Desde Roosevelt en los años treinta, se generalizó en Occidente medirles el aceite a los nuevos
gobiernos, en su capacidad de gobernar, en sus primeros cien días de gobierno. Abelardo, a
menos de 72 horas de su posesión, se enfrentó con el terremoto del lunes, cuando apenas
empezaba a nombrar su equipo de trabajo. Y pasó la prueba; ha actuado y se ha comunicado con
el país de una manera serena, bien distinta de sus salidas como candidato, que eran desafiantes y
destempladas, con un fuerte aroma a fanfarronería. Quiero destacar que, en su nuevo
comportamiento, presidencial, el país vio a un gobernante, sereno y firme en sus presentaciones,
con un tono de voz tranquilo y no amenazante, que genera confianza, explicando las decisiones
del gobierno e invitando a los ciudadanos a la serenidad, en medio de la actual adversidad.
Le tocó lanzarse al agua apenas acomodándose en un puesto y un mundo que aún no conoce; lo
que se le notaba, por ejemplo, en el esfuerzo que hacía por acoplarse a la marcha militar, en su
revista a la tropa, como su comandante general; miraba a los pies de su ministro de Defensa, el
General Mora, para ver cómo se debía caminar con aire militar. Estaba, eso sí, radiante con los
militares que le rendían honores.
De su gabinete, puedo anotar que son caras frescas, todos con diferentes grados de experiencia en
el sector público, por lo que el Estado y sus intríngulis, a unos más que a otros, no les son
desconocidos. Es un equipo conformado en partes iguales, por hombres y mujeres. El nuevo
canciller arrancó, imagino que, siguiendo instrucciones presidenciales, con unas posiciones y un
tono, que no se corresponden con las de un país serio en sus relaciones internacionales, lo que ya
empieza traerle problemas y conflictos innecesarios, al nuevo gobierno. Están copiando al
milímetro los errores y arbitrariedades del presidente Trump, que han llevado a que, en su
horizonte político, se estén formando peligrosos nubarrones para las elecciones de mitaca en
noviembre en Estados Unidos, cuando un debilitado y desorientado partido republicano, su
partido, podría sufrir una derrota significativa, aún con la falta de claridad y de liderazgo de su
rival, el partido demócrata. Esta situación debería llevar al presidente de la Espriella a tener el ojo
abierto, para que esto no repercuta en Colombia. Trump es un mal ejemplo a seguir. Tengamos
claro, especialmente el Presidente Abelardo, que en este momento, no se trata de inventarnos
otro mundo, sino de lograr que el actual, el país que tenemos, funcione de la mejor manera
posible. Como se dice coloquialmente, el palo no está para cucharas.