Inevitable

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Tributación para la prosperidad

Juan Guillermo Pérez Hoyos

Con la buena nueva de que el recaudo de impuestos creció el año pasado en un 24% sobre el recaudo del 2010, una suma sobre los $16.6 billones, se afina el proyecto de reforma tributaria próximo a entregarse al legislativo, una vez se disiparon los temores sobre la inexequibilidad de la reforma contenida en la ley 1430. La cocción del proyecto ha estado ambientada por declaraciones que dejan ver algunos criterios orientadores de lo que vendrá en materia del pago del impuesto sobre la renta, tales como disminución en la tarifa, eliminación de exenciones y ampliación del universo de contribuyentes, entre otras de impacto general. De la tarifa general del impuesto sobre la renta se dice que se propondrá disminuirla del 33% al 25% de la renta fiscal, compensando los ocho puntos con eliminación de exenciones y beneficios y hasta con el resurgimiento de la doble tributación entre sociedades y asociados; de este conjunto normativo por venir consideramos que, finalmente, el efecto será el de un aumento de la tasa efectiva de tributación de los contribuyentes y un mayor recaudo para el Estado en presencia de una reducción de la tarifa nominal del impuesto.

Pero tal vez el mayor impacto social vendrá por cuenta del aumento del universo de contribuyentes. Se calcula poner a pagar impuesto a quince millones de colombianos, matizando luego esto con la descripción de lo que sucede con aquellas personas que derivan su sustento de su fuerza de trabajo y que luego, en virtud de las normas tributarias vigentes, no deben presentar declaración de renta, caso en el cual tributan con tarifas que oscilan entre el 6% y el 10% de su ingreso bruto, en un absurdo que pone a pagar más impuestos no sólo a quiénes menos devengan, como se dice, sino a quiénes efectivamente tienen un margen de enriquecimiento que tiende a cero, o que, en el peor de los casos, es negativo, como se desprende al analizar la evolución de indicadores de movilidad social. La reforma es para devolverles los impuestos pagados vía retención en la fuente, dicen.

Pero es que en materia del impuesto sobre la renta la norma tributaria actual castiga con dureza las rentas de trabajo; a lo arriba mencionado se unen otros criterios como las limitaciones legales a las deducciones de profesionales independientes, que ocasionan el pago de impuestos sobre una renta fiscal ficticia en exceso, y la no aceptación de deducciones a los asalariados por que supuestamente para devengar un sueldo no hay que incurrir en gastos. Entonces, ampliar la base de contribuyentes implica incorporar nuevos declarantes en materia del impuesto sobre la renta, los cuales presentarán su declaración en un marco legal de tarifas más bajas, pero también de menos exenciones y menos deducciones que las actuales. Para ello es necesario, inicialmente, disminuir el límite de ingresos obtenidos para no estar obligado a declarar, y, seguramente, también bajará el límite del rango con tarifa marginal de cero para personas naturales. Este será el ambiente de tributación que encontrarán los nuevos declarantes que engrosarán, hasta llegar a quince millones de personas, el número de contribuyentes declarantes del impuesto sobre la renta.

Al pasar de un nivel de no declarantes, en donde su impuesto es igual a la totalidad de las retenciones descontadas en el año, al de obligados a declarar, ¿qué les espera a esos nuevos declarantes? Aunque aún no se conoce el proyecto de reforma tributaria ni la posición que vaya a tomar el legislativo en tan espinoso asunto, no resulta creíble el planteamiento de que a ellos se les va a poner a declarar para tener el vehículo legal, la declaración de renta, que permita devolverles las retenciones descontadas en exceso. Eso es tanto como decir que se va a hacer una reforma tributaria para disminuir el recaudo.

Consideramos que los nuevos declarantes, que no nuevos contribuyentes, van a encontrar un escenario en donde los ingresos obtenidos serán beneficiados con mínimas exenciones y donde las deducciones serán especie en vía de extinción, de tal suerte que la brecha entre su ingreso bruto y su ingreso gravable tendrá un espacio casi imperceptible. Así, al aplicar la nueva tarifa y los nuevos rangos de las tablas de impuestos, el contribuyente se sorprenderá al ver que la retención descontada es insuficiente y que, en consecuencia, tendrá que adicionar otras sumas de dinero para completar la cuota de tributación. Sólo así se puede explicar una reforma tributaria orientada a aumentar al máximo el número de contribuyentes declarantes del impuesto sobre la renta. El argumento de reformar para devolver impuestos es primoroso, pero no es real.

Para terminar, cabe preguntarse para qué gravar más y más las rentas de trabajo cuando todo el grupo de personas naturales aporta dentro del recaudo del impuesto de renta el 3.3% del total recaudado. Eso es meterle pueblo a la reforma tributaria.

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