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Publicado el Paula Castillo Lenis

¿Por qué los gobernantes deben trabajar por su felicidad?

Los gobernantes deben trabajar por su felicidad
Si el dinero no da felicidad, y la fama, que para algunos es tan relevante, tampoco da felicidad, entonces ¿cuál es la respuesta?

La felicidad es esa satisfacción que se cuela por una puerta que no sabías si quiera que existía. No se debe comparar con la alegría porque no es un placer momentáneo, ni tampoco es una moda, la felicidad es un término que está en la agenda de la sociedad. Los seres humanos a diario se preocupan por ser felices, pero la pregunta es ¿qué los hace felices? Esa es la gran incógnita que ha intentado ser resuelta en los más de 160 estudios mundiales sobre la felicidad y en unos 4.000 libros que se han escrito acerca del tema.

Robert Waldinger, doctor en Psiquiatría de la Escuela de Medicina de Harvard, le preguntó a sus estudiantes qué esperan en la vida para alcanzar la felicidad. La respuesta fue abrumadora, pues un 80% de los jóvenes contestaron que el dinero. Sin embargo, un estudio realizado sobre el tema hecho por la misma universidad asegura que la plata no da felicidad porque con ésta no se puede comprar una vida sana y plena.

La felicidad debe ser un estado emocional permanente. Es tanto el auge que ha tomado el tema en los últimos tiempos que ya los filósofos no son los únicos que intentan descifrarla, también lo hacen los científicos, los psicólogos, los economistas y hasta los gobernantes. La sociedad actual tiene afán de hallar o mantener la felicidad y no dejar que se escape como agua entre las manos. Entonces ¿cuál es la clave de la felicidad?

Si el dinero no da felicidad, y la fama, que para algunos es tan relevante, tampoco da felicidad, entonces ¿cuál es la respuesta? La clave está en construir relaciones humanas saludables en todo sentido: con los amigos, con los hijos, con los padres, con los vecinos, con la comunidad y por supuesto con el Estado. En este último caso, la felicidad se puede lograr entablando lazos sólidos entre ciudadanos y gobernantes y procurar porque esa comunicación sea notoria no solo en el discurso sino también en los hechos.

Así las cosas, un ciudadano del común puede alcanzar la felicidad si va por la calle y nota que el comportamiento ciudadano es amigable y respetuoso; cuando sale del trabajo y llega a tiempo a su casa para compartir momentos inolvidables con su familia; cuando ve que la infraestructura de la ciudad le brinda la posibilidad de movilizarse, de educarse, de cuidar su salud, y hasta de divertirse.

Buscar la felicidad de los ciudadanos es un reto de los gobernantes, tan o más importante que lograr un desarrollo económico. El tema es de tal relevancia que en Estados Unidos discuten que en la Constitución quede consagrado como objetivo primordial la felicidad; y en países como Brasil y Japón también se ha propuesto modificar la Carta Magna por el derecho a ser felices.

Medir la felicidad no es una preocupación actual, Jigme Singye Wangchuck, rey de Bután, en 1972 propuso crear un indicador para medir la calidad de vida bajo términos más psicológicos que el Producto Interno Bruto (PIB), y de ahí surgió el término de la Felicidad Interna Bruta (FIB), que fue planteada bajo cuatro pilares: promoción del desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, preservación y promoción de valores culturales, conservación del medio ambiente y establecimiento de un buen gobierno.

Según Jigme Singye Wangchuck, la medición se considera bajo nueve preceptos: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno. De acuerdo con este esquema, un gobernante podría deducir qué tan feliz o qué tan satisfecha está la sociedad con base en la manera en cómo gestiona el Estado estos puntos clave.

Investigaciones acerca de la felicidad en el mundo apuntan a que en un 50% el hábito de ser feliz se puede enseñar. Tal conclusión ha sido tan poderosa que importantes universidades en el mundo tienen cátedras de felicidad, como Harvard en Estados Unidos. En Colombia, por ejemplo, en la Universidad de La Sabana se dicta la materia Felicidad y Bienestar, en donde el objetivo no es que los estudiantes terminen el curso con una sonrisa de oreja a oreja sino que aprendan a decantar lo malo y sacar lo bueno en todos los aspectos de la vida.

