El Río

Publicado el El Espectador, Dejusticia y Patrimonio Natural

Ecología en dos ruedas. El olor de las ciclorutas

Si debo escoger entre subirme a un bus atestado y caluroso, el extenso y ruidoso trancón, la eterna espera por el alimentador o pedalear 11 kilómetros para llegar a Suba, me quedo con la última.

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Cicloruta calle 80 Av. 68 / Foto:Jhon Jairo Muñoz Cárdenas

Es inigualable la sensación de poder y placer  que produce la velocidad sobre dos ruedas, la brisa fría y refrescante de Bogotá mientras me deslizo sobre una cicloruta de asfalto, viajar ininterrumpidamente a 20 ó 25 kilómetros por hora mientras el tráfico  estático y envidioso ve un circuito de pedales a través del cristal.

En la capital existen 300 kilómetros de ciclorutas que empezaron a construirse a partir de 1998. La cobertura es buena, pero se hace insuficiente para una ciudad en la que la conciencia ecológica se contagia rápidamente. Cada día que recorro mi ciudad me enorgullece ver más y más gente que toma la bicicleta como opción de transporte, damas elegantes a las que el casco no les daña el cepillado, ejecutivos de traje y corbata acompañados de cómodos tenis para pedalear, vigilantes, obreros, amas de casa, policías, peluqueros y un nutrido grupo de mensajeros cuyo sustento es su “caballito de acero”.

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Cicloruta calle 80 Av. 68 / Foto:Jhon Jairo Muñoz Cárdenas

Por lo tanto le urgen más redes de ciclorutas a Bogotá y también la mejora y mantenimiento de las existentes. En algunos tramos, como el paralelo de la calle 80 el trazado es acompañado por los olores nauseabundos que despide el caño Juan Amarillo. En él, podemos ver residuos de construcción, animales muertos, basuras y hasta un sofá descompuesto flotando en sus fétidas aguas, que contrasta con el almacén de muebles importados que atiende a pocos metros. Similar escenario encontramos en la Quito, en la Avenida Boyacá y parte de la 68.

Si los ciudadanos decidimos viajar en bicicleta, no contaminar, ayudar con la movilidad… lo mínimo que merecemos es un espacio limpio y puro por donde circular. Los caños y afluentes del río Bogotá que serpentean junto a nuestros ciclo-caminos están abandonados, insalubres y tristemente a nadie parece preocuparle sus estado. El tapabocas no hace parte de la indumentaria ciclística y el cadáver de un caballo flotando en aguas negras no es un lindo paisaje para quienes mucho hacemos por la ciudad.

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Cicloruta calle 80 Av. 68 / Foto:Jhon Jairo Muñoz Cárdenas

¿A quién corresponde el mantenimiento de los caños? ¿La empresa de acueducto y alcantarillado, la CAR, la alcaldía o todas las anteriores?

Esta semana anda de visita por esta tierra un europeo amigo de un familiar al que me encomendaron acompañar a un recorrido por la ciudad. ¡En bicicleta! Propuso él, entusiasmado. Va a ser difícil explicarle.

Jhon Jairo Muñoz Cárdenas

Estudiante de Lengua Castellana

Estilista

[email protected]

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