Entrevista al aspirante a la Contraloría General de la República que obtuvo el primer lugar en el concurso de méritos para el cargo (prueba de conocimientos, evaluación de hoja de vida y entrevista ante Comisión Accidental del Congreso).
Frases de Luis Enrique Abadía García en esta entrevista:
- “Reglas conocidas de antemano y aplicadas por igual. Eso protege tanto a quien gobierna como a quien ejerce oposición”.
- “Tengo un perfil de vicecontralor en mente, no un nombre”.
- “El control en tiempo real no es leer papeles más rápido. Es seguir el dinero”.
- “El daño fiscal casi nunca empieza en el robo o el desgreño administrativo. Empieza antes”.
- “El control fiscal debe llegar a cada municipio sin multiplicar la nómina”.
Luis Enrique Abadía García nació en Juradó, Chocó. Trabajó desde niño en la pesca y las ventas ambulantes; la violencia sacó a su familia del pueblo.
Se hizo abogado en la Universidad Tecnológica del Chocó con un crédito del Icetex.
Hoy es doctor en Derecho, y además cuenta con cuatro maestrías, seis especializaciones, y ha sido profesor universitario por más de dieciocho años.
Lleva más de veintiún años en el servicio público y conoce el control fiscal desde adentro: fue contralor delegado y director de Despacho en la Contraloría General, así como Gerente de la Auditoría General de la República en Medellín.
Ocupó el primer lugar en el concurso de méritos para la elección de Contralor General.
¿Qué garantías les ofrece al gobierno y a la oposición sobre su neutralidad política?
Ofrezco independencia y ecuanimidad. Ofrezco total garantía de un control fiscal transparente y responsable, ese que no se construye contra nadie sino con todos y por el bien del país.
Pero la independencia e imparcialidad se demuestran: por eso publicaremos los criterios técnicos con los que se decide qué se audita, antes de auditar. Y cada decisión quedará documentada y verificable.
Reglas conocidas de antemano y aplicadas por igual. Eso protege tanto a quien gobierna como a quien ejerce la oposición.
La elección del vicecontralor suele ser una señal que esperan el Congreso, el Gobierno y la opinión. ¿Tiene un perfil de vicecontralor?
Tengo un perfil, no un nombre. Escucharé a quien quiera aportar ideas, pero el criterio que decide será la capacidad técnica.
Busco conocimiento profundo del control fiscal y a alguien capaz de sostener una posición contraria a la mía. Un contrapeso, no un eco.
Es un cargo de gestión: quien llegue responderá por resultados medibles, igual que yo.
Y creo que el mejor mensaje que puede dar un nombramiento es que la persona esté a la altura del cargo.
Frente a la corrupción, ¿es posible el «control fiscal en tiempo real»?
Sí, y ya empezó: la reforma constitucional contenida en el Acto Legislativo 04 de 2019 otorgó a la contraloría la facultad del control preventivo y concomitante, la cual permite la realización de los seguimientos permanentes a la ejecución de los recursos públicos, lo que, llevado a un nivel superior de optimización, permite anticipar los riesgos de pérdida de recursos públicos, ya sea por corrupción o ineficiencia administrativa.
El control en tiempo real no es leer papeles más rápido. Es seguir el dinero: desde que sale del presupuesto hasta que llega, o no llega, a la obra bien o servicio que se persigue.
Y ese dinero no se detiene en la frontera. Me reuniré próximamente con el congresista Gregory Meeks, quien presidió el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara en Estados Unidos: hablaremos de cooperación internacional para la recuperación de activos de responsables fiscales y del Pacífico.
Se propone recurrentemente eliminar las contralorías territoriales. ¿Qué opina?
Se ha planteado la existencia de duplicidades funcionales y dispersión de competencias. Comparto la necesidad de fortalecer el control fiscal en los territorios, el control fiscal debe llegar a cada municipio sin multiplicar la nómina.
Es un debate que tendrá que abordarse desde las instancias concernidas, de cara a la ciudadanía; es un tema álgido, con múltiples miradas, cuya decisión de fondo corresponde al Congreso, no al contralor.
Me comprometo a acompañar de manera técnica un debate transparente que arroje el mayor consenso y las mejores conclusiones y decisiones para el país.
Creo que la contraloría debe liderar con el ejemplo en materia de austeridad y eficiencia en el gasto público, contribuyendo a la estabilidad fiscal del país por la vía de los ahorros.
También considero debe propenderse por un control fiscal musculoso, ojo, no adiposo, ágil y competente para cumplir cabalmente su misionalidad.
