El Cuento

Publicado el ricardogonduq

La verdad de Ingrid y el general Montoya

En la JEP se han vuelto a cruzar las palabras de Ingrid Betancourt y del General Mario Montoya, protagonistas de la ‘Operación Jaque’, pero esta vez en dos condiciones muy diferentes a las de aquel entonces. La excandidata espera que las Farc digan la verdad sobre el secuestro que ella padeció durante seis años -del que fue rescatada entre otros por Montoya- y del General se espera que diga la verdad sobre los falsos positivos ocurridos durante su paso por el Ejército.

Por: Ricardo González Duque

En Twitter: @RicardoGonDuq

Los destinos del General Mario Montoya y de Ingrid Betancourt se han vuelto a cruzar. Ella, una irreverente excandidata presidencial y ex senadora, fue secuestrada de 2002 a 2008 por la exguerrilla de las Farc y fue liberada en la cinematográfica ‘Operación Jaque’ que comandó el oficial de origen valluno de 70 años. Él, terminó entonces como un “héroe de la Patria”, condecorado a más no poder, protagonista de series y documentales mientras ella fue odiada y desterrada de Colombia por atreverse a demandar al Estado por 12.500 millones de pesos, al no haberse garantizado su seguridad en épocas del expresidente Pastrana.

Como la vida da tantas vueltas, a doce años de Jaque, Ingrid y el General ahora son protagonistas en la Jurisdicción Especial de Paz, ella en calidad de víctima esperando que las Farc digan la verdad sobre su secuestro y él, acusado de victimario, por los falsos positivos que se cometieron durante su comandancia, la mayor cantidad en la historia del Ejército, de quien los familiares de esos asesinatos esperan que cuente la verdad.

La verdad es justamente el reto que hay en los dos procesos más mediáticos de la JEP: el caso 001 llamado “retenciones ilegales por parte de las Farc-EP” y el caso 003, denominado “muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”, títulos que también generan ruido en la criticada justicia transicional por un supuesto sesgo.

Sobre ambos casos ya hay fuertes reparos de las víctimas que consideran que los acusados no han dicho la verdad y que, aún más, las han revictimizado con sus relatos. En el proceso contra el general Mario Montoya fue noticia la indolente e insolente frase que utilizó para sugerir que quienes cometían los llamados “falsos positivos” eran soldados de origen humilde que eran tan ignorantes que “no sabían ni usar los cubiertos ni ir al baño”. La situación del general Montoya se había complicado, entre otras, con la comparecencia del coronel Gabriel Rincón Amado ante esa jurisdicción especial, al haber denunciado presiones del comandante del Ejército en la era Uribe para dar resultados con bajas más que con capturas con su ya tristemente célebre frase de que quería “ríos de sangre”.

A pesar de que el general respondió las preguntas de los magistrados, se negó a aceptar responsabilidad alguna en los 2.429 asesinatos de civiles presentados como guerrilleros que ocurrieron durante su comandancia, lo que dejó inconformes a las víctimas que pidieron su exclusión de la JEP, razón por la cual este tribunal emitió un comunicado: “a juicio de las víctimas el compareciente no aportó a la verdad y hay un proceso de desgaste de la justicia transicional. Dicha solicitud (de excluirlo de la JEP) será estudiada por los magistrados de la Sala de Reconocimiento».

En el caso de Ingrid Betancourt, hay una molestia no solo por el cinismo y el descaro que acompañó la comparecencia de las Farc sobre los secuestros cometidos, sino por la insistencia de la JEP en denominar el delito que ella sufrió como “retención” y no “secuestro”. Los magistrados que llevan el caso han dicho al respecto que la denominación de “retenciones” se mantiene hasta que se haga la evaluación jurídica del caso, que se surte después de escuchar a las partes, momento en el cual se determina si una conducta puede ser desde una toma de rehenes hasta un secuestro como tal.

Pero la justicia transicional ha hecho bien al advertir en un comunicado de este martes que hay 272 observaciones frente a las declaraciones que los excombatientes de las Farc han hecho sobre los secuestros cometidos. Las víctimas no están satisfechas con los testimonios entregados por los exguerrilleros sobre el trato que recibían cuando estaban en cautiverio, pues dicen que se han minimizado las afectaciones físicas y sicológicas y la degradación que vivían en la selva como por ejemplo cuando debían hacer sus necesidades al frente de alguien armado.

Al poner sobre la mesa los reparos de los exsecuestrados, la JEP asegura que: “muchas víctimas consideran que las versiones de los exjefes de las Farc-EP siguen un libreto que tiene la intención de “maquillar la verdad” sobre los secuestros cometidos”. Es decir, no están aportando a la verdad que fue uno de los objetivos por los que el país sacrificó algo de justicia para los que cometieron estos delitos.

Las historias de Ingrid Betancourt y del general Montoya, en orillas diferentes con el paso de los años, confirma la idea aquella de que la verdad es la primera víctima en una guerra y el desafío que hay para conseguirla es gigantesco pues los testimonios de los acusados no parecen estar ayudando, a pesar de las advertencias que hay por la posible pérdida de beneficios jurídicos.

La única certeza que hay por ahora es que sin la JEP y, antes de ella, sin la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc, no tendríamos la posibilidad de conocer la verdad y buscar algo de justicia y reparación con algunos hechos cometidos en medio de nuestro doloroso conflicto armado, en el que como muchas veces sucede en la guerra, se desdibujó el maniqueísmo que nos decía quiénes son los buenos y quiénes los malos.

 

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