Las Ciencias Sociales Hoy

Publicado el Las Ciencias Sociales Hoy

La (vida social) entre paréntesis

Por: Victor Reyes Morris*

Una consecuencia no bien advertida, tal vez, por lo obvio que aparece en esta inédita situación que vivimos, es la afectación de la vida social como producto de la cuarentena obligatoria que impone la pandemia que padecemos. Podemos decir que de alguna manera la vida social se puso entre paréntesis. Porque si bien la reclusión a los espacios del hogar pareciera remitir a núcleos fundamentales de la sociedad, hoy en día se reconoce por los menos la existencia de 8 tipos de familia. Predominando la familia nuclear e inclusive existe con mucha fuerza la familia monoparental (la que cuenta con sólo uno de los padres, usualmente la madre). En los reducidos espacios que la vivienda actual (mayoritaria) impone es casi imposible vivir, pues han sido pensados y construidos básicamente como dormitorios. En los llamados conjuntos residenciales, densificados por demás, los espacios sociales prácticamente son comunes. La lógica que se nos ha impuesto (quizás con razón abstracta) es la del distanciamiento social (¿) que en términos de los epidemiólogos es la garantía del no contagio. Pero resulta que somos seres sociales por naturaleza de esta manera y he ahí la paradoja, para salvarnos tenemos que volvernos individuos solitarios que deben rechazar la interacción social. Claro con la advertencia de que es temporal. Aquí hay una falla fundamental de manejo práctico por muchas razones. Somos seres sociales con avenencias y desavenencias. Por ello el conflicto familiar, en muchos o algunos casos puede exacerbarse, cuando la frecuencia del contacto estimule la conflictividad y perfile roles que no son equilibrados, porque nunca lo fueron. ¿Habrá tiempo de resocializarse?

Leía hace poco el relato de una experiencia de un oficial de la marina brasileña que mencionaba una prueba de formación de los cadetes que consiste en ponerlos en cuarentena marina un mes en un barco en altamar, con total aislamiento. La prueba es absolutamente dura y tiene efectos muy negativos, según el propio oficial, que llegan a destruir relaciones e inclusive al suicidio.

No basta hacer cálculos estadísticos que justifiquen la necesidad de la medida del aislamiento social (cuarentena) a todo rigor, sin medir consecuencias de tipo social. Por ejemplo, nuestro país con un sector informal del casi 60% que vive del flujo de gente en las calles, cuya lógica comercial se invierte (el vendedor busca al comprador) hay un efecto grave en la afectación de ingresos de este ingente sector, en pocas palabras se quedan sin ingresos, además de ser parte de una importante cadena de distribución de mercancías. Por otro lado, se ha informado que la mayor parte de los comparendos por faltar al aislamiento se han impuesto a jóvenes. No es que sean los mas indisciplinados, o si, pero los jóvenes socializan fuera de casa, es una expresión de su propio proceso de formación como seres autónomos, quizás las redes sociales no sean suficientes para esta necesidad de estar con otros.

Algunos han ensalzado la vida solitaria que se ha impuesto transitoriamente, por fuera del vértigo del consumismo, pero eso es simplemente las utopías anacoretas de contemplación del mundo o de supuesta reconciliación con la naturaleza, que terminan siendo distopías en una sociedad masiva. Ojalá no invadamos santuarios naturales que terminemos destruyendo.

La vida social es necesaria. No puede verse simplemente, como la afectación en la producción de mercancías, aunque ésta desde luego se ve afectada, pero también con un consecuente aumento del fenómeno de desempleo y en consecuencia de carencia de ingresos.

Algunos han señalado que esta inédita circunstancia de una pandemia tan amenazante ha puesto en evidencia nuestras falencias como sociedad. Ha desnudado nuestras inequidades y exclusiones, pero éstas no existen porque se conozcan, sino porque existen y pre-existen, además porque se desconozcan. Quizás se exacerban, a pesar de algunos gestos de solidaridad, que discurren entre donaciones con el farisaico cálculo de descuentos impositivos, como por la visión asistencialista, que quizás se necesita de momento pero que finalmente no resuelve nada. Advertir estos grandes desequilibrios sociales es una virtud de las situaciones de riesgo, pero también establecen nuevas vulnerabilidades. Situación ya referida en el caso del sector informal de la producción, pero también de la afectación de la economía formal que se paraliza y crea efectos dominó como en el caso de los arriendos de vivienda o comerciales.

La disciplina social que se exige, como en las épocas de guerra, en donde no hay otra posibilidad, es desde luego negativa porque afecta todo tipo de relaciones. En esta circunstancia actual, mientras en las guerras buena parte de la actividad productiva se informaliza, especialmente en términos de distribución y se crean verdaderos lazos de solidaridad. En el aislamiento social, parece que la solidaridad fuera excluyente por el miedo al contagio y se pide que todos nos aislemos en medio de la muchedumbre, rechazando cualquier contacto.-

*Sociólogo

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