La planta de personal de la Contraloría General de la República ha crecido notablemente. ¿Con qué criterios manejará la planta? ¿Y si por ajuste fiscal hay que recortarla?
Con dos criterios: carga real de trabajo y riesgo fiscal. Ni presión política ni conveniencia.
Si llega un ajuste, primero se ajusta lo que no toca la capacidad de vigilar. Modernizar no es despedir: el criterio del auditor es el activo que hay que proteger, no el que hay que recortar.
Y cambiemos la pregunta. El tamaño no se decide en abstracto, sino contra una medida: qué porción del gasto público alcanzamos a vigilar de verdad. Si el Estado crece y el control no, la cobertura cae, aunque la nómina siga igual.
¿Cuáles son sus dos principales aprendizajes de su experiencia en la Contraloría General de la República?
El primero: el daño fiscal casi nunca empieza en el robo o el desgreño administrativo. Empieza antes, en un estudio previo mal hecho o en una obra mal planeada. Por eso insisto en la prevención.
El segundo tiene dos caras. La lentitud es la forma más silenciosa de impunidad; pero también castiga al investigado que termina siendo inocente. Una medida cautelar mal puesta puede arruinar a una familia honesta.
Por eso hablo de rapidez con garantías. Detrás de cada expediente hay una comunidad esperando algo que no llegó — y también una persona esperando decisiones justas fruto del debido proceso.
¿Se preparó mucho para obtener el primer lugar en la prueba académica?
Me preparé veintiún años. El examen duró unas horas; el estudio, media vida.
Para los que venimos del Pacífico y en general de la periferia del país, la educación es la mejor y muchas veces la única vía que tenemos para lograr las oportunidades.
Al que no tiene padrino solo le queda el estudio. Salí del pueblo por la violencia, trabajé desde niño y me gradué de abogado con un crédito del Icetex.
Después vinieron los posgrados hasta graduarme del doctorado y más de dieciocho años como profesor universitario. Nada de eso lo hice pensando en un concurso.
Pero cuando llegó, estaba listo. Eso hace la meritocracia cuando funciona: premia lo que uno construyó en silencio.
Fundación Color de Colombia
La Fundación Color de Colombia fue creada en 2006. Nuestra misión es promover el reconocimiento, la movilidad social y la integración de la población afrocolombiana en la sociedad y el desarrollo sostenible.
Tenemos tres líneas de trabajo estratégicas: 1) Reconocimiento, cultura e integración (en la nación colombiana); 2) Educación de calidad y equidad (desde primera infancia); y 3) Empoderamiento económico y calidad de vida.
Ayudamos a cuidar un legado de más de 200 años, que viene desde antes de los protagonistas negros y mulatos (“de color”, como se decía oficialmente en la época) de la guerra de independencia de Colombia y recorre dos siglos largos contribuyendo a construir este país.
Nos sentimos herederos de la experiencia de los colombianos negros en la modernidad nacional.
Cuando la colombianidad se gestó, los descendientes de africanos ya estaban aquí y ayudaron a crear la nueva nación, que se convirtió en nuestra patria, a la que amamos tanto, así no hayamos recibido el trato debido (nuestra relación emocional con Colombia).
Con Martin Luther King en “Yo tengo un sueño”, creemos en el ideal de “una nación donde no se juzgue por el color de la piel, sino por el contenido del carácter”. Así, no creemos que el color de la piel defina la esencia de las personas.
Con Nelson Mandela, creemos en el ideal de una “sociedad democrática y libre, en armonía racial y con igualdad de oportunidades”.
Tenemos el ideal de una Colombia desarrollada capitalista con amplias clases medias negras integradas a la sociedad y al poder (en sus distintas dimensiones), por mérito igualitario.
Creemos en la modernidad con diversidad, no en la diversidad sin modernidad.
Creemos en una doble conciencia, de colombianos y racial/étnica, en ese orden y con pluralismo.
Creemos en la corresponsabilidad individual, familiar y colectiva, en ese orden y con esfuerzo.
Nuestra estrategia es prestar servicios al “décimo talentoso” a cambio del compromiso de servir con eficacia y alto impacto a la mayoría de la población afrocolombiana y al país.
En suma, representamos la otra visión de la cuestión afrocolombiana, no la que es más conocida, pero sí la más antigua, de siglos.
En 2026 cumpliremos 20 años de sostener una antorcha que también sostuvo el Gran Almirante de la Nación, José Padilla, zambo o mulato héroe naval de la guerra de independencia contra la Corona española.