ESTADO DE COMA

Publicado el Eliana Samacá

Paseo de la muerte

 “El embarazo no es una enfermedad, solo es un estado por el que pasan las mujeres”. Ese es el argumento que tiene Paula Sánchez* desde que su mamá  —Norma Sánchez*—murió  24 horas después de dar a luz a su tercera hija.

 Víctimas de la delincuencia común, víctimas del sistema de salud, víctimas de un error médico. Carlos*, Paula*, Daniela* y Marcela* son los más afectados en esta historia. Él perdió al amor de su vida y ellas perdieron a su mamá.

Todo inició el día 24 de marzo del 2003 a las 7:00 de la noche,  cuando dos delincuentes comunes entraron a su casa ubicada al occidente de Bogotá. Norma estaba en su cuarto en compañía de su esposo Carlos Sánchez cuando sintió unos ruidos que la alertaron. Al bajar al garaje de la casa vio a su hermano Mario* forcejeando con uno de los ladrones.

Ella tenía 36 semanas de embarazo y por el susto de lo que acababa de ver tuvo un fuerte sangrado vaginal. Esa misma noche acudió al servicio de urgencias de su EPS, estuvo 6 horas en observación y el médico de turno le dijo que todo estaba bien, que solo había sido el susto, pero que estuviera en reposo.  Esa noche todo parecía estar bajo control, el embarazo seguiría y su trabajo como profesora podría continuar.

El 25 de marzo el sangrado continuaba y por eso su esposo Carlos la llevó a una clínica materna del sur de la ciudad donde le habían programado la cesárea. Esa tarde ella dejó su casa y a sus dos hijas; Paula de 13 años y Daniela de 4. Todo parecía ser un simple sangrado, pero nadie se imaginaba que después  de esa semana sus vidas darían un giro inesperado.

Al llegar a la clínica a las 3:00 pm Norma fue hospitalizada. El 26 de ese mismo mes le dio una infección urinaria que fue controlada con antibióticos. Según los médicos todo era normal. El 29 de marzo le iban a dar de alta, pero antes le hicieron un monitoreo fetal para ver la frecuencia cardiaca de su hija. La  bebé tenía taquicardia. Así era imposible dejarla salir de la clínica porque el feto estaba en peligro de muerte, continuó en observación, pero el ritmo cardiaco no disminuía.

A las pocas horas, el médico dijo que tenía que intervenirla. Él afirmaba que todo estaba bien, pero por el bien de la bebé lo mejor era que naciera de inmediato. A pesar de tener tan solo seis meses y medio. Paula recuerda que su papá llamó a la casa y le pidió a su cuñada que le llevara las cosas del bebé porque ya iba a nacer. Todos se sorprendieron porque Norma aún no tenía el tiempo de embarazo necesario y ni siquiera sabían si era niño o niña.

A las 9:20 pm del 29 de marzo nació Marcela Sánchez*  por cesárea en una clínica materna- infantil del sur de la ciudad. Fue la tercera hija del matrimonio de Carlos y Norma. Era la nueva ilusión de sus padres y de sus hermanas que esperaban con ansias su nacimiento. El doctor que atendió el parto dijo que la cirugía había sido un éxito, que tanto la mamá como la niña estaban sanas. Carlos preguntó si era posible verlas y el médico le contestó que no, pues aún estaba bajo los efectos de la anestesia y la bebé estaba en la sala de neonatos y ya era tarde. El galeno le recomendó que se fuera a descansar, pues el peligro había pasado.

Al llegar a su casa, Carlos se dirigió a la alcoba de su hija Paula para contarle las últimas noticias. A los cinco minutos su teléfono celular timbró, era el doctor, llamó para informarle que las cosas con su esposa se habían complicado y lo necesitaba urgente de regreso en la clínica para que autorizara el traslado a otro hospital. Carlos se angustió, se desesperó, no entendía lo que estaba pasando si hacía una hora todo estaba bien, cómo era que ahora lo llamaban a decirle que su esposa estaba grave.

