LA CASA ENCENDIDA

Publicado el Marco Antonio Valencia

DEBATE: LA IDENTIDAD EN POPAYAN 1

RESPUESTA A UN BUEN AMIGO

Por: ALVARO GRIJALBA GOMEZ

[email protected]

Cuando lo que se escribe crea roncha, es precisamente para que los patojos se rasquen las niguas y reaccionen positivamente frente al no importismo de lo que pasa con la ciudad, insisto, atropellada, no por aquellos que han venido a integrarse a nuestra sociedad con afecto, cariño, amor, sentido de pertenencia y han aportado a su desarrollo, sino por personajes a quienes la ciudad les ha abierto generosamente sus puertas y esta les importa un bledo, salvo para usufructuarla a toda costa y costo, sin importarles nuestro patrimonio, el de todos, que menospreciado y desfigurado en sus valores y contenido, son la esencia misma de todas las ciudades grandes y pequeñas del mundo entero.

Nuestra ciudad sigue siendo atropellada por un mal entendido aporte al desarrollo, al que llamaría el metropolinismo absorbente del oxigeno que siempre hemos respirado los convivientes de este hermoso paraíso pubenence.

La ciudad ha aportado a la supervivencia generosa de muchísimos compatriotas que venidos de otras partes, hoy, por su entrega y sus valores humanos forman parte integral de esta pequeña metrópoli, hijos adoptivos unos y raizales otros ya, pero todos hijos de esta fructífera, amable y otrora apacible tierra, que defendemos quienes la queremos de verdad para que en ella sigamos cabiendo todos, como históricamente hemos cabido por encima de los depredadores que aún no la han podido acabar del todo, llámense propios o extraños.

No me importan las reacciones, salidas de tono unas, venenosas e insidiosas otras, pretendiendo enmarcar nuestro pensamiento de defensa de la identidad de nuestra ciudad, dentro de un macartismo fascista, carente de realismo genético, fachismos o xenofobismos inexistentes, incapaces de albergar espíritus limpios y transparentes como los nuestros, movidos solamente por el dolor de ver cómo nuestra ciudad se ha ido perdiendo entre nuestras propias culpas y las de otros.

La incapacidad para defenderla y gobernarla debidamente, desde tiempos atrás, es lo que ha abierto esas grandes grietas sociales, peores que las que nos dejó el terremoto del 83, grietas que no podemos rellenar ni con boñiga ni calicanto, sino con hechos que nos permitan el verdadero y firme desarrollo futurista, sustentado sobre los principios y patrones de una solidez espiritual y física, que amalgamada, nos permita construir ese futuro tan anhelado para nuestros hijos y las nuevas generaciones de patojos.

La migración  ha      sido constante histórica en esta ciudad, siempre de puertas abiertas para quienes aquí han llegado por cualquier motivo y han fijado su residencia, la gran mayoría gentes buenas y emprendedoras que han formado sólidos y hermosos hogares, llenos de fe, de respeto, de amor, de cariño y de afectos hacia esta tierra, amantísima madre que los ha acogido como a sus propios hijos para que formen parte de este gran hogar payanés.

Tengo en mi haber centenares de ejemplos de gentes buenas y emprendedoras, de ciudadanos extraordinarios y maravillosos que llegados de otros lares, con esfuerzo personal, dedicación, sentido de pertenencia y servicio a los demás, han contribuido sin lugar a duda alguna al progreso y el desarrollo ordenado de la ciudad, han generado trabajo, han sido oferentes en la prestación de valiosos servicios a todos los niveles en nuestra sociedad, como profesionales en las diferentes ramas del saber, como empresarios, como gentes de bien que respetan y quieren este terruño amado, que como toda la vida lo hemos expresado, no solamente pertenece a los payaneses y colombianos, sino al mundo.

No preocupa el despropósito de disparatadas interpretaciones de gemíparos escritores que pretenden macartizar el pensamiento defensor  de una ciudad con insulsas y desproporcionadas reseñas, que si bien hacen parte de un pasado universal unas y local otras, no encajan para censurar lo que hemos querido expresar frente a una realidad que solamente se puede sentir cuando se vive en la ciudad, al pie de la torre del reloj, o de la iglesia de San Francisco, o en la del Alto de Cauca, en la pamba o en lomas de granada, debajo del humilladero o en el parque de caldas, en pandiguando o la esmeralda, en el norte o en el sur, en el oriente o el occidente o en el centro.

Mi querido Jorge, esto para terminar. Mil gracias.

Comentarios