El Cuento

Publicado el ricardogonduq

Los ciudadanos contra los corruptos

Había terminado el almuerzo en familia, un momento para compartir sin hablar de política, sobre todo porque estaba frente a uno de mis tíos más uribistas y era mejor no dañar el momento. Pero no me pude aguantar y le pregunté en Cali este fin de semana si iba a votar la consulta anticorrupción del 26 de agosto. Una de esas preguntas que uno cuando ha terminado de hacerla piensa “para qué la hice si no me va a gustar lo que voy a escuchar”. Pero sí me gustó.

Mi tío de ochenta y tantos años, que votó por Duque y que hubiera votado por Uribe una, dos y hasta tres veces más me respondió contándome que el derecho al voto se volvió universal cuando él apenas tenía 8 años. “Antes estaba restringido a personas con ciertas condiciones socioeconómicas en la sociedad, por eso para uno siempre es una motivación ir a votar, no dejar pasar una sola elección sin ir a las urnas. Los de antes no tenían ese privilegio. Y qué mejor ahora si se trata de enviarles un mensaje a los corruptos”.

Pues de eso se trata justamente: de alzar la voz muy fuerte con por lo menos 12 millones 200 mil votos que puedan validar los 7 mandatos de la consulta, que como dijo el presidente Duque, tiene que estar por encima de los partidos y las ideologías.

Probablemente por un cálculo politiquero, por el odio de Uribe a Claudia López y también por el distanciamiento que empieza a haber en algunos aspectos con el gobierno, el Centro Democrático en su ala más radical ha dicho que no saldrá a votar el próximo domingo y con un argumento falso –como suelen ser la mayoría de los uribistas– insiste en que se van a botar a la basura 300 mil millones de pesos con una consulta “inocua”. Esto es, que no hace daño. Otros dentro del partido piensan diferente, pero no se atrevieron a levantar la mano para decir que sí quieren votar en la consulta anticorrupción.

Pero más allá de disputas políticas desgastantes, lo que define el país el domingo con su voto por la consulta, es el envío de un mensaje a la cúpula de la corrupción de Colombia (representada en políticos y contratistas, principalmente) para que sepan que la van a empezar a tener más difícil para engrosar la penosa cifra de 50 billones de pesos que le están robando al país. Pero claro, la consulta no es una varita mágica, no llegará a acabar de un tajo con el monstruo llamado corrupción que los más ruines han alimentado.

En otros momentos las manifestaciones ciudadanas han sido una primera piedra para transformar las sociedades. En Chile, la victoria del No en el plebiscito de 1988 le mandó un mensaje a Pinochet para que supiera que la mayoría no quería más de los abusos de su dictadura militar, pero no fue sino hasta unos años después que empezaron a ser juzgados sus delitos. E incluso, a pesar de los avances en la sociedad chilena, 30 años después, aún deambula el fantasma de los fanáticos y admiradores del general.

En Colombia, hace casi dos años la victoria del otro No, el que se oponía al acuerdo de paz con las Farc, tampoco fue una sentencia definitiva de que debía borrarse con los pies lo que se había construido con tanto esfuerzo en La Habana, pero también envió otro mensaje de un grupo de ciudadanos que así fueran por cuenta de una manipulación electoral, querían hacerle cambios importantes al texto final firmado con la entonces guerrilla. Al final, a juicio de una nueva mayoría, el nuevo acuerdo resultó mejor que el anterior.

Y en el último año, la explosión de consultas populares para detener los proyectos mineros y petroleros que puedan afectar a las comunidades, también se han convertido en otra herramienta para que los ciudadanos le pongan freno a los poderosos, que apelan al desarrollo para ellos en detrimento de la calidad de vida de las comunidades. En esas votaciones ha habido verdaderos enfrentamientos entre David y Goliat, valiosos para la democracia, así a muchos les parezca excesiva esa consulta permanente a los ciudadanos.

La consulta que saldremos a votar el domingo próximo será el primer paso para controlar la macro corrupción, pero poco servirá si como escribía hace unos meses, los millones de votantes que salgamos a decir 7 veces sí en el tarjetón, no empecemos a aplicar la ‘microhonestidad’, ese gesto por el cual usted y yo como ciudadanos nos quitamos el chip de la viveza y del aprovechamiento del otro, para no robarle a nuestro similar y para no robarle al Estado.

Votemos el domingo para derrotar a los más grandes corruptos que no han dejado progresar al país, pero después, sin certificado electoral en mano porque para alzar la voz no hay que pedir nada a cambio; corramos al espejo para mirarnos en qué estamos siendo deshonestos. Contagiar este mensaje en el día a día será sin duda el mensaje más poderoso que deje la jornada del domingo.

UN PUNTO DE GIRO: Veremos si esa frase vengativa y asustadora del gobierno de que “el que la hace, la paga” también se la aplicará la Policía a sus generales y coroneles que hacen parte o han tenido nexos con la banda de secuestradores y asesinos de ‘Los Magníficos’.

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