El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Colombianos, un mes atascados entre el NO y el SÍ

Se cumple ya el primer mes luego del veredicto popular que dio al traste con la fiesta presidencial. Es así de sencillo; lo repito, porque la expresión no es mía sino del exmagistrado José Gregorio Hernández: el presidente Santos preguntó, ¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera? Y el pueblo le contestó NO. Eso es lo único claro hasta el momento. Me pregunto por qué será tan difícil aceptarlo.

Ni el más optimista del no ni el más pesimista del lo esperaban. Incluso el presidente Santos y el expresidente Uribe demoraron, al caer la tarde del ya famoso 2 de octubre, en salir a los medios a dar declaraciones, por una razón así de chiquitica: los dos tuvieron que cambiar el discurso a última hora.

Hay en el ambiente, sin embargo, un error de apreciación, porque se habla del sí con Santos y del no con Uribe. Y los mandamases y sus ideatenientes no quieren aceptar que hubo una inmensa cantidad de votantes que se inclinaron por el sí aunque no sean simpatizantes del presidente y, a la visconversa, como dice el tío Anselmo, muchos votaron por el no aun rechazando la figura del expresidente Uribe.

Hay una cosita cierta y consiste en que la gente del no no acepta que los duros de las FARC no paguen cárcel. Eso, naturalmente, tendría cierta lógica porque ellos son los malos. Y a los malos hay que castigarlos. Pero la misma lógica dice que si el Estado con su inmenso poderío económico y militar no los pudo derrotar, ¿hay alguna razón válida para que Timo, Ivancho, Santrich y el largo etcétera del Secretariado se entreguen como mansas y desarmadas ovejas? No, no la hay.

Porque se habla de conversaciones o diálogos en la Habana. Pero nos da miedo decir que no son diálogos sino negociaciones. Una guerrilla de más de cincuenta años negocia, no dialoga. Y el Estado que no los pudo someter, pues tampoco puede ser totalmente inflexible y tiene que CEDER. El problema es otro: tal vez Santos cedió mucho en su afán de terminar el proceso antes de la nominación al Premio Nobel de Paz. Eso no lo puede negar ni María Clemencia.

Y qué pasó… que los colombianos nos encendimos a ofensas por medio de las redes sociales; nos agarramos a lengua en las universidades, en las reuniones sociales, familiares, en los billares, en los campos de tejo. Y le dimos al mundo una muestra inequívoca de nuestro talante: el colombiano por pereza no analiza, no debate. Y a una persona que se le dificulta pensar, el camino que le queda es el de la polarización. Sí o no, blanco o negro. Quien no razona, no acepta matices, no acepta términos medios.

Esta circunstancia impide la reconciliación real. A los guerrilleros se les debe perdonar hasta donde sea sensato, dicen. Lo jodido es determinar el grado de sensatez. Los guerrilleros son muy malos porque matan con cilindros bomba, con collares bomba, con tortura física y sicológica. Pero, les pregunto, amigos lectores, quién es más malo… ¿El guerrillero que mata inocentes con las armas señaladas, o el paramilitar que mata inocentes con motosierra, masacres selectivas, etc.? ¿Son ellos más malos que aquel funcionario que se roba la plata del erario y mata a ancianos abandonados, o a niños inocentes por física hambre, (niños de la Guajira, o los del Chocó cuando un egregio empleado oficial se roba la bienestarina de los niños pobres y la vende para alimentar marranos) o por carecer de una mísera medicina (paseos de la muerte)? ¿Es bueno un congresista que se “gana” sin apenas trabajar casi 30 millones mensuales en un año de 16 meses? ¿Alguien se ha preguntado cuánto les cuestan a los colombianos 268 células legislativas? ¿Y los viajes y demás prebendas de todos ellos?

Para quienes no lo sepan, una célula legislativa es un staff de 10 asesores a los que tiene derecho cada uno de los 268 congresistas, es decir, aproximadamente ¡2.680 asesores! Dicho de otra manera, los congresistas no trabajan… ¡pero tienen un ejército de desocupados que les ayudan! Y todos ellos muy bien pagados por el bolsillo de los colombianos. ¿Eso es bueno? ¿Es bueno que el gobierno pretenda eliminar el impuesto a los ricos y se lo cobre a los anónimos trabajadores? ¿Es bueno que el flamante director de Planeación Nacional, el inefable don Simoncito, el hijo de César y Ana Milena, se gaste semejante cerro de millones en una encuesta boba para medir el nivel de satisfacción de los 9.000 colombianos encuestados?

Lo cierto es que para un pendejo como usted o como yo es imposible acabar con la inmundicia de un Estado corrupto y con la inequidad y la injusticia tan aterradoras. Un pobre elector del no o del sí, no puede cambiar este estado de podredumbre. Ah, pero si por lo menos le bajáramos unas rayitas al odio y al resentimiento, el panorama cambiaría.

Formulo una propuesta. A usted, amigo elector del no o del sí o abstencionista, pero que nada tiene que ver con la administración pública, como no sea pagar religiosamente sus impuestos, que utiliza las redes sociales para ofender a quienes piensan diferente, le propongo un ejercicio: durante una semana olvide que existe Uribe, que existe Santos, que existen Petro y Peñalosa. Durante siete días no republique memes que ofendan a estos personajes y a sus seguidores. Durante 168 horas intente ser feliz sin despotricar de algo o de alguien. Ignore por unos días los noticieros de RCN o Caracol. Le garantizo que el final del experimento habrá ganado o recuperado una amistad. Habrá por lo menos una persona que le vuelve a enviar mensajes o a saludarlo. En síntesis, sea feliz aunque no lo encueste don Simoncito Gaviria.

Colofón: La gente se cansa de tanta polarización. Y las redes como Facebook y Twitter están mamoncísimas. Y los noticieros de marras con su “imparcialidad” son los gestores y multiplicadores del odio que impide a los colombianos reconciliarse. Dejemos que los gobernantes sigan persiguiendo sus propios objetivos. Al fin y al cabo con nosotros o sin nosotros ellos siempre hacen los que les da la gana…

 

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