Las Ciencias Sociales Hoy

Publicado el Las Ciencias Sociales Hoy

Historia circular

“Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.

Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.

Por Víctor Reyes Morris

Doctor en Sociología

Cuando nos abruman las noticias respecto a que 308 municipios de Colombia (o sea el 27% de los municipios del país) están afectados por las inundaciones debido, dice el IDEAM, al fenómeno de la Niña y a deforestaciones de los bosques nativos, la percepción que nos dejan estas noticias novembrinas es: ¡otra vez lo mismo! Qué pasa en nuestro país que no hemos logrado controlar los ciclos de la naturaleza o por lo menos prepararnos para ello, para mitigarlos previniendo. Cuando nos informan que el 56% del Departamento del Chocó están afectado por el invierno, y que es la región de Colombia con mayores índices de pobreza, solo podemos pensar para decirlo en colombiano común: ¡siempre lo mismo! Y pasan los gobiernos y si bien podemos tener infraestructura para paliar con ayudas momentáneas los desastres tanto de sequias como de altas precipitaciones pluviales, siempre regresamos a la misma situación, es la historia circular o sea la que irremediablemente se repite, desde luego para mal. Y no es que en otros países no ocurran inundaciones, aun en los de más alto desarrollo, pero quizás aquí dos factores aumentan el daño recurrente de estos fenómenos naturales: la situación de pobreza y vulnerabilidad de los hábitats de los hogares de muchas familias colombianas y la inercia y también indolencia de las autoridades de diverso nivel. A esto se une el desastre ecológico que la inconsciencia de muchos hace que les importe poco y actúan así y la politización de intereses que perjudican ecosistemas vulnerables y la inatajable deforestación de la Amazonía.

Sin intentar hacer afirmaciones absolutistas, en el sentido de que no se ha hecho nada, pero más bien poco porque de otra manera no tendíamos que ver tanta tragedia y tanto dolor especialmente con los más pobres de este país. Uno puede pensar, quizás ingenuamente, que en épocas de sequía se podrían hacer obras de contención, de encauzamiento, de barreras y que en época de invierno se pudiera canalizar agua para las épocas de sequía. Pero, parece ser que esto no ocurre, sin disponer sólo de la evidencia de los daños recurrentes del invierno. Por eso podemos decir que en estas tragedias y dificultades invernales la historia es circular. Es como una rueda de la fortuna que cae siempre al dar la vuelta en la casilla del infortunio. Es tan estructural la posibilidad de daño que pareciera no haber solución ni salida. Un circulo histórico vicioso o perverso.

De pronto lo que se ha organizado es un sistema de atención de desastres, paliativo, pero no tenemos un sistema de prevención, con obras que mitigan posibles daños que produce la naturaleza, o la mano perversa del hombre, o la vulnerabilidad de los hábitats de los pobres. Las obligatoriedades de dar atención prioritaria a estos sitios más vulnerables en épocas invernales serían de total cumplimiento para los planes de desarrollo locales, departamentales o nacionales, aun cuando los programas electorales no los hayan considerado en sus ofertas. Qué tal, por ejemplo, un año de regalías para municipios y departamentos dedicado a prevención de riesgos y basados en mapas de riesgo. ¿Esos mapas de riesgo existen y la sabiduría común lo sabe, pero porque siempre ocurre lo mismo? Esa es la pregunta que hay que hacerse y seguirla haciendo.

¿Qué cultura nos lleva a no aprender lecciones? La situación objetiva de los más vulnerables que no tienen otra opción que la ocupación de los terrenos de hábitat más riesgosos y deleznables. La indolencia de los gobernantes cuya única respuesta es muchas veces la represión policial o la simple advertencia del riesgo. En la ciudad de Barranquilla a pesar de que se han ido canalizando algunos de los temibles arroyos urbanos en que se convierten muchas de sus calles, todavía la acción no es tan contundente y se siguen produciendo víctimas y daños, por el fenómeno de fuertes aguaceros. Pero volvamos al problema cultural, a la cultura de la improvisación permanente, a vivir a muy corto plazo, a no tener perspectiva.

Habría que decir como el actor mexicano, recientemente fallecido, Héctor Suárez, ¿Qué nos pasa? Esa incapacidad e inconsciencia de pensar en el futuro, en prever situaciones de riesgo con acciones mitigantes o reductoras, no nos mueven si no cuando el problema se nos viene encima.  No hay que hacer solo simulacros de evacuación para demostrar que se está haciendo gestión del riesgo frente a fenómenos naturales o de dañina intervención humana en el territorio.  Ya mañana cuando el invierno pase volvemos a ocuparnos de otras cosas y no de pensar en que la historia se repite.

El asunto de los hábitats vulnerables en donde aprovechadores de tierras sin escrúpulos lotean terrenos deleznables o riesgosos para los más pobres que buscan un techo para sus familias es una historia vieja, tan vieja que como que nos acostumbramos a ella. Y allí reside en buena parte las peores afectaciones de los períodos de lluvias, que se vuelven más agresivos producto de los abusos ecológicos de todo tipo. Es una autodestrucción inconsciente que esa falta de perspectiva y pensamiento futuro parece no verse. Como si los que la advierten fuesen esos profetas del antiguo testamento que todos se empeñaban en no escuchar y venía el castigo divino. ¿Será un tema cultural, que los colombianos nos forjamos de otra manera que no pensamos si no en el día a día? Si es así hay que romper esa concepción, aun cuando no creo que lo sea, ni tampoco fatalistas, es decir condenados a la tragedia y a la desgracia por nuestra propia desidia, eso sí un poco pero no invencible. Conciencia que debe forjarse a partir del ejemplo gubernamental y de la formación educativa, que no se inculque que estamos condenados a 100 años de malos gobernantes, como alguien dijo, tal vez Gaitán, el pueblo es superior a sus dirigentes. ¡Que alguien comience! –

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