Él dio la autorización por teléfono y pidió que hicieran lo necesario, pero que salvaran la vida de su esposa. El médico le informó que  había sido trasladada a una clínica del norte. Carlos se dirigió al lugar y esperó a que su esposa llegara. A las primeras horas de la madrugada del 30 de marzo Norma llegó en una ambulancia. Su esposo recuerda que cuando la bajaron estaba desgonzada, pálida, se veía muy mal. Él preguntó de inmediato que le había pasado, pero el médico del segundo lugar estaba igual de confundido, pues la paciente había sido remitida en un mal estado y sin historia clínica.

La única información que tenía el médico era que la paciente había convulsionado y había sufrido tres paros cardio respiratorios en una hora. Todo ocurrió  en el trayecto del traslado de la clínica del sur al norte. El doctor le dijo a Carlos que la única forma de saber que tenía su esposa era abrir nuevamente  la herida de la cesárea para examinar qué había pasado en el procedimiento. Su esposo aceptó, él lo único que quería era que su esposa se salvara.

A pesar del mal estado en el que estaba Norma, ella pidió ver a su esposo antes de la intervención. Al verlo sus ojos se llenaron de lágrimas y ya presentía lo que estaba por venir. Carlos le contó que había tenido una niña, él recuerda que ella  le dijo: “tienen que ser muy fuertes porque lo que va a venir va a ser muy duro para todos”. Esas fueron las últimas palabras que escuchó de su esposa.

El médico hizo la intervención y encontró una fuerte hemorragia interna, la cual se  supone que se produjo por no suturar bien una de las trompas de Falopio, pues Norma tenía 36 años y ya había tenido tres cesáreas, por lo tanto había autorizado que se  le realizara la cirugía de ligadura de trompas, un procedimiento normal que no implicaba riesgo aparente.

Norma tenía una hemorragia severa, ya le habían aplicado tres unidades de sangre en la primera clínica. El médico de la segunda clínica decidió realizarle una histerectomía (operación para extraer el útero) para disminuir la hemorragia. Al terminar el procedimiento el doctor le dijo a  Carlos que no podía tenerla allí  porque no había lo que ella necesitaba y podía morir en cualquier momento.

A pesar de realizarle la histerectomía la hemorragia no disminuyó, le aplicaron tres unidades más de sangre, pero su cuerpo ya no funcionaba bien, toda la sangre se fue para el abdomen, mientras su cerebro, sus pulmones, su corazón y cada uno de sus órganos se quedaban sin sangre para oxigenarse. 11 años después, su hija Paula cuestiona fuertemente a la clínica y afirma: “En esa clínica no había respirador, es una clínica que aparentemente es de un buen nivel, pero esa noche no había nada, a duras penas había camillas y suero para colocarle”.

La EPS no tenía un centro asistencial donde pudieran atender a la paciente, pues ella en ese momento necesitaba atención especializada. Solo había una clínica con la que tenían convenio, pero esta no contaba con el espacio para recibirla. Mientras Norma se debatía entre la vida y la muerte, su esposo estaba haciendo hasta lo imposible para tenerla a su lado. Uno de los familiares de los Sánchez era médico de la clínica de convenio. Carlos le suplicó para que le ayudara. Finalmente lograron conseguir un cupo. A las 6: 00 am del 30 de marzo fue trasladada a la  Unidad de Cuidados Intensivos de la tercera clínica.

Los médicos no le daban muchas esperanzas a Carlos, pues Norma estaba viviendo con respiración artificial. Él recuerda que los médicos le dijeron  que sí su esposa se salva podía  quedar en estado vegetativo, iba a requerir  respirador, de pronto quedaba inconsciente, con muerte cerebral o con problemas de riñones y de hígado; porque estuvo sin sangre mucho tiempo. Le dieron la opción de desconectarla, pero  respondió con un NO rotundo, pues a pesar de los terribles diagnósticos su esposo tenía la esperanza que Norma podía salvarse y el amor que sentía por ella hacía que su ilusión tuviera una razón de ser.

