Las palabras y las cosas

Publicado el Diego Aretz

Deyeni y los caminos de las infancias migrantes.

Deyeni* tiene 9 años, pero en su vida ha tenido que ver mucho más que muchos de nosotros, ella es una de más de 500.000 niños y niñas migrantes que han tenido que abandonar Venezuela por la precariedad de la vida en su propio país. Cruzar la frontera para una niña es una experiencia compleja, tratemos de imaginar. Salir de un Estado lejano en el vecino país, muchas veces no pueden salir con los propios padres, sino van con extraños o amigos de amigos, lo que ha dado a pie a muchísimos casos de secuestro y trata de seres humanos. Si una niña tiene suerte de ir con la familia y lograr llegar a la frontera, normalmente llegará con hambre y quizás con una sola muda de ropa. Cruzar fue durante años (hasta hace poco más de un mes) un asunto peligroso, muchas mujeres y niñas que no podían pagar a las mafias (paramilitares, guerrillas y narcos) que controlan las trochas, entregaban su cuerpo como pago para poder cruzar a un país que tampoco les iba a ofrecer demasiado.

La historia de Deyeni es la historia de la mayoría de niños y niñas que han cruzado la frontera en los últimos años. La situación para los migrantes en Colombia no ha sido favorable, aun cuando Colombia ha sido uno de los países que más abrió sus puertas a la inmigración en el mundo, en los años de la pandemia y post pandemia. Colombia, un país pobre o “de clase media” como gustan llamarlo algunos economistas, no tenía ni el dinero, ni la infraestructura, ni el tejido social para soportar una inmigración como la que sucedió. Con 20 millones de personas bajo la línea de pobreza, tuvimos que asumir 3 millones más, producto del fracaso de Venezuela y también del cerco que se promovió en la última década desde los Estados Unidos, en especial por el gobierno Trump.


Un ejemplo de esto me lo contaba hace unas semanas Etelivar Torres alcalde de Arauquita, en Arauquita en la frontera con Venezuela durante el colapso migratorio llegaron 100 mil migrantes a un municipio que no tiene más de 40 mil personas. Durante mi estancia y mis viajes por la frontera con Venezuela, pude evidenciar cuan profundamente ha sido afectada la frontera por la migración, muchísimo más que las ciudades capitales.

El estatuto migratorio que impulsó el presidente Duque hizo mucho por los migrantes, pero la realidad es que aún falta un gran camino de integración; en el sector salud y educación. La integración de los migrantes en un mercado tan informal del trabajo como el nuestro es de gran complejidad, así mismo es un camino en el que el presente y futuro de Venezuela juegan un papel fundamental. Quizás una de las tareas más importantes para Gustavo Petro en América Latina, será lograr que Venezuela tenga un camino de salida, de ese estado fallido en que se convirtió.

Desde hace 3 años llevo trabajando en la frontera de la mano de Creciendo Unidos y Terre des Hommes Alemania, dos ONGS nacionales e internacionales que han apostado por los migrantes y por la construcción de fronteras solidarias. Trabajamos con más de 500 familias y 1400 niños y niñas en Cucuta, en Norte de Santander y en barrios de Bogotá donde viven la mayoría de las familias; Kennedy, Juan Rey, la localidad de San Cristobal.

Creciendo Unidos es una fundación que tiene sus orígenes en los movimientos sociales, que mezclaban solidaridad cristiana con valores políticos de empoderamiento en comunidades, este movimiento nos recuerda un poco la Teología de la Liberación,  un movimiento silenciado  por sectores conservadores en la iglesia Católica, uno de sus máximos exponentes Paulo Freire, terminó enseñando en Harvard, pues a la Iglesia en su momento le incomodaba el papel protagónico que tenía en la transformación social del Brasil de los años 70.
Recientemente celebramos 3 años del avance del programa, el evento se realizó en la Universidad de la Salle, contamos con presencia de expertos de otras ONGs como Luis Celis de PARES. La idea es acercar a la academia y a los políticos a lo que el equipo ha investigado y descubierto en terreno, durante estos tres años de mucha transformación política en ambos países.

Quizás un mensaje que nos convocó y que queremos resaltar y abrir a la opinión pública, es la necesidad de asumir el derecho universal a la movilización y la migración, y en particular señalar que los derechos de las y los niños deben estar al frente de cualquier diálogo sobre migración, ningún niño y niña debe ser considerado ilegal. Una de la reflexiones que se deben poner sobre la mesa es la importancia de las madres en todo este proceso, las mamás migrantes han sufrido muchísimo como comunidad y se requiere garantizar sus derechos y también construir con ellas, pues son uno de los agentes de cambio más importantes, esto lo ha sustentado Muhamad Yunus en muchas investigaciones.

Durante estos años desarrollamos un documental, varias ruedas de prensa y diálogos con medios, en territorios de la frontera pero también en Bogotá, incluido un diálogo en que estuvo invitado el niño activista Francisco Vera, reconocido mundialmente por su trabajo en el medio ambiente. Pero sobre todo lo más importante es el trabajo directo con los niños y niñas, y las madres migrantes, más de 500 familias en el país. Han sido tres años de aprendizajes y de cuestionarnos, con las manos en el territorio y con la mente en la complejidad de un fenómeno que transformó la sociedad Colombiana en la última década.♦

*el nombre de Deyeni se cambió por seguridad.

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Diego Aretz es un periodista y activista Colombiano, candidato a master en reconciliación y estudios de paz de la Universidad de Winchester, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal, colaborador de El Espectador. Así mismo es jefe de comunicaciones del Consejo Nacional de Bioética y consultor de Terre Des Hommes Alemania. Director de la ONG Por la Frontiere.

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