Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

Fui a ver un monstruo y lloré

Un monstruo viene a verme

 

Que el lector y espectador no se equivoquen, cuando vean el afiche promocional de “Un Monstruo viene a Verme”, no crean que se trata de una película de terror o de aventuras, no es nada superficial, por el contrario, es una obra que explora el dolor de la pérdida y la manera, también dolorosa, de superarlo. No es una cinta entretenida de verano, es una obra perdurable de otoño. Se trata de un filme dulcemente duro, terriblemente tierno. Un poema triste pero consolador, tejido por el director Juan Antonio Bayona.

Una de las películas más sinceras sobre el proceso del duelo, antes, durante y después de una irreparable pérdida. De la mano de un monstruo que vive en las entrañas de un milenario árbol, en el vecindario donde vive una madre con su hijo, alguien que se describe al inicio de la cinta, como demasiado grande para ser un niño y demasiado pequeño para ser un hombre. Un monstruo con voz profunda, no en vano surge de la garganta del versátil actor Liam Neeson, un hombre que sabe bien de pérdidas y recuperaciones.

 

El que busque risas, sobretodo las risas fáciles de algunas películas infantiles o adolescentes, absténganse, porque encontrará lágrimas. En una época en donde prima la mentira, que ahora elegantemente se denomina “postverdad”, tenemos una película honesta, que se atreve a decir la verdad en el momento más difícil. Así lo experimenté, mientras en la oscuridad de la sala de cine en Bogotá, me aferraba a la mano de mi esposa Patricia y varias lágrimas rodaron rostro abajo.

 

Aquí un niño debe enfrentarse contra un gigantesco monstruo, que no es aquella sombría presencia que se desprende de un milenario árbol, sino la enfermedad que va consumiendo a su joven madre, el chico se debate, como todos los que hemos tenido allegados luchando contra el cáncer, entre el deseo egoísta de mantenerlos a nuestro lado a costa del sufrimiento y el secreto anhelo de verlos descansar, sin que sigan sufriendo y haciéndonos padecer, porque el cáncer es una enfermedad que no ataca solo a una persona, sino a todo su entorno, ese es el verdadero monstruo que se esconde tras la fachada del afiche. Un terrible mal cómplice de nuestros íntimos egoísmos.

Ni siquiera Sigourney Weaver, tan experimentada en enfrentar y aniquilar criaturas indestructibles en los confines del universo, es capaz de vencer al monstruo, aunque sin duda es la más fuerte de la familia, madre de la dulce afectada y abuela del muchacho, con quien mantiene una confrontación silenciosa, lo que hace más complicado todo el panorama.

Sea el momento para destacar las actuaciones, especialmente del joven Lewis MacDougall, protagonista indiscutido, quien conmueve en ese proceso de desintoxicación de su espíritu, quien pareciera estar más a gusto en su universo de pesadillas que en la vida real. Igualmente destacable Felicity Jones en el papel de la madre e hija de los otros dos fundamentos de esta historia, aunque aquí, su personaje no corresponda a su nombre, pues aunque su naturaleza sea la felicidad, va convenciéndose de lo inevitable, en medio de la angustia por abandonar a su hijo.

El argumento fue escrito por Patrick Ness, autor de libro original (A Monster Calls) y es dirigida por Juan Antonio Bayona, quien con todo su equipo español de producción ha realizado una bella obra sobre un tema nada fácil de asumir. Bayona es hombre de lágrima y risa fácil (como se ha evidenciado en ceremonias de entrega de los premios Goya del cine español) y es posiblemente el director más universal, con el que cuenta la cinematografía de la madre patria, así esta afirmación haga subir las cejas de almodovarianos y otros.

Director Juan Antonio Bayona

 

Aparece el lápiz, en danza sobre el papel, trazando figuras, dibujos, contando historias que son escape y refugio de las crueldades de la vida. Aunque el lector de esta reseña, piense que es una balada triste para espectadores incautos y se garantiza con seguridad una lágrima, es una película necesaria para quienes deseen aplicar una terapia contra el dolor, el dolor de la ausencia, que sabemos lleva tiempo y nunca se cura del todo. Gracias al médico J. A. Bayona por este remedio para el alma.

Dixon Acosta Medellín

En Twitter en ocasiones veo monstruos indispensables como @dixonmedellin

 

 

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