monde tras la victoria de François Mitterrand en las elecciones presidenciales.

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Sigue la payasada…

Como lo habían prometido los sobrevivientes de la masacre, la edición “hecha entre las lágrimas” está lejos de ser un número necrológico; al contrario, Charb, Cabu, Wolinsky, Honoré y Tignous se sienten vivos en cada página y el humor de Charlie no ha desaparecido. En una crónica dibujada , Luz hace el balance de la manifestación del sábado: entre los pros: ver a su viejo amigo el cantante Renaud y recibir algo de hierba como muestra de solidaridad. Entre los contras, tenerle que darle la mano al ministro del interior Manuel Valls , escuchar el himno nacional (ellos , que de patriotas poco) y … el hecho de que la marcha fuera la consecuencia de la muerte de la mitad de la Redacción.

WOLINSKI

En otra de las tiras cómicas, la psicóloga Elsa Kayat quien murió en el atentado, sienta en su diván a un islamista y le pregunta si perdonó a la perrita cocker del periódico porque al ver sus pelos largos y grandes orejas pensó en el sexo de su madre. La columna de Jean-Yves Camus se ataca a Thierry Meyssan del sitio   Réseau Voltaire   y demás “carroñeros del complot” que se han dedicado a difundir supuestas conspiraciones sobre la masacre. En tono serio, es decir, burlándose, el jefe de redacción Gerard Biard, hacía un llamado al laicismo como herramienta contra el racismo y la exclusión y señalaba que la próxima vez sólo aceptaría que las campanas de Notre Dame sonaran por sus muertos, si las que tiraban las cuerdas eran sus “camaradas” de Femen.

El semanario no dejó por fuera sus críticas cinematográficas, las caricaturas libertinas de Wolinsky ni la sección “Las portadas de las que se salvaron” en la que publican las imágenes que fueron descartadas. En una de ellas señalan que para ser dibujante de Charlie Hebdo se necesitan venticinco años de trabajo y para ser terrorista venticinco segundos, por lo que esta es una profesión “de vagos y pajuelos”.

En otra, la muerte lee el más reciente número de Charlie y, muerta de risa, decide suscribirse.

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