El Cuento

Publicado el ricardogonduq

Las revocatorias de Claudia y Daniel

¿Es el momento para promover una revocatoria? ¿Merecen irse Claudia López y Daniel Quintero? ¿Se debe eliminar esta figura? ¿Y el presidente qué? Son cuatro preguntas que surgen sobre los procesos para tumbar a los alcaldes de las dos ciudades más importantes del país: en Bogotá es más una caricatura que una idea seria sacar del cargo a Claudia López, empezando por su promotor. En Medellín, mientras tanto, los poderosos enemigos a los que se enfrentó Quintero podrían darle fuerza al mecanismo.

Por: Ricardo González Duque

Un año de los alcaldes en el poder en Colombia no es sinónimo de balances, rendiciones de cuentas o cambios de gabinete, sino de revocatorias. Es el momento en el que los perdedores de 14 meses antes buscan la revancha con un nuevo llamado a las urnas, algunas veces con más argumentos que otras.

No es extraño que en Bogotá se hable del tema, ahora para sacar de la Alcaldía a Claudia López -lo intentaron hacer con Petro, Peñalosa y Samuel Moreno- pero sí es inédito el proceso que está ocurriendo en Medellín, donde el alcalde Daniel Quintero ha sabido crear un enemigo para volver a campaña, escenario en el que muchos consideran se mueve mejor que gobernando.

En Medellín parece haber más ruido frente a la posibilidad de que Quintero salga del cargo, no solo porque se peleó con la mimada clase empresarial antioqueña sino por el poder que el uribismo mantiene en esa zona del país. Además, porque en Bogotá la revocatoria a Claudia López parece una caricatura, un chiste, promovido por un empresario que quiso ser político o un político que quiso ser empresario; quien no ha sabido explicar muy bien las razones por las que quiere que la alcaldesa deje el Palacio Liévano.

En todo caso, como los procesos de revocatoria a los alcaldes de las principales ciudades del país seguirán siendo noticia los próximos meses, vale la pena revisar algunas preguntas sobre lo que está comenzando.

¿Es el momento para promover una revocatoria?

Cualquiera es el momento para una expresión ciudadana legal: llámese marcha, paro o revocatoria del mandato. Puede que sea cierto lo que dice la Red de Veedurías Ciudadanas, citada por el alcalde Quintero: que llevar adelante las revocatorias en el país impedirían comprar 15 millones de vacunas porque el hecho de que terminen en las urnas las 34 solicitudes costaría 150 mil millones de pesos. Sin embargo, con ese argumento, nos podrían enredar las elecciones tanto de Congreso como de Presidencia del próximo año.

La democracia tiene un costo y por supuesto sería mejor evitarlo en tiempos de pandemia, no solo por la preocupación y ansiedad frente a la llegada de la vacuna, sino por la atención que demandan millones de ciudadanos sin empleo y sin un sustento diario. Sin embargo, al ser un derecho que tienen hoy los opositores o inconformes con los alcaldes de turno, ni siquiera el coronavirus debería tumbar estas convocatorias.

¿Merecen ser revocados López y Quintero?

Es notorio el desgaste que hay en ambos alcaldes por seguir hablando y gobernando en función de atender la emergencia del coronavirus. A diferencia del presidente Duque que encontró en la pandemia una razón para que su gobierno existiera, en el caso de las ciudades había otras agendas que se vieron rezagadas o eliminadas por enfrentar el virus.

Es difícil que en tiempos del coronavirus Claudia López y Daniel Quintero tengan algo para mostrar que sea palpable, tal vez porque nos acostumbraron a que la labor de un alcalde se mide en cemento: los puentes, deprimidos y avenidas, son más vendedores. Pero a pesar de eso, la popularidad de ambos, por encima del 60% según la última medición de Invamer, quizá sea una demostración de que a los medellinenses y bogotanos poco les importó en el 2020 el cemento y mucho más las vidas que ayudaron a salvar las administraciones con sus decisiones.

Más allá de las gestiones que tuvieron que realizar para atender la pandemia: ampliación de UCI, adecuación de hospitales, cuarentenas, toques de queda, subsidios económicos; en el caso de Bogotá, la alcaldesa Claudia López se convirtió en un contrapoder necesario frente al presidente Duque: solo basta recordar su papel en el comienzo de las cuarentenas, en la solicitud para que hubiera alivios económicos no solo para los bancos, en la necesidad de que llegaran a tiempo los respiradores para las UCI o en otros temas, por ejemplo al levantar la voz contra la violencia policial.

El alcalde de Medellín, por su parte, se metió en la apuesta más grande, que fue la misma que lo llevó al poder: su crítica a la construcción de Hidroituango, materializada en la demanda al consorcio involucrado por casi 10 billones de pesos. Hacerlo implicó pisar sensibles callos, aunque no son pocos los que creen que detrás de su careta de independiente se esconda otro sector politiquero e incluso corrupto de la región.

¿Se deben eliminar la revocatorias de alcaldes y gobernadores?

La pregunta surge no solo por el desgaste e inestabilidad que para algunos significa la revocatoria, sino porque solo uno de estos procesos, de más de 200 que se han convocado, ha tenido éxito: la intrascendente votación en Tasco, Boyacá. Con respeto por sus votantes.

Así que sí es cierto que algo se debe hacer: eliminar por completo esta figura que no asusta a los alcaldes o darle “dientes” flexibilizando los requisitos para llevar a las urnas el deseo de sacar del cargo al mandatario de turno.

¿Y el presidente qué?

Pocos entienden por qué al único que no se le puede revocar el mandato en la rama ejecutiva es al presidente. La explicación está en el exagerado presidencialismo que hay en Colombia y en no imitar ejemplos de inestabilidad que hemos visto en la región como en Ecuador, Perú, Argentina o Bolivia, donde en una semana hasta tres figuras han tenido la banda presidencial.

En momentos en que el senador Roy Barreras quiere hacer realidad la revocatoria del mandato del presidente -con nombre propio, el de Iván Duque- vale la pena abrir la discusión sobre si un mandatario impopular merece que lo saquen de la Casa de Nariño a través del voto. Si el presidente Duque, por ejemplo, no cumple con el plan de vacunación  prometido en diciembre pasado o si, como denunciando algunos, es un engaño lo que se le ha dicho al país sobre la llegada de los medicamentos contra el covid, ¿no valdría la pena su revocatoria?

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