Putamente libre - Feminismo Artesanal

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Mi vida en pandemia

 

Hace muchísimo tiempo dejé de creer en el positivismo estandarizado que nos venden a través de millones de libros de autoayuda y conferencias dictadas por coach, donde ya sabemos que la fórmula siempre es exactamente la misma, expuesta de modos diferentes. Como bien dijo el actor colombiano Diego Trujillo: “Hay un coach en cada media cuadra”, y yo me atrevo a decir, que aplica para todo el planeta. Respeto a quienes se dedican a eso y no voy a empezar a discutir en círculos con quienes consideran que existe una forma mágica para la felicidad y que esa felicidad radica exclusivamente en el pensamiento positivo. Y entonces, si nos va mal es culpa nuestra porque no tenemos suficiente pensamiento positivo; si se nos acaban las fuerzas y lo decimos, no somos excelentes líderes factor de cambio por atrevernos a reconocer nuestra vulnerabilidad y nuestra humanidad. No nos esforzamos lo suficiente y en ese sentido, somos mediocres y merecemos cada desgracia que la vida nos atraviesa.

Soy y he sido toda mi vida una mujer de lágrimas flojas, esas lágrimas que se me salen como cántaros de manantiales de aguas indomables, cada vez que simplemente las emociones brotan en mi piel. No he tenido miedo a llorar, no he tenido miedo a verme débil, o de carácter frágil. No he tenido miedo a ninguno de mis demonios. A perder un público, a desilusionarles con toda mi humanidad, no he tenido miedo porque simplemente estoy convencida que nos hace muchísima falta en esta vida la habilidad de no reprimir nuestra vulnerabilidad para posar de una supuesta fuerza extraordinaria; yo estoy convencida que nuestra debilidad es nuestra mayor fortaleza ya que, desde ahí salen nuestras mejores propuestas de supervivencia en el infierno. Y ya nadie podrá convencerme de lo contrario.

En esta pandemia, simplemente perdí ese ímpetu que me caracteriza para ver todo de una manera proactiva. Los primeros días la angustia existencial fue muy fuerte porque sabía lo que venía a nivel económico, a nivel social y político, usando de excusa una realidad extremadamente aterradora como lo es esta pandemia. Con los días he confirmado mis terribles sospechas, las declaraciones del procurador Fernando Carrillo me han dado toda la razón y aun cuando el presidente decidió alargar sensatamente la cuarentena, esto de ninguna manera nos libera de la catástrofe de la corrupción en la que está sumida toda la ciudadanía en plena pandemia. A quienes repiten una y otra vez que esto es algo que nos está afectando a todas las personas por igual, no me cansaré de repetirles que eso no es cierto. Que es algo que nos está asechando a todas las personas, pero por igual no, que no estamos en igualdad de condiciones para enfrentarnos al coronavirus.

Agregado a esto, me resulta imposible no traer a colación el hecho de que hace años el planeta entero está en pandemia de violencia machista y feminicidios. En época de cuarentena como era de esperarse, han aumentado los índices de violencia de género, violencia machista, abusos a menores y, maltrato intrafamiliar. Hasta el maltrato y abandono animal aumentó.

OPINANDO EN PANDEMIA

La pandemia ha sacado lo peor de cada quien. También cabe resaltar que en algunas personas ha sacado lo mejor; es evidente que esta pandemia lo que ha hecho es demostrarnos quiénes somos, y ha hecho que nos encontremos con nuestras propias realidades. En pandemia no hemos podido huir de nosotras mismas, ni de nosotros, ni con música, ni con exceso de trabajo, o sobre actividad lúdica, ni siquiera “haciendo nada”. Tenemos miedo y eso es una realidad.

No importa cuántos discursos sobre estrategias y métodos para ejercitar el optimismo o de poder mental ahora sean parte del bagaje de información que debamos consumir, lo real es que unas personas más, otras menos, tenemos miedo.

La salud mental de muchas personas está a la deriva, los escalofríos, la ansiedad… han sido pan de cada día de muchas personas. Actualmente, desde Feminismo Artesanal, he atendido a decenas de mujeres con casos diferentes, desde asuntos de ansiedad, pasando por asuntos de violencia intrafamiliar, dándoles apoyo hasta donde puedo y como puedo, y a ninguna le he dicho que estoy bien, porque estoy absolutamente segura que en este momento nadie puede decir que está bien, aunque, algunas personas estén menos peor que otras, y otras, estén muchísimo mejor. Ninguna puede decir que está bien.

