Cuando estamos a horas de la votación del próximo domingo, muchos (¿cuántos?) de los votantes
que no son militantes, que son independientes de la dinámica partidista, dudan de sí votar en
blanco o por Abelardo o por Cepeda. La razón principal de su incertidumbre, está en su falta de
confianza respecto a los dos candidatos.
En el caso de Cepeda y con la experiencia que se tuvo con Petro hace cuatro años, muchos temen
que una cosa son sus planteamientos, dirigidos primordialmente a su militancia, alineados con las
propuestas del Pacto Histórico. Y otros los que planteando afanosamente, luego de los resultados
de la primera vuelta y el triunfo de Abelardo, que los sorprendió. Cepeda salió a hacer lo que no
había hecho durante la campaña: ir más allá del voto petrista, que tiene asegurado, para atraer
votación independiente del centro, un espacio de opinión difícil de definir porque se reconfigura
como alternativa, a partir de las posiciones que en un momento o circunstancia dada, asumen las
fuerzas situadas tanto a la derecha como a la izquierda del escenario político.
El otro candidato es Abelardo, con un perfil opuesto a Cepeda; es un reconocido abogado
penalista que proviene del mundo. Aunque no se había desempeñado en el escenario político, lo
conoce y lo entiende bien. Llega sin un respaldo explícito de partidos y organizaciones políticas,
que él rechaza; tiene dinero para no depender de nadie, y adelantó una campaña personal e
impactante, plena de plata y creatividad. Su discurso es sencillo y frentero, sin ambigüedades,
cargado de emocionalidad con un fuerte contenido antipolítico y antisistema que le llega a la
gente, pues muchos, especialmente de los sectores medios y populares, reclaman lo que Petro les
prometió e incumplió; creen que Abelardo sí les cumplirá. El representa autoridad en un país
amenazado y desorientado. Retomando el lema del estado chileno, dice que la impondrá “por la
razón o por la fuerza”. Suspenderá la política de paz total de Petro e impulsará el sometimiento a
la justicia de los violentos, como el camino seguro a una paz duradera. Propone una política de
liberación económica y de reorganización de las políticas públicas, para reducir el tamaño del
Estado, desburocratizándolo y reorganizando su funcionamiento; diría que busca no es un menor
Estado sino un mejor Estado, más eficiente en el cumplimiento de sus tareas. En el campo
internacional, mantendría e inclusive acentuaría el alineamiento con Estados Unidos.
Tiene una característica que le admiro y es que tranquilamente reconoce que “no se las sabe
todas” y que el Vicepresidente, por su perfil y experiencia, tendrá amplias funciones ejecutivas;
aunque no lo dice, las entiendo como funciones y responsabilidades de un primer ministro. No en
vano, se está oyendo, vote por Abelardo y elija a Restrepo. Tendremos el domingo unas elecciones
con muchas expectativas e incertidumbre. Que le vaya bien a Colombia.