Las palabras y las cosas

Publicado el Diego Aretz

“La izquierda no ha llegado al poder, se llegó al gobierno, la tarea de asumir el poder es bastante más compleja.” Guillermo Solarte conversa con Diego Aretz

 

Entrevista a Guillermo Solarte Lindo, director de la Corporación Latinoamericana Misión Rural y líder de Pacifistas sin Fronteras.

Guillermo Solarte Lindo es uno de los pensadores, escritores, sociólogos, que ha dedicado su vida a analizar los problemas de Colombia en los territorios más profundos de este país. Es un hombre que yo, personalmente, admiro mucho, y es un amigo. Esta entrevista transcurre en su casa. 

Vamos a hablar un poco de lo que está viviendo Colombia en las últimas décadas, de su trabajo con su fundación «Misión rural», de los textos, las preguntas, los retos que también le ha hecho a Bogotá que puso en su ciudad donde más ha estado, y también del país por supuesto. 

Guillermo, la primera pregunta, por lo que ha venido sucediendo estos meses, pero especialmente por lo que acaba de pasar.  Hemos visto la primera mujer afro descendiente en la vicepresidencia de Colombia, un país racista, clasista, y ver también a un hombre que fue guerrillero, un hombre que militó en las guerrillas, que firmó un acuerdo de paz también y que pasó a la vida civil y que llega al poder en Colombia. En los sectores de izquierda, para dejarlo ahí, esto lo digo como opinión, no sentía ni nos sentíamos con la posibilidad de verdad llegar al poder, pero hoy en día vemos un gobierno de izquierda, y quiero preguntarte: ¿Cómo ves eso?

Diría que no se ha llegado al poder, se llegó al gobierno, la tarea de asumir el poder es bastante más compleja. Construir una gobernanza favorable al cambio no será fácil. El poder ha estado en manos por décadas de las dos derechas liberales y conservadores, con sus propis disidencias. Ese largo dominio de una casta política aliada con la delincuencia y la corrupción es el primer gran obstáculo que estará enfrentando el nuevo gobierno. 

El primer tránsito que tienen que hacer Petro y Francia Márquez es el tránsito al poder. La toma democrática del poder exige tiempo, capacidad de decisión y claridad de lo que se quiere alcanzar con el Cambio. Alcanzo a entender y comparto que las primeras decisiones que se han tomado orientan hacia allí sin perturbar la estabilidad y con el fin de lograr gobernabilidad y construir una buena gobernanza, todo esto con tres enemigos potentes: la corrupción, la ilegalidad y la violencia. Tres monstruos que se mecen en la misma hamaca.

En esta primera etapa de gobierno encuentro fundamental el nuevo lenguaje, con el que se está hablando a la gente. Es un lenguaje radicalmente distinto al que se hablaba desde el poder. En un análisis sobre las palabras más utilizadas en el Plan de Gobierno, Colombia potencia mundial de la vida eran: Vida 210 veces, Derechos Humanos, democratización, mujeres, transición, economía, acuerdo. El giro en las palabras muestra un interés que se corresponde con el cambio propuesto. También una distancia del lenguaje de la izquierda tradicional y lejos muy lejos del autoritarismo. 

Entiendo la política desde tres conceptos simples pero precisos: La política como aquello que hace posible lo deseable, en esto creo que lo que hará posible el cambio es una buena gobernanza, un Plan de desarrollo que se dirija a producir el cambio y dar soporte a la transición   y capacidad de gestión para hacerlo.

El segundo concepto de política que es útil en este momento es la política como el manejo de expectativas. Los procesos electorales amplían las expectativas y en medio de una crisis como la actual, las expectativas son muy amplias, la promesa política realizada en la campaña debe ser cumplida en el mayor porcentaje posible. Por supuesto que el Plan de desarrollo es una herramienta que tiene que estructurarse para el manejo de las expectativas y los que lideran las entidades públicas deben hacerlo desde un plan elaborado colectivamente sobre la base de lo que es posible.

Por último, la política como lenguaje de gestión del poder, El plan de gobierno entrelaza palabras que irán poco a poco llenando los documentos oficiales, los planes y también los medios de comunicación. El éxito de la política en este caso es lograr que el lenguaje circule con fuerza entre la población, los medios y que cómo te decía se incorpore en los planes de desarrollo, municipales, departamentales. 

 

Una primera percepción que tengo es que una gran mayoría de quienes han sido nombrados en los más altos cargos todavía no incorporan el lenguaje y muchas veces crean controversias innecesarias que van en contra del proceso de Cambio. Es claro que estábamos siendo orientados desde un lenguaje, o si se prefiere desde una visión, narrativa o modelo que había privilegiado, por décadas, unas acciones sobre otras, con ligeras diferencias, pero sin ninguna intencionalidad de cambio real. Ahora la gente ha votado   por un cambio real, en esa medida el desafío para el gobierno es descomunal.