Carlos  le alimentaba la misma  esperanza a su hija Paula, pues siempre le aseguró que todo iba estar bien.  A pesar de la fe que tenía y de todos los esfuerzos, Norma murió el 30 de marzo de 2003 a la medianoche. Según el certificado de defunción, fue muerte natural, pero a los pocos meses Medicina Legal esclarecería los hechos y pondría a conocimiento de la familia los acontecimientos que contribuyeron a la muerte y que les fueron ocultos.

Paula recuerda que le dieron la noticia el 31 de marzo a las 3:30 de la tarde, su papá le dijo que los médicos no habían podido  hacer nada y su mamá ya estaba muy mal. Al recordar ese momento Paula baja la mirada y cuenta: “para mí fue  terrible, se me acabó el mundo, se me cayó el mundo a pedacitos, porque yo era una persona muy consentida yo no hacía absolutamente nada en mi casa”. No solo era la noticia de quedar sin mamá, sino que también su vida debía tomar un nuevo rumbo, era la mujer de la casa,  con una hermana de cuatro años y otra  de apenas dos días.

Después de enterrar a su mamá Paula con 13 años tenía que ir los días que su papá no pudiera a la unidad de neonatos donde estaba Marcela, solo estaban autorizados ellos dos para estar con la bebé. Cuando no estaba en el hospital tenía que hacerse cargo de Daniela de 4 años, quien preguntaba por su mamá todos los días. Paula recuerda que sufrió un duelo extraño, por un lado era la pérdida de su mamá, pero por otro lado estaba feliz porque su hermana estaba viva.

Marcela tuvo que permanecer un mes y medio en incubadora por ser prematura. Paula al recordar los primeros días de su hermana menor, cuenta como la veía ella en ese entonces: “Era muy pequeña, muy fea, era transparente, era muy feo verla”. Mientras Marcela estuvo en la clínica Paula logró tener su mente ocupada, tenía que ir al colegio, a la unidad de neonatos, estar al cuidado de Daniela y de los quehaceres del hogar; estaba tan llena de cosas y de responder bien en todo, que a ratos lograba olvidar la muerte de su mamá.

Pero al mes y medio Marcela salió de la clínica, era una bebé canguro. Eso implicaba que tenía que tener un cuidador que la tuviera las 24 horas refugiada en su pecho para conservar la temperatura necesaria para vivir. Carlos tomó la responsabilidad y para ello tuvo que ausentarse de casa por cinco meses, pues en la casa donde vivía con sus hijas, había muchas personas: sus suegros, cuñadas y sobrinos. Se fue a la casa de su hermano donde Marcela iba estar lejos de las curiosidades infantiles de su hermana Daniela y demás primos.

Esos cinco meses fueron los más difíciles para la familia Sánchez Sánchez. Carlos tuvo que dedicarse por completo al cuidado de  Marcela, porque además de ser su cuidador debía llevarla todos los días a la clínica para controlar el peso y el ritmo cardiaco. La responsabilidad con su hija menor le impedía ir a estar al pendiente de la empresa agrícola donde tenía galpones de pollos y gallinas. A los pocos meses su negocio se fue a pique, era imposible estar pendiente de todo.

Por otro lado estaban Paula y Daniela que quedaron desprotegidas, acababan de perder a su mamá y su papá no podía estar con ellas. La mayor de las hermanas Sánchez empezó a tener más tiempo para pensar en el vacío que había dejado su mamá. Ella recuerda que a los dos meses su familia estaba riendo normal, como si nada hubiera pasado, mientras que ella por dentro sentía que estaba muriendo. En pocas palabras ella afirma que se sentía así: “yo estaba en la inmunda, yo estaba pésimo, yo iba al colegio y parecía un zombi, a mí no me importaba nada, no quería nada”. Por su lado Daniela no recuerda muchas cosas, solo preguntaba por su mamá, pero entre el juego con sus primos se mantenía entretenida y a su corta edad ignoraba la muerte de Norma.

