Cali está de duelo. El terremoto del 10 de agosto dejó muertos, heridos, familias damnificadas, viviendas destruidas y una ciudad que todavía intenta comprender la dimensión de lo ocurrido.

Pero en medio de esta tragedia acaba de aparecer una noticia que puede tener un significado mucho mayor que el de recuperar un evento cultural: el Petronio Álvarez sí se realizará este año.

Después de haber sido suspendida la edición XXX, que estaba prevista para agosto, la Alcaldía anunció que el festival será reprogramado para el segundo semestre de 2026. El secretario de Cultura, Julián Arteaga, explicó que Petronio representa 30 años de gestión cultural y que no se puede simplemente borrar de la memoria de Cali. El alcalde Alejandro Eder también confirmó que el festival se realizará.

La pregunta ahora no debería ser solamente cuándo se hará.

La pregunta debería ser para qué hacerlo.

Y la respuesta podría ser: para ayudar.

Porque este año el Petronio puede ser mucho más que un festival. Puede convertirse en el gran acto nacional de solidaridad con Cali y con las familias afectadas por el terremoto.

La propia historia de esta edición ya lo demuestra.

La Ciudadela Alberto Galindo, que estaba preparada para recibir al Petronio, terminó convertida en un centro de acopio para atender la emergencia. Lo que iba a ser un escenario de música, gastronomía y celebración se transformó, durante los días más difíciles, en un lugar para recibir alimentos, agua y donaciones. Más de mil voluntarios participaron en esas labores.

Es difícil imaginar una imagen más poderosa.

El lugar donde iba a sonar la música terminó escuchando primero el dolor.

Ahora que el Petronio va a regresar, debería llevar consigo esa memoria.

Al 26 de agosto, 22.189 personas habían sido registradas como damnificadas en Cali y 31.999 familias habían sido evaluadas. En materia de infraestructura, los reportes oficiales han mostrado una magnitud importante de afectaciones y las cifras han ido cambiando a medida que avanzan las inspecciones. La propia Alcaldía mantiene un repositorio oficial de información que se actualiza con estos datos.

Pero una estadística nunca puede medir el tamaño de una tragedia humana.

Incluso si el número de edificaciones que terminaron completamente destruidas representa una fracción muy pequeña del total de construcciones de Cali, cada edificio colapsado significa algo mucho más grande para quienes vivían allí.

La proporción estadística sirve para entender la dimensión urbana del desastre.

No sirve para medir el dolor.

Y justamente por eso el Petronio puede ser importante.

Porque Cali necesita reconstrucción física, pero también necesita reconstrucción económica, comunitaria y emocional.

El Petronio ya tiene una capacidad demostrada para producir movimiento económico y turístico. En 2024 reunió alrededor de 600.000 asistentes durante seis días y generó un impacto económico estimado en unos $60.000 millones, además de importantes ingresos para portadores de tradición, comerciantes, hoteles, restaurantes y otros sectores.

Eso significa que el festival puede ser una herramienta real de recuperación.

Este año podría convertirse en un gran encuentro de solidaridad.

Que quienes aman Cali y su diversidad cultural tengan una razón adicional para visitarla.

Que artistas del Pacífico y artistas de todo Colombia se unan.

Que músicos, cantadoras, cocineras tradicionales, artesanos, bailarines, diseñadores y emprendedores no sean solamente protagonistas de una celebración, sino también de una causa.

Que empresas, hoteles, restaurantes y visitantes puedan aportar.

Que una parte de los recursos generados por el festival pueda dirigirse, con absoluta transparencia, a los damnificados.

Y que la cultura no sea presentada como algo que compite con la ayuda humanitaria, sino como una manera adicional de ayudar.

De hecho, la Alcaldía ya dio un primer paso en esa dirección con la estrategia Petronio Solidario, que, según reportes recientes, ha movilizado cerca de $2.500 millones y 160 toneladas de ayuda; además, se anunció apoyo económico para portadores y portadoras de tradición de las cocinas tradicionales.

Pero todavía hay espacio para hacer algo mucho más grande.

Porque hay algo que las culturas del Pacífico colombiano pueden enseñarle a Colombia en un momento como este.

El dolor también se canta.

