LA CASA ENCENDIDA

Publicado el Marco Antonio Valencia

DEBATE: IDENTIDAD DE POPAYÁN 17

Respuesta de Cleopatra a Marco Antonio

http://ciudadreflejada.wordpress.com/2013/08/22/respuesta-de-cleopatra-a-marco-antonio/

Por: Gusano Panteonero viudo de Ponce de Jarama

Breve comentario a la columna “Guerra: foráneos contra payaneses” de Marco Antonio Valencia Calle, aparecida en El Nuevo Liberal el miércoles 21 de agosto.

Nos encanta ver, en palabras de Chuchito Redentor, la paja en el ojo ajeno y obviar la viga en el propio. Popayán es una ciudad que vive a su ritmo, como las tías viejitas y solteronas que uno visita los sábados para tomar café con leche. Tiene sus cosas bonitas y feas como todos los pueblos del mundo.

Pero el columnista habla de una identidad forjada a pulso donde involucra la cuestión de la ciudad hidalga y la preservación del patrimonio histórico. Hasta ahí todo va bien. Creo, personalmente, que es necesario que nuestra ciudad potencie sus características coloniales (en aras del turismo y esas cosas), pero también es tonto hacerse el pendejo y no darse cuenta de los muchos males que los mismos patojos hemos posado sobre nuestras cabezas.

Que Popayán sea una ciudad universitaria, colonial, con lindos atardeceres y museos está muy bien, pero resulta que la ciudad vive más allá de la calle del cacho. Es más, en esto que llamamos Popayán, conviven varias ciudades: no es lo mismo la vida en el centro que en La Esmeralda; las dinámicas de Bello Horizonte y la rutina de Palacé. Que los patojos seamos reconocidos en el resto del país como gente perezosa, envidiosa, bochinchera y traicionera no es gratuito. Esa es la fama que hemos ido alimentando con nuestra muy peculiar forma de atender al público (en restaurantes, cafés y oficinas), excluyendo la diferencia y mirando por encima del hombro, confeccionando genealogías estúpidas, etc.

Elegimos a los mismos zascandiles para que sigan manejando esto como una encomienda (yo le tengo pánico a la clase dirigente payanesa) y repartan como puedan entre sus amigotes. Nos encanta agachar la cabeza cuando pasa el ‘dotor’ de turno y nos rendimos ante la mafía asquerosa que maneja el transporte público. Habrá foráneos entre esos ejemplares, pero en general, son gentes de acá. Y lo digo con un átomo de autoridad moral al ser payanés de ancestral raigambre (mucho más profunda que la del columnista), pero consciente de que esa visión, la de los abolengos y la quietud, no sirve para un carajo.

Comentarios