Una ciudad para ser felices

Esa frase que a primera vista parece una utopía, un slogan publicitario o una promesa lejana y sin contenido real y tangible, empieza a emerger como un punto de partida para planear y proyectar las ciudades reinventándolas y permitiendo a los ciudadanos construir una noción diferente, más positiva y optimista de su propia vida.

No se trata de paraísos donde todas las necesidades estén totalmente cubiertas, o urbes poderosas llenas de riquezas, no se trata de ideales lejanos enmarcados con nombres que tienen que ver con la dicotomía eterna entre riqueza y pobreza, son mas bien, nuevos modelos que tienen su origen en una mirada más integral del ser humano con sus anhelos, sueños y entornos de vida cotidianos.

Seguramente para muchos hablar de felicidad es un cliché y por su puesto mirarán con recelo la idea de pensar la ciudad desde la perspectiva de su búsqueda, mucho más cuando desde diferentes corrientes de pensamiento se habla de la felicidad como un camino individual, absolutamente diferente de un individuo a otro.

Es comprensible la prevención, sin embargo, los nuevos modelos que buscan ciudades y ciudadanos más felices, empiezan a ganar terreno y a fortalecerse desde el saber técnico y académico en muchos lugares del mundo.

¿Qué elementos contribuyen a la felicidad de un ciudadano de una urbe como Bogotá, por ejemplo? ¿Qué puede darle la ciudad para que en su vida cotidiana él sea feliz? Quizás para algunos ser feliz en la ciudad radica en la posibilidad de estar más cerca de sus seres queridos, de tener tiempo para disfrutar más momentos junto a ellos. En el día a día pasamos cada vez menos tiempo en nuestros hogares, más tiempo en el trabajo o el estudio o transportándonos de un lugar a otro. Cuando se le pregunta a todo tipo de ciudadanos cuál es su mayor deseo, la respuesta es siempre similar: más tiempo.

El tiempo en la ciudad siempre esta referido a distancias, las que quisiéramos recortar y recortar cada vez más, la felicidad entonces, para un ciudadano es encontrar en la tarde, cuando va regreso a casa , el bus que lo lleva rápido, un transporte público de calidad, cada minuto ganado es una victoria para la vida y un motivo para sonreír. La felicidad es relativa, se construye permanentemente.

Para otro ciudadano la felicidad podría estar en la posibilidad de caminar tranquilamente con su mascota por un andén amplio, sin obstáculos, sin el miedo de ser atropellado por un vehículo, para él la felicidad se parece más a la tranquilidad y a la posibilidad de disfrutar de un espacio público en el que encuentra que es igual a los demás, con los mismos derechos y oportunidades.

Ser feliz en la ciudad es para muchos tener la posibilidad de disfrutar un parque cerca de su casa, admirar una exposición de arte en las calles, desplazarse a su trabajo en bicicleta, que sus hijos puedan acceder a una educación de calidad o encontrar en otros ciudadanos actitudes solidarias. La felicidad en la ciudad tiene millones de formas con un propósito común: corresponsabilidad entre los ciudadanos y el Estado.

El sentido de felicidad es un sentimiento particular, íntimo, construido desde los referentes que cada ciudadano tiene, desde sus recuerdos, desde sus gustos y percepciones, lo importante es que cada vez, con mayor compromiso, quienes planifican y gobiernan las ciudades son más conscientes de esta realidad y buscan construir ciudades para hacer seres humanos más felices.

La felicidad entonces está en poder hacer todo aquello que nos genera vitalidad, nos inspira y nos apasiona, encontrar las condiciones y los espacios para poder desarrollar talentos y habilidades en el entorno de la ciudad en la que se vive.

Las condiciones y facilidades que brinde la ciudad en términos de equidad, para el desarrollo de todos los individuos independientemente de los estratos, son el terreno propicio para que los seres humanos se acerquen a su felicidad.

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