Paralelo al duelo que estaban pasando, iniciaron una demanda en contra de la EPS y las dos primeras clínicas en las que estuvo Norma. Para la familia Sánchez, no fueron normales todos los procedimientos que le habían hecho, ni mucho menos que en 24 horas tuviera que pasar por tres clínicas.  Al ver lo ocurrido, Fernando Sánchez, cuñado de la víctima y abogado pidió de inmediato la custodia de la historia clínica para que no le cambiaran nada e inició un proceso.

Fueron siete años de proceso, tres audiencias iniciales  de conciliación, dos en donde la EPS estuvo ausente y  en la tercera se presentó y le dijo a Carlos que le daban 50 millones de pesos, a pesar que ellos no tenían la culpa, pues la EPS se mantenía en que no hubo ni fallas médicas ni institucionales. Carlos  y su familia no estaban esperando dinero, eso no les iba a devolver a Norma, ellos solo querían que se hiciera justicia, que tanto el médico como la EPS reconocieran las fallas.

A él no solo lo impulsaba lo que había pasado con su esposa, pues uno de los días que estuvo en la unidad de neonatos se encontró con un hombre de 27 años que estaba al lado de la incubadora de su hija. Carlos y el joven entablaron una conversación con esta persona, quien les contó que su esposa de 22 años  había muerto. La historia era la misma de Norma. En menos de un mes, dos mujeres perdieron la vida. Las dos pertenecían a la misma EPS, las atendió el mismo doctor y pasaron por las mismas clínicas. A Carlos lo impulsaba la sed de justicia no solo por su esposa, sino por el resto de mujeres que quizá murieron en la misma situación.

En el 2010 el fallo final condenó a la EPS  a indemnizar a la familia Sánchez. Los análisis de Medicina Legal fueron definitivos para resolver el caso y salieron a la luz cosas que desconocía la familia. A Norma la dejaron caer de la cama en la primera clínica, pues en la necropsia  se detectó un hematoma de 10 cm. No fue la causa de la muerte, pero contribuyó. La transfusión de sangre que le hicieron en la primera clínica fue equivocada, Norma era A+ y  le inyectaron B+. Además en el resultado de  la  histerectomía  se vio una sepsis generalizada, es decir que en la cesárea entró un microorganismo que generó una infección. Ese diagnóstico dejó claro que no fue una muerte natural  como la EPS le quería hacer creer  a la familia. Después de siete años de proceso la EPS reconoció que la muerte de Norma fue una secuencia de fallas y aceptó la culpa.

La EPS y la familia Sánchez se sentaron acordar una cifra, tenían que negociar  cuánto valía la vida de Norma. Paula recuerda que para ella y su papá fue una situación incómoda, porque la plata no iba a regresar ni a la mamá, ni a la esposa que perdieron. El trato se cerró. $300 millones fue la suma que la EPS pagó a la familia Sánchez a manera de indemnización por los errores cometidos con Norma. Pero para recibir el dinero tuvieron que firmar un papel en donde se comprometieron  a no salir en noticieros, ni en ningún medio de comunicación donde su historia fuera pública. Además no podían hacer nada en contra del médico que atendió la cesárea. En pocas palabras Paula afirmó: “ La EPS y el médico ya quedaron bien”.

Paula cuenta que incluso el doctor que atendió a su mamá y que cometió los errores que la llevaron a la muerte sigue trabajando en la EPS. Ella afirma con sarcasmo: “El médico no tuvo ningún problema, todo siguió como si nada”.

La ‘justicia’ se tardó 7 años, pero llegó; sin embargo para la EPS y el médico Norma fue una persona más que murió, pero para Carlos, Paula, Daniela y Marcela las cosas no fueron tan sencillas como desprenderse de unos millones de pesos. Para ellos ha sido la pérdida más grande de sus vidas y quizá nunca lo lleguen a superar. Una falla médica no solo puede acabar con la vida de una persona, sino que también puede acabar con la vida de sus familiares.

