Detrás de Interbolsa

Publicado el Alberto Donadio

Quiteme de encima ese monstruo

Escribe JM: Muy buenas tardes doctor Donadio

A pesar de no estar citados a la reunión de beneficiarios de la liquidación de FINDECARIBE, mi esposa y yo decidimos hacernos presentes en el Roya Park hotel de Bogotá, a la hora de la citación: 8:00 a.m.. Llegamos unos minutos tarde por lo difícil del tránsito desde Chía a esa hora, así que ya habían comenzado. Hecho que hizo más «espectacular» nuestra presencia. El asisitente del abogado Sánchez, se acercó a nosotros para verificar quienes eramos, y para que firmaramos el registro de los presentes. En cuanto no nos encontró en el listado, nos fue diciendo, no de muy buena manera, que teníamos que salir de allí; pero mi señora se puso muy molesta y con firmeza le dijo que no nos ibamos a salir. En ese momento el abogado Sánchez que me reconoció de inmediato, nos increpó, de manera muy destempalda y salido de casillas, por estar allí «haciendo un escándalo», cuando ni siquiera eramos beneficiarios de la liquidación, y de paso me reclamó, airadamente, porque se veían mis intenciones de armar problemas, denigrar y desacreditar sus clientes, por haber acudido a Alberto Donadio. Por supuesto que el mensaje lo recbieron claro y contundente, así que su reacción fue más que por nuestra presencia, porque estaba profundamente herido y ardido por lo dicho en la publicación. Al suceder eso, el señor Orlando Rois se crispó, su mirada se convirtió en odio directamente dirigido fijamente hacia mí. De inmediato comprendí que no eramos bien recibidos, y que el impacto de la publicación fue muy certero, impactante, y mucho más comprensible para ellos de lo que pensé. Bueno, en últimas, después de tan destemplada reacción de Sánchez, mi señora, que a lo lejos y en esas circunstancias permite que se le descontrole el carácter aleman, le contestó con toda firmeza: «Pues nosotros estamos aquí, y no nos vamos. A nosotros nos robaron toda nuestra plata, y ustedes nos están tratando aquí como si fueramos los ladrones». Así que, de inmediato Sánchez y Rois tuvieron un cruce de miradas, y Sánchez nos dijo que podíamos quedarnos respetando las normas de la reunión, y que teníamos que firmar el acta de asistentes… Eso como si nosotros hubieramos violado previamente algo; pero no, era el ardor que les produjo estar en prensa y de la manera en que se vieron con la publicación. La reunión continuó normalmente, pero Rois no me quitaba la mirada de ira, o de odio, no se. Así que me tocó armarme de mucho coraje y me levanté desde el fondo del salón donde estábamos con mi esposa, me le aproximé, le estiré la mano y le dije que yo estaba allí para hablar directamente con él, y en términos cordiales. De inmediato me reclamó que cómo era posible que yo le hubiera hecho eso de haberle echado encima a Alberto Donadio; que él es un hombre de bien, y que estaba allí presente porque él quiere arreglar todo ese asunto, porque a él nadie le puede ensuciar su nombre, y porque además él no lo va a permitir. Me pidió que mirara al rededor y le dijera si veía a los Torres, a alguno de los socios de ellos, o a Junca, que esos sí son unos verdaderos hampones, que por eso los demandó penalmente junto con sus socios López Daza, de SOLFIN, porque él si le debía a Torres Cortés $1.500 millones, pero no los $9.000 millones que ellos sostienen que les debe y por lo que lo acusan. En fin, de esa manera él se fue destensionando hasta el punto en que pude decirle: Pero a mí no me pueden decir que no me deben nada, usted sabe de mí desde hace meses y además, sabe claramente de nuestra situación porque Junca se la comunció; además nosotros hablamos dos veces por celular, usted fue quien me sugirió que hablara directamente con el doctor Sánchez. Así que a mí no me pueden cerrar las puertas de esa manera tan burda, a los gritos, como lo hizo el doctor Sánchez. Finalmente, él me dijo: «vea señor M., usted sabe que lo que está hecho por el liquidador, y que está ya informado y registrado en la Superfinanciera, no lo puedo cambiar, porque eso sería violar otras normas que yo no voy a violar. Yo le propongo que me permita terminar el arreglo con las personas que están aquí con reclamaciones aceptadas por el liquidador, y enseguida me comprometo con usted a buscar una solución para su caso. Tengo en este momento que responder por $4.500 millones y, además, tengo que buscar un dinero más que me dé un colchón para responder casos como el suyo… Hablemos en quince días, deme quince días… pero quíteme de encima ese monstruo de Donadio… porque yo estoy tratando de responderle a gente de la que jamás tuve noción de su existencia, como usted; estoy tratando de responder por las acciones de unos hampones con los que tuve negocios y me metieron en este lio» . En fin, el asunto es que estuve averiguando con la gente presente y parece ser que Rois sí muestra una actitud firme, no evasiva, para responderle a la gente, incluyendo personas de las que él nunca tuvo noticia, como yo… vamos a ver. Y yo me comprometí con él, que si él nos responde, por supuesto que le pediré a usted, doctor Alberto, una segunda parte de la crónica, en la que se exalte la forma responsable con la que ha actuado Rois. Claro que, como dice el viejo adagio popular… ¡Amanecerá y vermos!

Por el momento no lo molesto con más crónica. Respecto de lo que en el final de la reunión haya sucedido, creo que Jaime sería la persona más idónea para informarle, porque ciertamente mi esposa y yo, allí, al no estar incluidos entre los bneficiarios de las reclamaciones aceptadas, no teníamos más que hacer. Nos despedimos cordialmente de Rois, y al vernos salir del salón, el abogado Sánchez corrió a despedirse de nosotros y a ofrecer disculpas por su fuerte reacción, lo que me hizo pensar:
«Esto es el poder de la prensa bien manejada y al servicio de la gente que realmente necesita de ella», el abogado estaba actuando casi con sumisión, sumisión con la que hay que tener mucha, demasiada cautela, porque detrás de ella puede haber alguna trama de su parte y de sus poderdantes.

Reciba nuestro más sincero agradecimiento, doctor Donadio.

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