Ese extraño oficio llamado Diplomacia

Publicado el Asociación Diplomática y Consular de Colombia

EL PRIVILEGIO DE SER*

Abro Google y escribo: ¿cuál es el costo del arriendo en esta ciudad? ¿proveedores de agua/luz/gas? ¿es el matrimonio igualitario válido en este país? ¿mejores formas de moverse en la ciudad? ¿cuáles son los espacios queer aquí? ¿es seguro ir de la mano con mi pareja por la calle? ‘barrios más seguros para vivir si eres queer’ ¿es la ciudad queer friendly? ¿es posible establecer una familia homoparental aquí? Cierro Google y suspiro pensando en estas preguntas, me rasco la cabeza pensando en salir del closet como una actividad eterna, una que pasa cada que cambio de oficina, de barrio, de país, de círculo de amigos, una actividad que representa un hueco en el estómago, aunque se haga por millonésima vez: ¿tienes esposO? Así, sin la mínima duda o posibilidad de que sea esposA porque la sociedad ha condicionado que esta es la opción ‘normal’, la que se debería preguntar por defecto, como quien pregunta casi una obviedad.

Soy Estefanía, tengo 33 años y soy una mujer queer, lesbiana, una mujer que ama a otras mujeres y soy también diplomática de carrera. También soy hija única de una madre soltera que me crio con un salario mínimo e hija de la universidad pública, la segunda madre que me acabó de educar cuando llegué a la gran ciudad con una maleta debajo del brazo. Soy todo eso y muchas cosas más, pero en junio, cuando las banderas arcoíris enaltecen el existir de quienes somos queer me permito alzar la voz más fuerte que siempre para celebrar mi vida y la de les colegas que como yo, nos enfrentamos a esta búsqueda en Google cada que somos destinados a un nuevo país.

Ser queer es un constante fuego de dolor que nos lleva a las cenizas y nos hace renacer, nos acaba y nos salva al mismo tiempo, llena de lágrimas y miedo que de repente se transforman en energía imparable de subsistencia, un dolor profundo que nos lleva al fondo y nos impulsa a buscar alternativas a innovar, a crear espacios, construir familias que no son de sangre y existir. Ser diplomaticx y ser queer es enfrentarse a la ansiedad profunda producto de las respuestas que arroja el navegador en torno a si podemos ser amadxs, queridxs, si nuestra existencia es compatible con este oficio que elegimos por vocación.

En junio deseo con el corazón libertad para todes, para les colegas que han tenido que decidir si van a países en donde sus esposas o esposos no son reconocidos como tal porque literalmente NO EXISTEN y deben ser acreditadxs como trabajadores. En 67 países del mundo es ilegal ser queer, sesenta y siete países del mundo y con ese número múltiples posibilidades de que en caso de trabajar en una Embajada o en un Consulado de esos países, nuestras vidas y las vidas de quienes amamos sean inexistentes. En junio nos deseo fuerza y valentía para quienes aun estando en otros países en donde ser queer no es ilegal, hemos sufrido algún tipo de discriminación por ir de la mano con quien amamos. Nos deseo espacios seguros para nuestras familias, para quienes ya tienen hijes y para lxs que espero tener en el futuro.

Este escrito es para mí, para ustedes, para todes quienes ojalá algún día no tengamos que hacer esas búsquedas en la internet, para que nosotres estemos donde estemos podamos ser. Este escrito es también para que con fuerza y responsabilidad no paremos de educarnos como diplomáticos para que en nuestras posiciones seamos respetadxs y vistxs, para que en nuestras posiciones laborales -y en todas partes- respetemos y hagamos respetar las identidades diversas, para que en nuestros espacios laborales no haya cabida a la discriminación, para que en nuestras oficinas se reconozcan los géneros de las personas trans, para que no paremos de conocer nuestra existencia y de hacer valer la nuestra y la de lxs demás ante el mundo.

Sí, nuestro orgullo es también responsabilidad, sí, quienes somos desde el privilegio también es de uno u otro modo la posibilidad de que otres también sean con nuestro ejemplo, nuestro legado y el trabajo que hacemos todos los días desde nuestros escritorios. Y sí, este también es el llamado para que la sociedad como aliada acepte nuestra existencia y la celebre. Estamos, somos, existimos y eso jamás cambiará.

*Estefanía González, es Filóloga Germanista de la Universidad Nacional, Segundo Secretario de Relaciones Exteriores y actualmente se desempeña en la Dirección de América en el Grupo Interno de Trabajo de México y Centroamérica. Hace parte de la Mesa de Género del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Nota: por considerar que corresponden al estilo de la autora, el Comité Editorial de Asodiplo no realizó modificaciones a los giros gramaticales ni llevó a cabo corrección de estilo. 

El contenido de cada blog es responsabilidad exclusiva de los autores y no compromete a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia.

 

Comentarios