El MERIDIANO 82

Publicado el El meridiano 82

Moteros sin fronteras

Otra entrega de la colaboración entre Médicos Sin Fronteras (MSF) y El Meridiano 82.

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Una red de motociclistas hace posible la asistencia de Médicos Sin Fronteras (MSF) a habitantes de zonas remotas en la República Democrática del Congo (RDC) / Fotos: Pau Miranda

Recorrer la ruta entre Minova y Numbi, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), sería el sueño de muchos aventureros aficionados al motor. Más de dos horas de desniveles, terrenos resbaladizos y obstáculos de todo tipo convierten el recorrido en una prueba de habilidad que, sin embargo, muchos conductores locales superan con aparente facilidad y con la serenidad de los que deben enfrentar grandes dificultades día a día. Desde la moto, un forastero apenas puede admirar la belleza del paisaje preocupado como va por la dificultad de una ruta que obliga al conductor a realizar auténticos ejercicios de equilibrista. Poco después y vista la pericia del piloto, el pasajero ya está dispuesto a ir a donde haga falta.

Pero para los miles de habitantes de Numbi y el altiplano que la rodea, la cuestión no tiene nada que ver con la diversión o el paisaje. Esa es casi la única ruta hacia el lago Kivu y la ciudad más cercana, Minova. Y para una persona enferma o una mujer embarazada esa también es la vía de acceso al único hospital de la zona. En ese caso, conducir una motocicleta con un paciente de pasajero es más que una aventura, es casi una proeza. “Nunca me he encontrado una situación imposible, siempre acabas pasando… aunque a veces te santiguas antes de dar gas”, explica entre risas Shabadé, uno de los miembros del grupo de motociclistas que Médicos Sin Fronteras (MSF) tiene en la provincia de Kivu del Sur.

Ya sea en misiones de exploración para detectar las necesidades de grupos de población en zonas remotas o como servicio de transporte de pacientes, estos motoristas son clave para llevar la atención médica a decenas de miles de personas que de otra manera seguirían privados de asistencia. La falta de acceso a la salud es un problema de primer orden en la RDC, un país que no cuenta ni con una cama de hospital por cada mil habitantes y poco más de un médico por cada 10.000, unos indicadores que están entre los peores del mundo.

“Es mucha presión porque hay que ir rápido pero a la vez con cuidado porque llevas a personas que están en una situación delicada”, confiesa Akonkwa, motorista de MSF en Numbi. El pasado septiembre, la explosión de una granada hirió a una decena de personas frente a la sede de MSF en esa aldea. Los motoristas tuvieron que evacuar hacia el hospital de Minova a varios de los  heridos, algunos de los cuales presentaban traumatismos muy serios.

Pero a veces ni la pericia de los motociclistas basta para llegar a tiempo al centro de salud. “Hace poco íbamos con una mujer embarazada y se puso de parto. Por suerte un compañero que iba en la moto de refuerzo tenía alguna experiencia y pudimos ayudar a la mujer a parir en medio del camino. Todo fue bien”, recuerda con una sonrisa Brimana, una de las más recientes incorporaciones de la cuadrilla de motoristas en Numbi.

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Para poder sortear rutas como la de Numbi a Minova, que solo transitan coches en casos extremos y siempre que haya lluvia –algo poco habitual en una zona donde llueve casi 200 días al año-, MSF ha ido consolidando su red de motoristas con jóvenes locales que se ganaban la vida como integrantes de la vasta red de mototaxistas del país. Como Shabadé o como Brimana, originario de un pueblo cercano a Minova. “Hace seis meses MSF me contrató un día de urgencia para transportar a un paciente. Al parecer lo hice bien y me propusieron trabajar de forma estable. Hice un examen y aquí estoy”, explica este joven de 22 años, que reconoce que ahora se gana mejor la vida –“antes tenía que pagar de mi salario el alquiler de la moto que usaba como taxi”-, pero destaca sobre todo el cambio personal que le ha supuesto el nuevo trabajo. “Siento que progreso. Esto te forma mucho más como persona y te hace entender mucho mejor la sociedad en la que vives”, dice.

Las dificultades de la carretera no son las únicas que deben afrontar estos moteros sin fronteras. Como muchos otros civiles del país, con frecuencia tienen que hacer frente al conflicto armado que desde hace al menos dos décadas asuela diversos rincones del país. “Una vez estábamos de exploración en el sur de la provincia y unos milicianos nos pararon en un control de carreteras. La cosa se complicó y tuvimos que huir entre disparos al aire”, recuerda Pascal, uno de los motoristas de MSF del equipo de emergencias con sede en Bukavu, también a orillas del lago.

Las motos son parte esencial de muchas operaciones en la región, como por ejemplo las frecuentes campañas de vacunación, cuando las dos ruedas son la única forma de llevar los contenedores con vacunas hasta lo más profundo de la selva. “A veces la moto llega a ir con 150 kilogramos de carga, que es muchísimo”, relata Pascal. Gracias a ellos se han realizado varias campañas de inmunización por la zona con las que cientos de miles de niños han sido vacunados de enfermedades como el sarampión, que aún puede ser mortal en la RDC.

Al poco de llegar a Numbi, aún con la espalda un poco maltrecha pero el ánimo encendido por el viaje, proponen al forastero ir a Shanjé. Una ruta de piedras y barro de casi una hora más. Sin problema, con estos moteros a donde haga falta.

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