En el Pacífico, el duelo tiene voces. Los arrullos acompañan. Los alabaos recuerdan a los muertos. La música y la danza no existen únicamente para celebrar cuando todo está bien. También pueden servir para atravesar la pérdida, mantener viva la memoria y afirmar que una comunidad continúa existiendo.

Por eso un Petronio después de una tragedia no tiene por qué ser una contradicción.

Puede ser precisamente lo contrario.

Puede ser una forma de duelo colectivo.

Podría haber un momento para recordar a quienes murieron en el terremoto. Un espacio para sus nombres, sus historias y sus familias. Un homenaje a quienes rescataron, atendieron y ayudaron. Una ceremonia para reconocer a las comunidades que han tenido que comenzar de nuevo.

Y después, que suenen las marimbas.

Que suenen los cununos.

Que suenen los bombos.

Y que Cali baile.

No porque haya olvidado.

Sino porque sobrevivió.

Hay una idea equivocada de que llorar y celebrar son cosas opuestas.

Las culturas del Pacífico cuentan otra historia.

En ellas, la memoria puede tener música. El duelo puede ser colectivo. La comunidad puede acompañar el dolor sin renunciar a la alegría.

Y celebrar la vida también puede ser una forma de honrar a quienes ya no están.

Ese debería ser el espíritu del Petronio de este año.

No esconder la tragedia.

No utilizar la música para taparla.

Usar la cultura para acompañarla.

Porque muchas personas en Colombia aman Cali.

Aman su música, su gastronomía, su alegría y, sobre todo, esa extraordinaria mezcla cultural que hace de la ciudad uno de los grandes puntos de encuentro entre Colombia y el Pacífico.

El Petronio es una expresión de todo eso.

Por eso sería un error verlo únicamente como un evento que se suspendió en agosto y ahora debe encontrar una nueva fecha.

Este Petronio tiene la oportunidad de convertirse en algo diferente.

En el festival de una ciudad que, después de una tragedia, decide no quedarse paralizada.

En un encuentro al que llegue gente de todo el país no solamente para bailar, comer y escuchar música, sino también para decir:

Cali, estamos contigo.

El propio secretario de Cultura ha hablado de la necesidad de hacer un cierre simbólico de los procesos que quedaron interrumpidos y de preservar el significado cultural de los 30 años del festival.

Ese cierre podría ser mucho más poderoso si el Petronio de 2026 queda en la memoria como el año en que una celebración se convirtió también en un acto de solidaridad.

Que cada plato vendido pueda ayudar.

Que cada artista pueda aportar.

Que cada visitante pueda convertirse en parte de la recuperación.

Que cada empresa pueda encontrar una forma de sumarse.

Y que los recursos destinados a la solidaridad sean administrados con reglas claras, información pública y absoluta transparencia.

No se trata de convertir el dolor en espectáculo.

Se trata de convertir la capacidad de convocatoria de la cultura en capacidad de ayuda.

Cali necesita reconstruir viviendas, edificios y vidas. Necesita recursos. Necesita acompañamiento. Pero también necesita esperanza.

Y pocas cosas tienen la capacidad de reunir alrededor de Cali a personas de tantos lugares como el Petronio.

Por eso, alcalde Eder, ahora que el Petronio sí va a realizarse, hagámoslo diferente.

Hagámoslo solidario.

Hagamos que la edición XXX no sea recordada solamente como la que tuvo que ser suspendida por un terremoto, sino como aquella que regresó para ayudar a una ciudad a levantarse.

Que sea un homenaje a los muertos.

Un apoyo para los damnificados.

Una oportunidad para los artistas y portadores de tradición.

Un impulso para el turismo y la economía.

Y, sobre todo, un gran abrazo nacional a Cali.

Porque las culturas del Pacífico han demostrado durante generaciones que el dolor y la alegría pueden convivir.

Que se puede llorar y cantar.

Recordar y bailar.

Perder y sobrevivir.

Que este año el Petronio no sea solamente una celebración de la vida.

Que sea también una celebración de la supervivencia.

Y que cuando finalmente vuelvan a sonar las marimbas, Cali pueda bailar sabiendo que detrás de cada canción hay una ciudad que recuerda, una Colombia que acompaña y una comunidad que decidió levantarse.

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