Ese extraño oficio llamado Diplomacia

Publicado el Asociación Diplomática y Consular de Colombia

DIPLOMACIA MULTICOLOR: Breve disertación sobre la dimensión de la orientación sexual y la identidad de género en la política exterior *

A finales de junio e inicios de julio se llevaron a cabo en gran parte del mundo las marchas del “orgullo” gay. Fiesta que celebra la diversidad y el reconocimiento de poblaciones tradicionalmente en situación de vulnerabilidad, y que busca la afirmación de la igualdad de derechos. Resultaba especial en esta ocasión por cumplirse los 50 años de los disturbios de Stonewall en Nueva York, origen de la marcha del orgullo. En este marco, en algunas capitales, incluida Bogotá, embajadores de diversos países promovieron la campaña “Embajadores del Orgullo”, que puede entenderse como una expresión de la política exterior de sus países.

Generalmente, al pensar en la comunidad LGBTI o la orientación sexual e identidad de género en el plano de las relaciones internacionales, la perspectiva desde la que se aborda es la de nociones anodinas, como la “agenda rosa” o la “ideología de género”. El tema también se percibe como una campaña del imperialismo cultural de occidente o de una mafia LGBTI que quiere imponer su agenda a través de los canales diplomáticos multilaterales o bilaterales, contraviniendo  con ello los valores de las sociedades o las normas naturales de las cosas.

Pero, ¿existe una “diplomacia rosa” o “agenda gay internacional” como algunos articulistas han pretendido llamarla con  tono despectivo?¿Cómo entender la dimensión de la orientación sexual e identidad de género en las relaciones internacionales?

Más allá de la visión en algunos estudios teóricos sobre el papel de la comunidad LGBTI en las relaciones internacionales, que generalmente se concentran en su reconocimiento como grupo y actor del sistema global y en la forma en que sus derechos son respetados o violentados, la participación de los LGBTI en la diplomacia tiene más aristas y aportes para la proyección externa de un país.

En primer lugar, la igualdad en derechos de todos los colombianos es un mandato constitucional y también está contenido en numerosos tratados e instrumentos internacionales de los que Colombia es parte, como la Carta de Naciones Unidas, la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos  y el Sistema Interamericano, además de ser un deber ético del Estado el proteger a todos sus ciudadanos y habitantes, independientemente de su género, raza, credo, situación socioeconómica, situación de discapacidad, orientación sexual o identidad de género.

Segundo, la composición del servicio exterior es una muestra de la pluralidad de la nación. Si el cuerpo diplomático de un país debe representar a todos sus habitantes, éste debería contar con personas de todos los colectivos, clases y colores, incluyendo a la comunidad LGBTI. Es así como se debe promover la participación de más gente de provincia, personas de diversas etnias y en situación de discapacidad. Colombia tiene mucho que avanzar en este sentido. A pesar de que el Gobierno colombiano ha adelantado esfuerzos por lograr una mayor pluralidad en su servicio exterior de carrera a través de la promoción en las regiones, aún se presenta una gran sub-representación de diplomáticos afrocolombianos ni que hablar de indígenas, raizales o rom, a pesar de que alrededor del 14% de la población colombiana pertenece a alguno de estos grupos étnicos. Tampoco se contemplan acciones afirmativas para la participación de la población en situación de discapacidad.

Tercero, por estar incluidos en el consenso global que el conjunto de Naciones se propuso en los próximos lustros: la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta hoja de ruta tiene como objetivo implementar un nuevo paradigma de desarrollo integral, centrado en la igualdad y dignidad de las personas y con el firme compromiso de “no dejar a nadie atrás”. Colombia no es la excepción a ese consenso global. Por el contrario, se debe recordar el papel protagónico del país en el diseño y negociación de la Agenda 2030, lo que otorga la responsabilidad de liderar los esfuerzos por su implementación y por el cumplimiento de los ODS, no sólo en territorio nacional sino en el mundo.

En cuarto lugar, porque es necesario tener en cuenta este colectivo para tener una lectura verdaderamente holística de las diferentes dinámicas o realidades sociales nacionales e internacionales y, de esta forma, dar mejores respuestas a las necesidades de los ciudadanos. Por ejemplo, en la crisis migratoria generada por la situación venezolana, las personas de la población LGBTI son víctimas de violencias y discriminaciones con expresiones diferentes, no necesariamente visibilizadas y por tanto, puede que sus necesidades específicas no sean atendidas en la respuesta que el Estado debería dar a la población migrante vulnerable.  O para hablar de una experiencia nacional, resulta interesante el reciente fallo en el marco de la Justicia Transicional que condena a las autodefensas por violencias contra el colectivo LGBTI y el informe del Centro de Memoria Histórica que recoge historias de las violencias particulares sobre miembros de esa comunidad durante el conflicto interno.

Finalmente, deben tenerse en cuenta los beneficios diplomáticos que puede dar a un Estado el convertirse en líder de la defensa de los derechos humanos, promotor de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, así como adalid del sistema global y del multilateralismo como espacio para lograr consensos sobre la base de principios universales y del derecho internacional.

En este punto, cabe resaltar que Colombia ha liderado los pocos esfuerzos internacionales para luchar contra la discriminación por razón de la Orientación Sexual e Identidad de Género que se han realizado en el marco de Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos y de algunos organismos regionales, como el Mercosur. Se destaca principalmente, el papel de Colombia en el Consejo de Derechos Humanos donde ha liderado, junto con otros países latinoamericanos, las primeras resoluciones en el marco de Naciones Unidas tendientes a luchar contra la violencia y la discriminación por razones de orientación sexual o identidad de género y la creación del primer mecanismo especializado de Naciones Unidas en esta materia (Resoluciones CDH 17/19, 27/32, 32/2 y la  A/HRC/41/L.10/Rev.1 aprobada el pasado 10 de julio)

En conclusión, la inclusión de una dimensión de la orientación sexual e identidad de género dentro de los temas de política exterior de un país es acertada y necesaria, no sólo por la naturaleza ética y jurídica de la lucha contra la violencia y discriminación por cualquier razón, sino también por la ampliación de paradigmas de interpretación de las nuevas realidades globales y por el capital político internacional que puede aportar a los Estados.

Es así como debería propenderse por una diplomacia de colores, basada en la legalidad internacional, en el respeto de los derechos fundamentales de todos y cada uno, que respete la diversidad, centrada en las personas y en obtener beneficios concretos para todos sus habitantes sin excepción.

*CARLOS ENRIQUE VALENCIA MUÑOZ. Ministro Consejero de la carrera Diplomática, actualmente  Coordinador de Mecanismos de Integración Regionales. Se ha desempeñado como Primer Secretario en la Misión Permanente de Colombia ante Naciones Unidas – Ginebra y Vicecónsul en Los Ángeles, California. Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, con Maestrías en Asuntos Políticos Económicos e Internacionales Contemporáneos de la misma Universidad y en Relaciones América Latina y Unión Europea de la Universidad Alcalá de Henares, España

 

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