Esto mejora, pero no cambia

Publicado el Polo Díaz Granados

Cómo ganarse $400 mil por hora en Santa Marta

Amigo samario, ¿Cómo te caería un trabajito en Santa Marta en el que te paguen unos $400 mil pesos por hora? ¿Te llama la atención? ¿Es más de lo que te ganas ahora? ¡Bueno, te la tengo! Lánzate al Concejo en las próximas elecciones.

Lo que les cuento en el blog de esta semana está muy lejos de cualquier mamadera de gallo. Resulta que, aunque usted no lo crea, los honorables concejales de nuestra ciudad se ponen un salario como el que les acabo de decir, ¡y hasta más! ¿Y saben por qué? Porque estos políticos tienen un sistema de salario que cualquier vago -entiéndase por vago, al que no le gusta trabajar- quisiera tener: entre menos trabajen, se cotizan más.

Les explico: de acuerdo con la ley 1368 de 2009, que reglamenta los honorarios de los concejales del país, los ediles de Santa Marta, que pertenecen a la Categoría Primera, se ponen actualmente $329.091 por sesión. Pero resulta que esta ley lo único que plantea es que los concejales se ganan su platica solo por el hecho de asistir a la sesión, mas no se aclara el tiempo mínimo que estas deben durar. ¡Y ahí es donde viene el papayazo!

Pues bien, después de revisar un juicioso análisis realizado por el Observatorio Concejo Visible al periodo de sesiones de marzo y abril de los concejales de Santa Marta, uno se pilla detallitos como que más de la mitad de las sesiones convocadas en marzo – por ejemplo- no duraron más de media hora.

¡Peor aún!, hasta hubo sesiones que duraron 5 minutos: lo que se demora uno en llegar, saludar, decir presente y con las mismas irse a rascar la barriga a la casa con la satisfacción del deber cumplido y el bolsillo lleno con plata de los samarios.

¿Todavía no me crees? Haz tú mismo las cuentas… En la tabla que aquí encuentras vas a ver el registro de las 24 sesiones que convocaron los concejales en marzo y el tiempo que duró cada una de ellas; ahora sabes que ganan por sesión, así esta dure solo cinco minutos (como la del domingo 10 de marzo)… ¡Así que dale!, saca la calculadora e indígnate:


Después de ver vainas como estas, uno concluye que mientras que tú y yo trabajamos por ahí unas 160 horas pa’ ganarnos algo decente con qué vivir al final del mes, los concejales de La Samaria la cogieron suave y, solo con trabajar lo equivalente a 2 días de trabajo (19 horas) en marzo, se fueron pa’ la casa con casi $8 millones (apenas pa los dulces), los cuales pagamos de nuestro bolsillo.

No sé ustedes, pero a mí sí me saca la piedra que los samarios terminemos costeándoles la buena vida a 19 concejales por ir a tomar tinto al recinto, o limonada en la esquina de la Pica Pica, ¡que es lo mismo!. Lo que nosotros de verdad queremos ver es a concejales comprometidos con su labor, debatiendo los temas de la ciudad y dedicando tiempo en sus sesiones a monitorear la gestión de la Alcaldía y haciendo control político. ¡Sesiones que deben durar horas y no minutos!

P.D. Todavía me acuerdo que en alguna sesión, un concejal inició su intervención saludando a los presentes en el recinto, entre esos a los que se refirió como “Concejo Invisible”… Vea usted las vueltas que da la vida, que con el paso del tiempo, este Observatorio ha demostrado que los verdaderos invisibles han sido los propios concejales. ¡Pónganse serios!

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A propósito… Los concejales de Santa Marta están estrenando sillas de ejecutivo (vea la foto de los sillones aquí). Según el concejal Ricardo Diazgranados (solo pa que lo referencie, sobrino del de los kit escolares), esos sillones se consiguieron gracias al «aporte de la empresa privada», tal como lo dio a conocer en una carta que le envió al Diario del Magdalena… Pero lo bueno del cuento no lo ha respondido el concejal Diazgranados: ¿Aporte de la empresa privada? Sí, muy bien, pero ¿cuál empresa privada hizo el regalito de las sillas ejecutivas pa todo el mundo? ¿A cuenta de qué? ¿A cambio de qué? ¿Por pura caridad?

El concejal Diazgranados dijo por Twitter que fue pura gestión de él y que lo que pasa es que las cosas positivas los periodistas queremos registrarlas como negativas. Yo, en cambio, vuelvo y digo: ¡Piensa mal y acertarás! Todavía ando esperando el dato de quién fue el que regaló las sillas…

¡Sanseacabó!

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