Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

El poder de la puntuación y la gramática

En una frase, al igual que en una expresión matemática, la posición y el lugar que ocupan los símbolos, los signos, los paréntesis o los exponentes son esenciales y pueden enfatizar o cambiar el sentido, el significado o el resultado de una expresión. No es lo mismo escribir: 

  • (2x(3-5))÷2
  • (2×3)-(5÷2) 
  • 2x((3 – 5)÷2)
  • 2x(3-5)÷2

y puede inducir a un error escribir simplemente, sin paréntesis alguno,

  • 2×3-5÷2

cuando no se conoce la convención para el orden en que deben realizarse las operaciones (ver por ejemplo la polémica en torno a los resultados diferentes de la misma operación en distintas calculadoras: 

https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/una-polemica-aritmetica).

De manera similar, el cambio de posición de una coma (,) puede cambiar por completo el sentido de una frase. Un sencillo ejemplo es el que nos proporciona el dicho popular: 

“El que canta, sus males espanta”, 

cuyo sentido se altera por completo si movemos la coma y escribimos:

“El que canta sus males, espanta”.

Al escritor argentino Julio Cortázar (1914 – 1984) se le atribuye la autoría de un ejemplo genial e incontrovertible de la importancia que tiene una simple coma (,) en una oración. El famoso ejemplo compara las siguientes oraciones A y B, en las que la posición de una coma cambia drásticamente el sentido:

  1. “Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda”.
  2. “Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda”.

Sin duda, una genialidad para mostrar el valor que tiene una coma. 

El uso correcto del idioma, o el descuido intencional de su gramática y puntuación, puede llegar a dar grandes énfasis, no solo en los documentos, sino en los hechos históricos. La obra de Malcolm Deas titulada Del Poder y la Gramática sobre la historia de Colombia es un documento que trata minuciosamente este aspecto y que identifica la influencia que puede llegar a tener el estilo gramatical utilizado en los escritos y discursos de una época, tanto en el tratamiento de la política como en la forma de gobierno. 

El expresidente López Michelsen hace una importante alusión en el prólogo de esta obra cuando señala la diferencia que puede haber sobre el mérito intrínseco de una obra literaria y lo que ésta significó en su tiempo, y da el ejemplo que dice haber leído “en alguna parte”, según el cual una obra literaria como Los Miserables de Víctor Hugo pudo haber sido más decisiva e influyente en la lucha de clases durante el siglo XIX, que la obra de Carlos Marx porque Los Miserables despertaba en mayor grado el sentimiento contra los ricos. 

Pero retomando el tema sobre el uso de los signos de puntuación, hay un excelente ejemplo con el conocido texto de un testamento que da para muchas interpretaciones de acuerdo a la conveniencia de cada uno de los implicados. Para quienes no lo conocen o para quienes no lo recuerdan, voy a reproducir y compartir este genial escrito, de autor anónimo.

Se cuenta que un señor, por ignorancia o malicia, dejó al morir el siguiente testamento sin signos de puntuación. Ante los mencionados en el documento el juez encargado leyó el testamento de la misma manera en que lo redactó el difunto. Dice así:

«Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo».

El juez entregó copia del confuso documento a los posibles herederos: al sobrino Juan, al hermano Luis, al sastre y a los jesuitas. Al día siguiente, cada heredero aportó al juez una copia del testamento con signos de puntuación, como sigue:

– Juan, el sobrino:

«Dejo mis bienes a mi sobrino Juan. No a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo». 

– Luis, el hermano:

«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¡A mi hermano Luis! Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo». 

– El sastre:

«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo». 

– Los jesuitas:

«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo». 

Ante estas interpretaciones del testamento, el juez no tuvo otra opción que concluir con su sabia y ecuánime interpretación:

«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo».

Así que el señor juez, ante la imposibilidad de nombrar heredero, tomó la siguiente decisión:

«… por lo que no resultando herederos para esta herencia, yo, el Juez me incauto de ella en nombre del Estado y sin más que tratar queda terminado el asunto».

Ante esta bella, ingeniosa y contundente ilustración, ojalá todos  apreciemos y podamos usar y compartir la herencia de la correcta puntuación.

@MantillaIgnacio

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