George o nomics

Publicado el

¿Democracia o Mercadeo?

TRUMP

 

Hace tiempo llego la hora de cuestionar el funcionamiento de las democracias, no término de entender porque en aras de los sistemas participativos se permite a funcionarios sin las calificaciones necesarias acceder a cargos de administración pública donde disponen de billones de dólares de presupuesto más con corazón político que con mentalidad de estadista. Cada vez más prima el deseo de capturar bases políticas por encima de la planeación estratégica y la visión a largo plazo.

Las democracias son excesivamente vulnerables a prácticas de corrupción; la compra de votos en muchos casos es una empresa criminal de altísima rentabilidad, donde el costo de cada votante pagado se recupera en exceso por medio de las coimas recibidas en contratos, mismas que son capaces hasta de moldear votaciones en cuerpos legislativos.

La demagogia no fundamentada se convierte en el camino más rápido de acceso al poder, dile a la gente lo que quiere escuchar sin importar si las propuestas cuentan con fundamento, si hay los recursos para ejecutarlas, la prioridad es lograr la elección y garantizar la supervivencia en el ruedo político.

 

¿Mal exclusivo de los pequeños?

Debo confesar que hasta hace poco creía que esos problemas si bien no eran exclusivos de naciones emergentes, era en esos lugares donde presentaban un riesgo sistémico, en economías desarrolladas, dado su alto nivel de formación, productividad y calidad de vida, la población debería ser más dada a cuestionar a sus candidatos, a evaluar con visión de largo plazo y a no comprometer la sostenibilidad de sus naciones.

Sin embargo el desarrollo de las elecciones primarias en Estados Unidos lleva a cuestionar este supuesto.

Sin importar lo que se piense de los Estados Unidos, su nivel de desarrollo y competitividad son un referente (no lo digo yo, lo dice el Foro Económico Mundial), los niveles de productividad, fortaleza institucional, progreso tecnológico, la solidez de sus partidos políticos todos denotan una democracia de altísima solidez, EEUU tiene dos partidos políticos que “supuestamente” agrupan las convicciones de sus habitantes, los dos han dominado durante siglos el espectro político, a diferencia nuestras naciones donde cada que hay un enfrentamiento entre dos líderes de un partido, nace un nuevo partido.

Por eso sorprende que un personaje como Donald Trump, ahora se perfile con una ventaja demoledora, como el más probable nominado republicano en las elecciones presidenciales. Sin duda Trump demostró en esta ocasión la misma astucia que ha mostrado en los negocios, no se lanzó como un candidato independiente, sino que se escabulló en un abanico extenso de precandidatos republicanos, algo curioso, por que no hace muchos años se hacía llamar un demócrata.

Ahora pasemos a lo verdaderamente preocupante, a pesar de haber pisado cayos que para cualquier contendor habrían significado la muerte política, Trump sigue liderando, su discurso abiertamente racista, el haberse burlado de discapacitados, cuestionar el “record” de servicio militar de una persona como John McCain (quien tuvo que sobrellevar años de prisión y tortura en Vietnam, en el tristemente célebre “Hanoi Hilton”, habiendo incluso rechazado la posibilidad de ser liberado anticipadamente cediendo su turno a prisioneros con más tiempo de retención), deberían haber sido suficientes para reducir su intención de voto a la más mínima expresión,  por el contrario, su popularidad no ha sufrido, Trump no hace los esfuerzos comunes de los políticos por parecer un “hombre de la gente” todo lo contrario, alardea de su riqueza, exhibe sus estados financieros auditados y como el bien lo dijo, podría asesinar a alguien en Park Avenue y los votantes lo seguirían apoyando.

La popularidad de Trump apela a su facilidad para crear crisis imaginarias, EEUU se recuperó en tiempo record de su mayor quebranto económico desde la gran depresión de los treinta, sus niveles de empleo están en niveles más que saludables, y mantienen tasas de crecimiento sostenido.

Sin embargo Trump consiguió convencer a una enorme parte de los votantes que el país está en crisis, su imagen inventada de una nación en declive, irrespetada por sus enemigos, con unos líderes débiles que entregaron el país al Islam y a sus socios comerciales a través de acuerdos de libre comercio; si bien carece de sustento, le sobran adeptos. Esa imagen fabricada por él, junto con la promesa de replicar su éxito en los negocios (que también es cuestionable) al momento de conducir la nación más poderosa del mundo, lo tienen ad portas de una nominación republicana, aun cuando el grueso de sus propuestas son fantasías: un muro que cubra toda la frontera con México pagada por esa nación, deportación inmediata de millones de ilegales, prohibición de entrada a los musulmanes a EEUU, desconocer los tratados de libre comercio… En fin, lo triste es que cuando es confrontado por la sustancia de sus propuestas, responde con evasivas, y el electorado continúa enamorado.

Esta situación no deja de tener cierta similitud con la forma en que Hugo Chávez llego a dirigir Venezuela, como Colombia re-eligió a Juan Manuel Santos basados solo en el encanto de la paz, ignorando los ríos de gasto improductivo que nos tienen un paso más cerca de perder el grado de inversión, o como Grecia eligió a Tsipras encantados por un discurso nacionalista-populista que solo duró hasta que la Unión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo lo confrontaron con la realidad.

De ahí la necesidad de encontrar un mecanismo que haga a los candidatos responsables de sus promesas, a nivel constitucional deberían existir “chequeos de realidad” para las propuestas de gobierno, ¿cuánto cuestan sus planes de gobierno?, ¿Cuánto planea gastar en inversión y cuanto en gasto improductivo?, ¿Cómo se compara eso con el PIB de la nación?, ¿Cómo se compara con el recaudo tributario actual?, ¿cómo va a pagar por sus propuestas?, ¿Cuánta deuda va a necesitar?, cada plan de gobierno debería someterse a una prueba de estrés financiero de la misma rigurosidad que la que se hace a los bancos, esta operaría como garante para evitar que a punta de discursos se conquisten los cargos, el riesgo es altísimo, no solo lo padecemos nosotros sino que nuestros errores como electores los pagan la generaciones futuras.

Comentarios