 

Por un lado, se exigen respuestas rápidas ante los problemas heredados del anterior gobierno y de la pandemia, en un contexto internacional de crisis, la velocidad con que se tomen esas decisiones de urgencia será un aspecto fundamental y para hacerlo el equipo técnico debe haber identificado las prioridades y avanzado en la definición de estrategias claras que produzcan confianza.   

Quiero de nuevo meter la política, porque digamos que una de las banderas usualmente de los críticos a lo que llaman el establecimiento. Cada que hay un establecimiento hay unos críticos, y en Colombia siempre acuden a esta matriz del campo, representó a los campesinos, se representó a la gente humilde. Yo lo veo por ejemplo hoy en día una de las personas que más tiene esta bandera es el ingeniero Hernandez, es un hombre rico es un hombre que vive y ha hecho una fortuna también de la plata de la gente humilde digamos. Esa instrumentalización constante de los campesinos como la representación del club que los campesinos necesitan, de que la reformas tal. Yo te pregunto quién puede están representados los campesinos de esta forma.

Es una pregunta dificilísima.  Es difícil por no decir imposible hablar de una única representación. Su representación es plural y creo que en estos momentos se diversifica a múltiples intereses étnicos, de comunidades campesinas, de territorios. Esos liderazgos han sido amenazados y debilitados por el asesinato de cientos de lideres, hombres y mujeres, que luchan por temas que van desde la tierra, el medio ambiente, la oposición a la guerra. ,

Existe reduccionismo conceptual de los habitantes del campo, campesinas, afrocolombianas, indígenas, a pequeños productores sin recursos, sin derechos y sin reconocimiento del papel crucial que juegan en la sociedad colombiana, eso   ha incentivado una visión errónea de lo que son. De la compleja y rica trama de vida de la sociedad rural. Ha creado una frontera segregacionista en donde ellos están del otro lado de la sociedad; ellas y ellos, son otros y como tal son discriminados y muchas veces al llegar a la ciudad son declarados sospechosos. No hay un reconocimiento de su importancia en la construcción de este país. Y no solo en la producción de alimentos.

 Esa noción de campesino desconoce asimismo su papel primordial   en la construcción cultural de país, de nación; en la elaboración de un tejido infinito de memoria, de fusión de paisaje, poesía, música, gastronomía, arte y artesanía, arquitectura; todos estos son elementos   de cohesión que dan cuenta de la inmensa capacidad de resiliencia de sus culturas, de la vida misma. Del campo vinieron los sonidos, los sabores, los olores, los ritmos, las leyendas y mitos   que al invadir la ciudad fueron raíz misma de la colombianidad.

Las huellas más profundas de lo que es nuestra cultura, no las únicas, están en el campo, en los territorios rurales, en los resguardos, en las comunidades negras, en las veredas Ese inmenso patrimonio cultural inmaterial no es valorado en su exacto significado y no es reconocido en su verdadera grandeza.  Todavía es imposible hablar de regalías culturales y lo es en tanto siga pensándose que agrega más valor a nuestra “colombianidad” un barril de petróleo que, por ejemplo, los miles de bocadillos veleños, o totumas de manjar blanco, que se venden a diario en el mercado colombiano, son miles los  productos de origen rural  que deberían tener  denominación de origen y eso debería significar  progreso para los lugares de origen.

 Es difícil, por la visión restringida y miope que se tiene de   la sociedad rural, pagar regalías a una comunidad, pueblo o territorio por los productos originarios del lugar. Por esa denominación de origen que termina siendo un de las claves de un turismo rural enlazado con la cultura.

De igual manera, la base de la gastronomía colombiana que en estos momentos rompe fronteras con éxito se nutre de productos, ideas, recetas que tuvieron origen en las cocinas caseras del Caribe, el Pacífico, lo Andes y lo que llamábamos Llanos Orientales. Las mujeres campesinas y afrocolombianas dan origen y sentido a lo que se está convirtiendo en otra dinámica económica de éxito. Esta red inmensa de sabores, que muchas veces se inició en medio de la pobreza, ha ido poco a poco ampliando su alcance hasta llegar, desde la cocina de una casa campesina, caribeña, o pacífica o indígenas a la mesa de un restaurante calificado como de los mejores del mundo.

