El avispado digital

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El niño Dios vía Skype

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El hogar se encuentra en el lugar al cual tu corazón pertenece. 

Por esta época tan especial, arrancar en las mañanas pensando en Colombia —Familia— se hace inevitable; y más cuando se vive por fuera. Las tradiciones decembrinas en el país del amarillo, azul y rojo; la cumbia; el café con aroma de mujer; el alumbrado; el pesebre; el buñuelo; la natilla; crean la duda si mudarse a otro país fue la decisión más acertada.

Pero, ¿qué le pasaba por la mente a los miles de colombianos que decidieron marcharse del país? ¿Acaso están sonsos de la cabeza? ¿Huían del carnaval de luces en sus calles? ¿Se fueron tan lejos para escapar de aquel sentimiento de añoranza que se avecina con la navidad?

Pues no, solo buscaban crecer. Y sí, es tan solo eso…Crecer: en la búsqueda de trabajo, estudio, viajes, aventura, incertidumbre, hambre, soledad y en muchos casos discriminación, (Muchos idiotas nos recuerdan la puta, el narco, el polvo blanco del bueno) en resumen… Encontrar oportunidades.

Hagamos un flashback

Para las personas que salen hacia el exterior con el objetivo de hacer la mudanza de sus sueños entre un país y otro, contar con herramientas de comunicación se hace indispensable —de dónde creen que proviene la fortaleza para aguantar la vida afuera—. La tecnología y los medios digitales han facilitado las cosas para acercar seres humanos y reducir distancias entre los pequeños grandes continentes; con un click podemos viajar de Europa a Oceanía en un segundo.

Pero hace algunos años no era así. Antes de hacerse rutinario y constante el uso del correo digital. La tinta, el papel, el puño y la letra eran los insumos necesarios para hacerle pelea a la distancia a través de la mensajería. El elemento esencial… La carta. Ésta, demoraba semanas en llegar desde su origen hasta su destino final. Todo dependiendo de los kilómetros gastados en su recorrido. En ella, palabras cargadas de la mejor energía con los deseos de una madre o esposa, momentos eternos de hijos dando sus primeros pasos, hermanos recordándonos en cada letra cuánto nos extrañan, sobrinos con escrituras coloridas y de pulso tembloroso diciendo: “Espero que vuelvas pronto”.

La ansiedad de ver la encomienda con las noticias de la tierra natal.

La carta se acompañaba de fotografías análogas y la intención de memorizar momentos especiales en un papel, cada imagen era revelada por un negativo en rollo kodak de doce, veinticuatro o treinta y seis exposiciones. Para acompañar la carta en su viaje, el videocasete era otra opción: Betamax o VHS. Un sistema clásico de acción en vivo. Permitía integrar sonidos e imágenes en una cinta de pobre resolución. (Hogares colombianos recorriendo el mundo a través de una pantalla de televisor) Luego llegó el cd y tumbó el negocio de la grabación audiovisual a lo retro —progenitores del High Definition (HD) de hoy—.

Las llamadas telefónicas fueron otra forma de comunicación con los seres queridos que decidieron unirse al movimiento de residir en otros países. Muy costosas por cierto. Con alcance económico complejo y de conexión únicamente fija. A diferencia de unos años atrás, en los tiempos actuales, entre 100 y 500 pesos colombianos es el valor para llamar a cualquier destino internacional desde la telecabina más cercana —válido para teléfono fijo y móvil—.

Vive el recuerdo de muchas madres en sillita y al lado de la mesa nocturna, celando un auricular con teclado, esperando el sonido entrante que indica la llamada de su hijo en la distancia. Habitante en un mundo exterior donde la espera era agonía, sí, las cosas antes fueron más complejas. Pero aun así él decidió escaparse de su burbuja cristalina para hacerse más fuerte, ¡qué ironía! Salió de un país tan hermoso, dejó la familia atrás y voltea en su andar de manera constante para leerlos en una carta; verlos en una imagen; o escucharlos en una llamada. 

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¿Y qué pasa en el presente?

Gracias a la evolución de los medios digitales y la explosiva aparición de las redes sociales todo se ha facilitado. Las comunicaciones se hacen instantáneas, los smartphones cambiaron la conectividad, mejoraron el acceso humano a la tecnología y atrajeron la inclusión social.

Originalmente aplicaciones como Whatsapp y plataformas como Skype, Facebook, Twitter, e Instagram nos han permitido compartir información, pero esto va más allá, nos han permitido comunicar emociones; que por más digitales sean consideradas, nacen en el instinto humano para expresar sentimientos.

El regreso a casa

Así como muchos colombianos viven la mejor fiesta del año por fuera, otros tienen la oportunidad de regresar a casa. Bien sea de visita o de manera permanente, total…, tarde o temprano se detiene el andar. Volver al país donde se puede ir en chiva hasta la luna, y en Jeep Willys del año 53 explorar marte. La tierra del caribajito, donde no se come pavo. La esponjilla de brillo es un artificio de luces y el niño Dios se pinta en las calles. Por estos tiempos la nieve se vuelve escasa y el cuerpo se calienta con la dulzura de la aguapanela. El vecino se emociona. Ha nacido el niño, faltan cinco para las doce.

Pd: Un país así necesita paz, este mundo ya tiene demasiadas balas.

Por ahora, voy a conectarme. Mi madre me espera en Skype para iniciar la novena. Ella siempre ha sido mi primer amor.

Dedicado a mi hermana.

¡Felices fiestas!

@pipemagenta

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