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«Minesa está causando un ‘fracking’ social en los habitantes del páramo»

Genny Gamboa, alcaldesa de California, se convirtió en la primera mandataria de un municipio de tradición minera, ubicado en las inmediaciones del páramo de Santurbán, en declararse públicamente en contra del proyecto de Minesa y unirse a la defensa de los recursos naturales. En entrevista cuenta los graves impactos sociales que han dejado las multinacionales mineras en el territorio y sus habitantes, mineros ancestrales, a quienes busca proteger y formalizar.

En California, Santander, la multinacional Minesa tiene proyectada una de las zonas de operación de su proyecto de minería a gran escala en Soto Norte: la mina subterránea. / Foto: Liliana Rincón Barajas

Por: Daniela Quintero Díaz / @DanielaQuinterd – @BlogElRio

El debate alrededor del páramo de Santurbán se ha avivado con fuerza en los últimos meses. Cada vez son más las voces que, desde diversos sectores, se suman a la defensa de los recursos naturales, el agua y la conservación de este ecosistema. Autoridades políticas y ambientales, alcaldías, gobernaciones, consejos locales y senadores se han comprometido a trabajar conjuntamente en defensa del páramo de los santanderes. Las redes sociales y los medios de comunicación también han servido como plataforma para visibilizar las opiniones de expertos, ambientalistas y población civil que, tras varios meses de restricciones por la pandemia, anuncian una nueva caravana en defensa del páramo para este viernes. (Le recomendamos: ¿Por qué se volvió a encender el debate sobre Santurbán?)

Entre todas esas voces y alianzas que se han gestado sobresale una que llegó en un momento clave. Mientras el Gobierno nacional impulsaba el proyecto de megaminería cerca a Santurbán como una salida a la crisis económica —con polémicas declaraciones desde el Ministerio de Minas—, Juan Carlos Cárdenas, alcalde de Bucaramanga, y Genny Gamboa, alcaldesa de California, presentaron un acuerdo sin precedentes: fue la primera vez en la historia que un dirigente de uno de los municipios tradicionalmente mineros de la zona aledaña al páramo, como California, se plantaba públicamente en contra de los proyectos de megaminería en su territorio, y anunciaba su voluntad para defender y proteger los recursos naturales y, en especial, el agua.

Genny Gamboa, alcaldesa del municipio de California (Santander), ubicado en las inmediaciones del Páramo de Santurbán. / Foto: Cortesía

Gamboa nació en la vereda La Baja, en medio de las montañas de la cordillera oriental y el páramo de Santurbán. Es hija de mineros artesanales, sus vecinos y su comunidad han ejercido esta labor desde hace más de 400 años. En las últimas décadas ha visto cómo la llegada de proyectos megamineros ha dividido y devastado su territorio. Asegura que las condiciones económicas, sociales y culturales de su pueblo no han hecho más que deteriorarse y que la polarización está causando una grave ruptura del tejido social. Más allá de los posibles impactos ambientales, los proyectos mineros a gran escala ya están dejando impactos sociales visibles. Por eso, llegó a la Alcaldía con un plan de desarrollo totalmente distinto. Entre sus ejes estratégicos priman la protección de la vida, el agua y el medio ambiente; la dureza con las multinacionales y la conservación del recurso hídrico para el presente y el futuro de la población. El rescate de la minería artesanal y la formalización de los mineros tradicionales también ha sido su bandera pues, asegura, se ha hecho históricamente en el territorio y ha convivido con la conservación del páramo y sus habitantes. (Puede leer: Los peces de Santurbán que podrían verse afectados por Minesa)

“El complejo de páramos es importante para garantizar la vida de las comunidades que dependemos de ese ecosistema, y los californianos entendemos la necesidad de protegerlo, conservarlo y contribuir a su preservación”, aseguró hace unas semanas en el debate de control político que se realizó en la Cámara de Representantes. Su postura la ha llevado a sufrir amenazas y presiones políticas que, dice, espera que se queden solo en las redes sociales. Esto conversó con El Espectador.

¿Cómo surgió esta alianza histórica con Bucaramanga?

En California podríamos decir que llevamos un acumulado de casi veinte años de presencia de multinacionales en el territorio y, básicamente, lo que estamos viendo hoy es el resultado de malas prácticas empresariales que han generado una división y polarización que está rompiendo el tejido social. Esta alianza institucional con Bucaramanga lo que busca es consolidar esa visión de territorio sostenible que necesitamos en California, respetando nuestras tradiciones, y acabando con la división y polarización que siempre ha existido entre la ciudad y los habitantes del páramo porque pensamos diferente.