Como en toda sociedad capitalista actual, en este tipo de reduccionismo conceptual se acentúa la segregación, se legitima la discriminación y se establece un lenguaje de dominio ajeno a las poblaciones, a los habitantes rurales. Ese lenguaje desconoce saberes originarios al tiempo que los asimila a conocimientos anticientíficos, y al hacerlo los despoja de la capacidad que pueden llegar a alcanzar para la solución de los problemas locales, micro territoriales, veredales. Todo el capital cultural producto de la construcción colectiva, histórica es borrado, desconocido al ignorar que existen valores superiores al precio del mercado.

Desde hace décadas ha habido esa identificación del campesino, del indígena y de la población negra con esa concepción dominante. Ellos son un eslabón más de la cadena de producción, fueron y son separados, en un gran porcentaje, de los beneficios derivados de esa cadena y estigmatizados sus territorios como violentos, pobres. Se han segregado esos territorios por raza, etnia. La pobreza, es entendida como una tara que los limita y que los responsabiliza o culpabiliza de su situación, desconociendo la historia de esa segregación y el origen mismo de la discriminación

Me recuerda todo el lenguaje visual del Pacto Histórico, con sus banderas de colores y ese éxito absoluto que tuvo en el país quizás también fue reconocer el corazón de esa diversidad, no proponer una narrativa sino más bien leer una narrativa e interpretar que esa narrativa les servía para llegar al poder. Pero eso lleva de nuevo la pregunta del poder, de la renuncia de alguna manera a ese lugar del centro en lo académico, esa renuncia a la jerarquía, pudiera parecer un poco anárquico, pero también muy socrático esta renuncia, a ser escéptico al poder de alguna manera, pues está la pregunta del gatopardismo. Entrevisté en ese programa al ministro de hacienda el día en que lo nombraban públicamente ministro. Él dijo una frase” todo lo de la apertura fue un error”. Yo le dije en ese momento que él era uno de los que estaba defendiendo esa gran cagada. Ahora vuelve a ocupar el mismo lugar. Eso tiene algo de ironía:  Eso me recuerdo una anécdota, en el tiempo de Gavidia había pancartas por el campo que decían “gracias, doctor Gaviria por quebrar el agro colombiano”. Y uno se pone a ver eso y la pregunta es: ¿Usted qué piensa de todo este nombre que muchos de las fuerzas de izquierda nunca habían habilitado, y que de un momento a otro aparecen en primera plana del gobierno? Lo digo en lo simbólico. Podemos ver en Francia Marquez que aportó 700.000 votos en una campaña absolutamente transparente. Pero tiene a Alvaro Levia que es un hombre representante de la elite blanca centralista de Bogotá, tiene a Alejandro Gaviria que es un representante de la escuela de los Andes, un representante de la universidad privada más costosa del país, ex rector, tiene a Jose Antonio Ocampo, es un gobierno de izquierda donde el ministro de transporte lo pone el partido conservador.

Hay cosas que me parecen como necesarias aclarar. Uno es la idea de que la izquierda, o el imaginario sobre la izquierda, es un movimiento o, un partido político, radicalmente opuesto al capitalismo, sea liberal, o sea neoliberal creo que, desde la caída del muro, la izquierda ha venido aceptando o incorporando a su agenda políticas cercanas a lo que se ha llamado social democracia. En estos días muere el líder que desde la Unión Soviética propicio ese cambio, Gorbachov, un proceso que rompe los radicalismos y abre un camino lleno de incertidumbres que estructura una Europa distinta; políticamente   se debilitan los partidos comunistas y de extrema izquierda, y el escenario electoral cambia, digamos que la social democracia coge las banderas de izquierda.  

Esa idea de izquierda comunista no es la que está en el poder en Colombia. La idea de la izquierda que gana las elecciones en Colombia es cercana, pienso yo, a la social democracia. Es decir, es una izquierda democrática, liberal, que no está apuntando a producir un caos, trata de avanzar con prudencia en algunos aspectos muy difíciles de manejar. Esta izquierda incorpora visiones multiculturales en donde se abre a asuntos como lo ecológico, lo territorial, la paz, lo popular. Esta izquierda no comunista incorpora en su agenda la democratización y la igualdad de género, el reconocimiento del papel fundamental de la mujer en la transición. 

Gran parte de la fuerza electoral que le dio el triunfo provino de Francia Márquez Una mujer activista afrocolombiana, ambientalista, pro derechos humanos y pacifista. Que tendrá uno de los mayores desafíos del nuevo gobierno la lucha contra la desigualdad.

La democracia colombiana no ha logrado, como sistema político, solucionar el gravísimo problema de desigualdad. Todos los indicadores nos situar en uno de los mas desiguales del mundo. También la violencia nos muestra como la democracia más violenta del mundo occidental. Así mismo la corrupción ocupamos un lugar principal en los países en donde este problema es central y también un factor de inestabilidad democrática y debilidad del Estado para la solución de otro de los males heredados que enfrentará la izquierda: el narcotráfico. 

