Reencuadres

Publicado el Manuel J Bolívar

¿Usted come PIB?

En enero se realizó el Hay Festival de Cartagena. Aunque el tema central no era el COVID, fue una oportunidad para recibir de parte de los invitados un informe del estado del mundo. Participaron escritores de novelas, filosofía, política, ética, economía, canciones. Entre ellos sobresalió Esther Duflo, premio Nobel de Economía 2019, cuya primera frase fue lapidaria: 

—Nadie come PIB.

El Producto Interno Bruto (PIB) es lo que produce y vende un país en un año. Los economistas predicen su incremento y luego explican por qué no acertaron; los políticos sacan pecho o responsabilizan al gobierno anterior, según cómo haya sido el resultado. Es el indicador de crecimiento económico por el cual compiten los países ante los ojos del FMI, Banco Mundial y la OCDE (la excepción es Bután, que optó por medir el FIB —Felicidad Interna Bruta. Por desgracia ningún otro país lo ha imitado). Si su valor es negativo durante tres trimestres continuos, se declara una recesión. Y eso genera pánico en todos los agentes económicos: las bolsas de valores sucumben, los empresarios dejan de invertir, el populismo aflora, el empleo cae y surge la inconformidad social. 

Sin embargo, la tasa de crecimiento económico reflejado por el PIB no mide el bienestar. Este es uno de los planteamientos más inesperados de la doctora Duflo: debería abandonarse este indicador. No solo no mide el bienestar y la felicidad, sino que no existe prueba alguna de la existencia de la fórmula que lo garantice.

Hay tantos caminos para elevar el PIB como países que lo logran. Obviamente ha sido imposible un consenso entre los economistas sobre la fórmula. Han hecho todas las combinaciones posibles (impuestos bajos, mano de obra barata, innovación tecnológica, acuerdos comerciales), han estudiado la historia de cada país, han diseñado modelos en sus laboratorios. Ninguno ha dado con una respuesta universal. Es el quebradero de cabeza del mundo. En lo indeseable si se han puesto de acuerdo: hiperinflación, tasa de cambio regulada y economía socialista en cualquiera de sus versiones (china, rusa, venezolana, cubana).

Duflo, junto con Abhijit V. Banerjee, su pareja en el premio y en el hogar, proponen que es más práctico pensar en términos de bienestar. Entre otras porque se simplifica su medición y son más claras las formas para impulsarlo. Por ejemplo, ampliar la cobertura y la calidad de la educación y la salud pública, disponer de sistemas de jubilación tempranos y dignos, tener una justicia pronta, contar con un trabajo que eleve la autoestima y garantice la sobrevivencia, vivir cerca de los seres queridos, disfrutar el arte, el deporte y el ocio, caminar por los santuarios naturales con libertad y sin miedo. Poder perseguir los sueños. Por ninguna parte aparece pasar más tiempo en la oficina. Algunos países alcanzan altos niveles de PIB y no mejoran el bienestar de la gente; y otros que sin mediar un crecimiento notable logran para sus pueblos mejores condiciones de vida. Un PIB alto por sí mismo no garantiza nada. Porque el bienestar depende fundamentalmente de decisiones políticas, de una mejor asignación de recursos.

Asimismo, prueban la infamia de la estrategia del goteo o  «teoría del caballo y el gorrión» que la derecha política local y mundial defienden: si alimentas el caballo con suficiente avena, una parte caerá en el camino para los gorriones. Lo llaman neoliberalismo: dejar que los ricos incrementen libremente sus fortunas que tarde o temprano los pobres recibirán algo. Colombia, como se sabe, es uno de los países más inequitativos del mundo; casi el 65 % de su fuerza de trabajo es informal y cerca del 45 % gana un salario mínimo o menos. La pandemia ha agravado este fenómeno. Ha habido, por supuesto, avances, pero las promesas y las expectativas los superan.  

Otra creencia popular desmentida por estos autores con datos en la mano, defendida igualmente por la derecha: que las exenciones y la rebaja de impuestos impulsan el crecimiento. Falso.

Si lo anterior fuera poco, es evidente que el desarrollo tal y como hoy está concebido está volviendo inhóspito el planeta. Duflo y Banerjee hacen referencia a la regla del 50-10. Un 10 % de la población del mundo genera aproximadamente el 50 % de las emisiones, mientras que el 50 % por ciento que contamina menos solo aporta algo más del 10 %. Hay una estrecha relación entre ingresos altos y emisiones de carbono. Se estima que cuando los ingresos de una persona aumentan en un 10 %, sus emisiones de CO2 lo hacen en un 9 %. 

Por ello, otros economistas promueven el decrecimiento económico. ¡Menos PIB! Productos más duraderos y reparables; menos consumo innecesario, una vida sencilla y austera; menos trabajo y más afectos y contemplación. ¿Como Bután? Sin embargo, el confinamiento del 2020 parece indicar que si se detiene esta máquina de producción, hiperconsumo y despilfarro, las sociedades naufragan.

¿Qué hacer? Perniciosos tanto el alto como el bajo crecimiento. Estamos ante un quiebre desproporcionado. Nada, por supuesto, que preocupe excesivamente a la humanidad. Lo cierto es  que no se solucionará solo y sin esfuerzo. 

 

Nota

Para los interesados en el pensamiento de Esther Duflo y Abhijit V. Banerjee, sus libros son: Repensar la pobreza y Buena economía para tiempos difíciles.

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