¿Cómo se podrían conservar los recursos en un territorio que ha sido tradicionalmente minero?

Creo que aquí es importante resaltar la diferencia entre la minería a gran escala y la minería artesanal que se lleva haciendo desde hace siglos en el territorio. Cuando hablamos de California como un municipio 90 % minero, hablamos de minería artesanal, y tenemos que decir también que siempre hemos conservado este páramo. Por eso, nuestra propuesta es fortalecer esta pequeña minería en un equilibrio social y ambiental, mejorando las técnicas y los cuidados con el medio ambiente; y tener una postura dura con las multinacionales. Nuestra defensa fundamental es por el agua que, como líquido vital, es el único eje transversal que nos conservaría en el territorio. Si se acaba el agua no solo se acaba para Bucaramanga, también para California, y nos estarían condenando al destierro del territorio. Por eso, nuestra visión de desarrollo es permanecer en el tiempo basados en la conservación, preservación e inversión en los territorios. (Puede leer: Santurbán: entre el querer del Gobierno, la minería, versus el deber ser, su protección)

¿Cuáles son sus principales temores si se da vía libre para que se realice este proyecto?

Uno de los principales temores es que, aunque el proyecto se realizaría en nuestro territorio, es una decisión que no está en nuestras manos. Pero, además, tenemos temores a escala social, económica y ambiental. Vemos en la actualidad que, tan solo en la etapa de exploración, estas multinacionales ya han causado daños demostrables. En materia económica la ocupación laboral fue tercerizada; el trabajador no tiene estabilidad ni garantías laborales y el municipio tiene un desempleo del 70%. El empleo del californiano con la multinacional Minesa no supera una participación del 5% del total de los empleos directos.

A escala social hay una división de quienes están a favor o en contra del proyecto minero que resulta muy maltratante. El proyecto de Minesa está generando un “fracking” social en el territorio que no es justo y que ha traído también pérdidas en nuestra identidad y cultura.

Y a escala ambiental tenemos claro que las perforaciones realizadas en los estudios de exploración han generado la pérdida de algunos afluentes; algunas quebradas se han secado. Eso es solo una pequeña muestra de lo que puede pasar. Estamos ad portas de un licenciamiento en el que no sabemos los impactos que puede llegar a tener y somos una población que está en riesgo total.

¿Y con la delimitación del páramo?

Tengo que decirlo en este momento: la delimitación ha sido un proceso que viene atropellando a las comunidades, y se nota claramente el favorecimiento hacia los grandes intereses. Ha sido un proceso largo, tedioso y ha generado una incertidumbre en la que aún hoy no sabemos qué va pasar. Yo le pido al Gobierno nacional que haga una delimitación pensando en el territorio y en las economías ancestrales; y que las decisiones que se tomen frente al páramo tengan en cuenta la relación que hemos tenido tradicionalmente con este, pues ha sido un medio de vida esencial para nuestra existencia. Hoy dicen que la explotación minera a gran escala va a generar un gran aporte y ayudará a la reactivación económica del país, pero si revisamos a fondo, yo, como psicóloga y trabajadora social, pienso que lo mejor es dejar la región como estaba y que se convierta en una región estratégicamente ambiental, conviviendo en nuestro territorio como hasta ahora lo hemos hecho.

¿Ha recibido ataques por su posición en contra del proyecto de Minesa?

Sí. Yo tengo claro que aquí los grandes intereses predominan y que cuando uno toca esos intereses despierta muchas emociones. Y tener miedo para mí es natural. Pero espero que esto no pase a mayores, que no sea sino un constreñimiento y un ataque mediático por redes sociales. Sabemos que, finalmente, qué puede significar mi posición ante un interés económico de orden nacional, ¿no?

¿Cuál cree que es su apuesta más grande?

Mi lucha es visibilizar lo que está pasando en el territorio. Que miren muy objetivamente a dónde están llevando a las comunidades que lo habitan y que no están siendo tenidas en cuenta, aunque digan que sí. Que miren a estas familias que, aunque somos poquitas y burocráticamente no valemos nada, estamos aquí en el territorio y queremos permanecer aquí en paz. Y que vean también la riqueza que nosotros tenemos en este páramo de Santurbán. Somos privilegiados por haber nacido en este territorio lleno de paisajes y recursos hídricos.

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