El desafío es como te decía, descomunal. En este sentido la Transición propuesta debe ser debe ser tránsito muy fuerte de lo que es una democracia incipiente a una democracia de derechos y un Estado del Bienestar.

Como avanzamos desde lo que ha pasado con Misió Rurales, de lo que has hecho, realmente ¿Qué retos tiene la ministra de agricultura en este momento? ¿Qué es posible lograr o al menos sembrar? Al menos en estos cuatros años 

 Hay una cosa que me parece muy interesante, y que suena de alguna manera torpeza de parte mía. No creo que la ley cambie la realidad. La ley es una herramienta que, para que transforme la realidad, tiene que estar en manos de aquellos que desean transformar la realidad. 

Colombia es un país en donde la ley no ha sido respetada, y en el sector rural, mucho más. 

Hay leyes suficientes para producir los cambios necesarios en temas como el de tierras, el de los derechos. El acuerdo de Paz es un instrumento que   incorporando la visión propia del gobierno es un marco político y económico para el Cambio. La reforma rural integral la solución al problema de las drogas, de las víctimas y de la participación política y desarrollo de la democracia incluidos en el Acuerdo de paz deben ser reconocidos como un punto de partida para la solución del conflicto social y económico que atraviesa la sociedad rural colombiana.

La sociedad rural colombiana es un mundo diverso que va mucho más allá de lo agropecuario. Es asimismo una realidad que supera el problema de la tierra, de la propiedad de la misma y de su productividad. Mas allá de la producción de alimentos y su comercialización es una trama compleja de relaciones sociales, políticas, económicas, de formas y valores culturales, de un imaginario que la distingue de lo urbano y que en esencia es el origen de lo que somos como pueblo, como nación y que da cuenta del papel que ocupa en la historia en la construcción de nacionalidad.

Así mismo la sociedad rural ha sido durante décadas el escenario de la violencia mas cruel y el campo de batalla en donde ha quedado una inmensa estela de muerte y dolor, de crímenes contra la población civil, de miseria, de despojo, de masacres. De pueblos arrasados y de habitantes desplazados, desterrados de su lugar de vida. Numerosos estudios sobre la violencia muestran las características de la confrontación, la crueldad y su continuidad por años y el dolor causado. El informe de la Comisión de la Verdad es testimonio elocuente de lo sucedido, de la guerra negada por largos periodos y de la magnitud de la ocupación del territorio rural  por actores violentos. 

Esta doble condición de ser, por décadas, el escenario de las más cruel de las violencias, al tiempo que es una potencia cultural sinigual, multicolor y diversa nos indica como, esta condición de potencia, es el origen de su capacidad de resistencia y de la fértil resiliencia de los pequeños pueblos asediados por los actores armados, la delincuencia y una casta política corrupta que, con el tiempo, se convirtió en uno de los obstáculos más fuertes para el progreso de sus territorios. Una casta política que en su alianza con las distintas delincuencias favoreció la expansión acelerada de la ilegalidad y la corrupción.

El momento actual exige un cambio en las formas de hacer la política. Un cambio que estará sometido a la urgencia de producir resultados rápidos. No se puede perder tiempo volviendo a hacer planes, diagnósticos o extensos documentos de expertos en lenguajes incomprensibles para la gran mayoría de los habitantes rurales. Es urgente imaginar y poner en marcha claras y precisas estrategias para el Cambio, resultados permanentes en la superación de los cuatro monstruos que hacen la vida rural difícil: la violencia, la corrupción, la desigualdad y la ilegalidad. 

Debe transitarse, desde una política centrada en los análisis, a una centrada en la acción transformadora. Para esto se necesita una gran interacción de las entidades del Estado con la sociedad, en un nuevo modelo de relacionamiento, en donde la base de tal relación no sea la fuerza sino la inteligencia, el conocimiento y sobre todo el Bien Común. 

Pero antes de iniciar esta compleja y difícil aventura se debe imaginar una gobernanza rural que asuma con toda su capacidad, conocimiento, entusiasmo y disposición, el inmenso desafío de transitar de una democracia limitada a una plena democratización de la vida rural. De una democracia electoralista a una participativa. Una gobernanza de lo rural, vinculante y fuertemente comprometida con el Cambio.  Con el lenguaje del Cambio y sus líneas, ya trazadas en el programa de gobierno.

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Diego Aretz es un periodista y activista Colombiano, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal, colaborador de El Espectador, . Así mismo es jefe de comunicaciones del Consejo Nacional de Bioética y consultor de Terre Des Hommes Alemania. Director de la ONG Por la Frontiere.

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