Cada uno de los miembros de la familia tuvo su duelo por separado e hicieron lo que pensaron mejor en su momento. Carlos se mostró fuerte ante la situación, no lo hizo por él, sino por sus hijas, pero el estrés y el insomnio fueron por mucho tiempo sus acompañantes. Las fechas especiales  como Navidad, Año Nuevo y el 11 de agosto —cumpleaños de Norma—no son motivo de alegría para él, por el contrario esas fechas son en las que la tristeza se adueña de él y lo refleja en su rostro. Su hija Paula recuerda que su papá en esas fechas  no quiere hacer nada, le da mal genio y reprocha porque los médicos se meten a ser doctores si no pueden ser responsables. Carlos no ha querido organizar su vida con otra mujer, pues para él lo más importante es sacar a sus hijas adelante.

Paula por su lado tuvo que dedicarse a su familia. Al inicio fue difícil, pasó de ser la consentida a ser la que tenía que llevar las riendas del hogar, pero cuando tenía 14 años encontró un escape en el licor. Ella recuerda que duró cuatro años en los que tomaba todos los fines de semana. Hoy recuerda con vergüenza: “era una excusa para olvidarme  de todo o pues si quería llorar a cántaros yo tomaba  hasta que me emborrachaba  y  prácticamente quedaba inconsciente, yo me quería olvidar de todo,  no quería saber nada”.

Ella recuerda que a los 17 años tuvo una experiencia que la hizo cambiar. Un día llegó a su casa muy borracha, se encerró en el baño  y al llegar su papá la miró con decepción. Paula cuenta que esa experiencia y la pena que sintió con toda su familia, fue fundamental para su cambio.

A pesar que se emborrachaba, entre semana no dejaba de cumplir con sus obligaciones y lo sigue haciendo, pues con orgullo  cuenta: “me toca ir a reuniones del colegio, responder por mis hermanas, me toca estar pendiente de la comida, del uniforme, son como mis hijas, son mi prioridad, primero ellas y después yo”. Entre risas dice que le ha tocado sacar sus habilidades manuales, pues si a Daniela o Marcela les toca llevar un disfraz  o una maqueta tiene que trasnochar y hacerlo, como quizá lo haría su mamá.

La muerte de Norma fue definitiva para que Paula decidiera  estudiar Enfermería, pues ella argumenta que estudia eso porque no quiere que se cometan los mismos errores que se cometieron con su mamá. Ella detalla: “estudié Enfermería por contribuir  a evitar esos errores que me pasaron y pues que igualmente marcaron mi vida y me dejaron trauma”. Es consciente que sola no puede generar un cambio, pero sueña con poder contribuir en políticas de proyectos que permitan mejorar la atención  a las personas y evitar que mueran por fallas médicas.

Daniela no recuerda mucho a su mamá, solo tenía 4 años cuando ella murió, pero hoy tiene recuerdos imborrables como el abecedario, los números y las tareas que Norma le ponía todos los días.  Su familia quitó las fotos de la casa y cualquier cosa que se la pudiera recordar y Paula entró a suplir todas las necesidades de Daniela.

Marcela no pudo conocer a su mamá, pero tiene claro que dio su vida por ella. En su diario vivir  ha contado con mujeres como su tía y su hermana mayor, aunque nadie podrá reemplazar a Norma. La familia Sánchez Sánchez sigue afiliada a la misma EPS, pues desde que murió Norma la atención es mejor, no tienen que pagar citas médicas, medicamentos, ni exámenes. Ellos aseguran que a pesar de los errores cometidos, no significa que la EPS sea mala.

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* El nombre de la víctima y de sus familiares fue cambiado por petición de ellos mismos y  no se mencionó el nombre de la EPS, ni de clínicas y  ni de médicos, debido al acuerdo que la familia hizo con la institución de no llevar el caso a medios de comunicación; por ello esta historia carece de apoyo visual.

En este caso fue imposible obtener la declaración de la EPS y los médicos, porque la familia Sánchez concilió, en ningún momento la institución fue condenada.

 

 

 

 

 

 

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