La realidad de clase hoy más que nunca es evidente, ver como un joven afrodescendiente pide auxilio para Tumaco, porque el hospital no está apto para atender a sus enfermos, y porque tienen que viajar cinco (5) horas para encontrar un hospital decente, me parte el alma, no solo por Tumaco, sino por todos y cada uno de los sectores en Colombia que viven esta realidad. Cinco (5) horas de viaje, la posibilidad de que alguien llegue a tiempo disminuye.

¿Qué les puedo decir?, el feminismo es transversal a toda realidad y como feminista no puedo quedarme callada frente a esto, solamente puedo decirles que este es el momento de un nuevo orden mundial, que indiscutiblemente este nuevo orden mundial no debe ser impuesto por los de arriba y no hablo del estrato 5 y 6, que simplemente es gente que tiene modo, pero no son los dueños de los países. Sabemos que los dueños del planeta escasamente llegan a ser el 1% de las ciudadanías, a ellos me refiero, a ellos, que están pensando por sobre todas las cosas en salvar la banca, antes de salvar a las personas. No deja de angustiarme la idea de que los bancos no están ayudando, que simplemente están encontrando una oportunidad para endeudar más a las personas con microcréditos y créditos, según ellos, fáciles, cuando sabemos que tomará muchísimo tiempo para que un negocio estándar se recupere de este tiempo, que los empresarios más importantes de Colombia están haciendo donaciones que absolutamente nadie más puede hacer y que solo se puede agradecer si esto no implica que tengamos que devolverles el favor con reducción de impuestos, si un multimillonario hace una donación que hay que devolverle con disminución en impuestos eso no es una donación es un préstamo.

Este es el momento coyuntural para el humanismo, está demás decirles que tiene que ser un humanismo con perspectiva de género y enfoque diferencial, un humanismo con ética y filosofía feminista. También es el momento de una real evolución filosófica e intelectual, es el momento del pensamiento llevado a la acción, es el momento para que las mujeres tomemos lo que nos corresponda para ocupar el lugar indicado justo en este momento de la historia de la humanidad. Y hoy más que nunca y menos que mañana tenemos las mujeres que asumirnos como putamente libres y ejercer poder sobre nosotras mismas. Mi invitación es a que las mujeres no dejen de denunciar la violencia de género, y si tienen que hacer uso de su derecho legítimo a la defensa personal, que lo hagan.

Mi invitación es que hagamos algo por quien podamos, es lo único que podemos hacer mientras tanto, también invito a dejar que esta ansiedad, que estos nervios, y este miedo, broten de forma natural sin permitirles que puedan tomar el control de nuestra razón. Este es el tiempo en el que tendremos que aprender a ser sentipensantes, solamente quienes aprendamos a sentir pensando y a pensar sintiendo en simultánea vamos a sobrevivir a este momento histórico de la humanidad y vamos a lograr mejorar las situaciones.

Lamento no poder tener alguna fórmula mágica, en esta humanidad postmodernista de inmediatismo y de pensamiento líquido, como bien lo teorizó Zygmunt Bauman, en este tiempo donde la paciencia no ha sido la virtud mayor cultivada. Solamente puedo decirles que me comprometo a estar aquí con todas y todos desde la desesperanza contra desesperanza hasta encontrar el camino.

Que debemos vivir diariamente como un milagro encontrando soluciones paliativas, resolviendo cada día lo que podamos. Todo pasa, el futuro nos traerá las respuestas. Esta situación ha sido útil para reencontramos con nuestra humanidad, para que aprendiéramos todas las cosas que nos hemos negado aprender por las razones que sea.

Solo resta que el presidente escuche a Zulma Cucunuba, investigadora del centro para el análisis de infecciones globales del Imperial Collage de Londres, que ha dicho que prolongar la cuarentena sirve para prepararse para lo que viene ya que esto apenas está empezando en Colombia. Por qué solo así entenderá que la cuarentena debe prolongarse las veces que sean necesarias hasta encontrar la certeza de un método razonable para retomar el camino, fundamental también es que la ciudadanía en general más allá de todas las necesidades y dificultades comprenda que esto no ha sido un capricho que esto se trata de evitar el mayor número de muertes y contagios.

Un abrazo fuerte, muy fuerte, de esos que se hace de corazón a corazón, desde la virtualidad como siempre; desde lo intangible, como una resistencia real.

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