Nuestro Presidente, se estrena en el sector público – la presidencia es el primer cargo público que
desempeña -. El busca, y con razón, y en eso lo acompaña la inmensa mayoría de los colombianos,
romper el esquema centralista que en la práctica prevalece, desarrollando plenamente lo
establecido en la Constitución del 91, de un estado central, no federal, construido a partir de las
regiones que lo conforman, con sus particularidades, posibilidades y necesidades específicas. El
Estado organizado según la Constitución, es expresión política del fortalecimiento de su presencia
y de su acción en las regiones, conforme lo ordena la Carta. Esa es la condición necesaria para que
los recursos limitados del Estado, el nacional y los regionales, puedan efectivamente hacer avanzar
las condiciones y calidad de vida de los colombianos, que habitan territorios concretos con
necesidades igualmente concretas, facilitando y complementando las acciones e iniciativas
empresariales y ciudadanas que allí se plantean y realizan. Los territorios, regionalmente
definidos, son los espacios para que el desarrollo en sus diferentes dimensiones, no solamente
económico, pueda darse por la conjunción y coordinación entre los esfuerzos y recursos del sector
privado empresarial, de las iniciativas y recursos de las comunidades y sus organizaciones y de los
gobiernos territoriales con sus políticas, iniciativas y recursos. Compartir objetivos y políticas y
aunar iniciativas, esfuerzos y recursos, no solo económicos, públicos y privados, regionales y
nacionales, es el camino para un desarrollo integral generador de riqueza y bienestar, respetando
los derechos de unos y otros, incluyendo los de la naturaleza, de la cual hacemos parte y con la
cual debemos avanzar en una perspectiva de complementación y no de confrontación y
explotación sin medida. Alcanzar ese equilibrio, es la nueva dimensión, sentido y alcance de un
desarrollo integral, con perspectiva histórica y no meramente coyuntural.
Parecería que Abelardo esté mirando en esa dirección, que podría definir el perfil de su
administración. El camino está trazado, el país en general lo respaldaría y apoyaría; los políticos
ven posibilidades para sus electores que viven y esperan en esas regiones. Bogotá tiene que
entender la realidad nacional y adaptarse a ella. Seguirá siendo la capital, con los beneficios que
naturalmente brinda su condición pero entendiendo que su condición de capital no puede ser una
fuente de privilegios sino de posibilidades para ejercer un liderazgo en nombre de los colombianos
todos y de sus regiones, como le corresponde. Un liderazgo de convocatoria y de resaltar lo que
nos une y que avanzamos si ponemos el rumbo hacia ese objetivo común, con el cual debe
complementarse los objetivos regionales específicos que se complementan con el nacional, sin
pretender ignorarlo; hacerlo traería finalmente pérdidas y no ganancias, a quien lo haga.