El despliegue mediático que han tenido los combates desarrollados en el Medio Oriente, en una
guerra que no tiene ni pies ni cabeza, es una novedad fundamental en la actividad más antigua de
las sociedades humanas, la guerra, con nuevos escenarios y características, fruto de los tiempos
que se viven en un mundo internacionalizado, donde lo nacional pelea por el puesto que nunca
debió perder para ponerse en sintonía con los tiempos de hoy. La historia no da marcha atrás, lo
vivido, vivido está, pero el presente no es una realidad congelada, pues la vida, en su discurrir, se
va ajustando y reinterpretándose, al incorporar elementos del mundo actual, que no solo no la
niega, sino que la enriquece, evitándole volverse obsoleta, aislada de la dinámica de la realidad.
La escena internacional la ocupan dos megalómanos, Putin y Donald Trump quien, bajo el lema de
“America first”, pretende monopolizar los negocios de los recursos naturales, en especial de los
energéticos, con el petróleo en primer lugar; no porque Estados Unidos necesite el petróleo, pues
es un país exportador, sino para que sus amigos exploten mundialmente ese muy lucrativo
negocio. El alma y las motivaciones de Trump son las de un negociante; gobierna con esa
mentalidad, no con la de un estadista; no ve sino la plata. Atropella como cualquier nuevo rico con
la fuerza que le da la capacidad económica norteamericana. Su política internacional, si es que se
puede llamar así, no tiene otra estrategia que conseguir plata, pero no para el país, y usar el poder
de la potencia imperial, para vengarse de sus enemigos, de los que lo desprecian, de los que no se
le arrodillan a su poder e intereses y que se le han atravesado a sus atarvanadas. Pone el poder del
Estado al servicio de sus intereses, caprichos y venganzas. Me dirán que la gente del poder, busca
que este en mayor o menor grado, le traiga algún beneficio a él o a personas cercanas, pero, aun
aceptándolo, nunca es de la manera descarada en que Trump lo hace: arbitrariamente,
brincándose normas y procedimientos.
El Partido Demócrata muestra, en un momento tan crítico de la historia del país, una debilidad,
una impotencia incalificable. Empiezan a escucharse voces republicanas críticas de la
irresponsabilidad de Trump. La opinión está cada vez más desengañada con su gestión y esto, por
lógica, en noviembre deberá reflejarse en las elecciones de mitaca, cuando la oposición
demócrata, a pesar de la actual debilidad del partido, podría lograr el control del Congreso.
Mientras tanto, los chinos siguen con tranquilidad y máxima atención la situación, esperando que
caiga el fruto maduro. Aunque Europa la ve clara, aún no encuentra su puesto en el actual
escenario, cambiante y confuso, mientras aumenta el sentimiento, la percepción de que el mundo
está sumido en un cambio histórico, hacia otro escenario mundial, no hegemónico, más abierto y
plural. De América Latina ni hablemos; para Trump está claro que debemos seguir siendo el patio
trasero de Estados Unidos, en una América que va del río Grande al ecuador, aunque quisiera que
fuera desde el Ártico, para incluir a Canadá y Groenlandia. A corto plazo, Rusia conserva su área de
influencia, pero sin aumentarla; no es una potencia en ascenso como China y parcialmente India,
pero tampoco declinante como Estados Unidos. Tiene rivalidades con Europa y falta ver cuál
puede ganar en este mano a mano por el poder.
Estamos en un mundo confuso y fracturado, con cambios en curso, donde se están redefiniendo
los centros de poder. En momentos tan definitivos, Trump con todo el poder de la presidencia, va
de tumbo en tumbo y el mundo, detrás de él; la actual situación internacional, genera zozobra e

incertidumbre. Al momento de escribir esta nota, se está a 8 horas de que este personaje,
enfrentado a Irán, pueda desatar una hecatombe.

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