Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia y María Fernanda Cabal, senadora. Fotos tomadas de sus cuentas oficiales en X.

La obra de teatro “¿Quién le teme a Virginia Woolf?”, es la historia de un matrimonio maduro, el de Martha y George, que se ve envuelto en riñas, odios y reproches ocultos. Pues bien, el matrimonio entre los Cabal-Lafaurie —María Fernanda y José Félix- y el Centro Democrático (CD) ha llegado a su fin y quizás por las mismas razones, a juzgar por la extensa carta, seis páginas, que la pareja le envió al director de ese partido.

Según ellos, hallaron “evidencia clara de graves irregularidades en el proceso” que concluyó con la candidatura presidencial de Paloma Valencia. La senadora Cabal perdió ese pulso y su rival la tildó de mal perdedora. “Perder es muy duro para María Fernanda Cabal, pero el país exige unidad”, le dijo Paloma Valencia a El País de España.

En su misiva, los Lafaurie-Cabal añaden: “No queremos continuar en el CD. Sentimos que no tenemos espacio. Merecemos una salida digna, por lo que proponemos una escisión del CD que le permita a María Fernanda formar su propia agrupación política de conformidad a los estatutos del partido”.

Lo que este episodio revela, en mi entender, es la obsesión de la senadora María Fernanda Cabal por ser presidenta de Colombia, pues solo algo así explica el hecho de que ella y su esposo se aparten del uribismo para armar toldo aparte, en vista de que la ungida fue una caucana en vez de una vallecaucana.

Cabal sería la jefa única de su propio partido, cuya línea sería de mano dura como el ultraderechista Vox de España, partido cercano a sus afectos ideológicos.  Es una jugada maestra para estar presente sin estar presente en lo que resta de la carrera presidencial.

Lo concreto a hoy es que la senadora Cabal se ha quedado, literalmente, sin el pan y sin el queso: es decir, sin una candidatura presidencial y sin otra aspiración para repetir curul en el senado. Se entiende, pues, la preocupación y la obsesión.

Comenzando el año, publicó en sus redes sociales este video sobre un viaje relámpago que hizo Washington, donde según ella “estuvimos con funcionarios y amigos del Departamento de Estado, del Departamento de Defensa, enlaces de la DEA, con la Casa Blanca: estuvimos en visitas demasiado productivas para Colombia, mostrándoles cuáles son los riesgos y las oportunidades; vienen cosas grandes para mi país”.

La verdad no entendí el contenido del video. ¿Acaso la senadora viajó en misión oficial o motu proprio?

Si los esposos Lafaurie-Cabal planean formar rancho aparte, queda claro que en Colombia fundar partidos políticos resulta igual de sencillo que poner puestos de arepas en cualquier esquina de barrio, con el perdón, claro, de aquellas personas humildes que se ganan la vida en ese sacrificado oficio, pues difícilmente podrían aspirar a, digamos, una curul en el Congreso, devengando 52 milloncitos de pesos mensuales, además de escoltas, carros y un equipo de empleados, todos con sueldos a cargo del bolsillo de los colombianos.

Perder tales privilegios debe ser una auténtica tragedia, a pesar de que una empresaria como la senadora Cabal de hambre no se va a morir, bendito sea Dios.

Hicieron bien la senadora y su esposo en “desuribizarse”, a estas alturas ya deben saber que Álvaro Uribe, a sus 73 años, está quemando sus últimos cartuchos en la política y si Paloma Valencia pierde (como dicen las encuestas que perderá), es mejor saltar del barco antes de que aparezca el iceberg, si no es que ya apareció en el horizonte. Es lo que hace un político inteligente. Y la senadora Cabal está dando muestras de sagacidad y olfato político. Se dice que ya está reclutando adeptos para su partido, entre aquellos que fueron ninguneados por el uribismo para hacer parte de las listas al Congreso.

La Silla Vacía lo resumió así: “Disidencia de Cabal y Lafaurie: Otra señal de desgaste de Uribe en la derecha”.

Yo tenía escrito un perfil sobre la doctora Cabal, donde la comparaba con uno de los personajes de Condorito —y no es Yayita, aunque ¡ah yayita!—, por si ganaba la nominación del Centro Democrático; me puse muy triste pensando que mi trabajo se había ido a la basura. —Es una lástima que no haya sido la elegida, pensé, pues polémica como es, resulta un plato fuerte, más suculento que Paloma, para columnistas, humoristas o escritores como yo.

La senadora Cabal también ha sido uno de los personajes más vilipendiados de la política colombiana, tratada con sorna en las redes sociales, pero es que ella tampoco ayuda. Recuerden la vez que le dijo al periodista Daniel Pacheco que tenía cemento en la cabeza, y aquél ni siquiera se defendió, como si le temiera a la senadora Cabal.

Volví a ver esa entrevista, y me pareció que la senadora levita. Y me digo en voz baja, no sea que de verdad las paredes tengan oídos, ¡cuánta humildad le hace falta a esta mujer pudiente si quiere hacerse con el gordo de la lotería, o sea, la presidencia de la República! Se le abona, eso sí, no ser del típico político que usa máscaras. Ella es el pez que prefiere morir por la boca antes que agachar la cabeza o reconocer que se ha equivocado.

Más que legisladora del tercer mundo, se siente cual senadora republicana legislando en el Congreso de Estados Unidos, donde según dice tiene buenos amigos, pero aclaremos que en política la palabra amistad no existe o no funciona con el mismo significado que para el resto de los mortales.

Hay acuerdos entre pares y componendas. No puede haber amistad sincera sencillamente porque todos riñen por el mismo trofeo y ese trofeo se les vuelve un asunto personal e intransferible, como las obsesiones. Así que en política es mejor cuidarse la espalda.

Siempre he tenido curiosidad por saber si los políticos leen libros. Por si lo notaron, en el video de “las tres amigas y rivales”, quedó claro que de eso más bien poco. ¿Recuerdan al político que ni siquiera leía lo que firmaba? Si no leen debe ser por falta de tiempo, los excuso yo. Lo que es muy raro en todo caso, porque los congresistas trabajan como mucho tres días a la semana, y menos de ocho horas diarias.  

No obstante, me llamó la atención este tuit de la senadora Cabal citando a Hannah Arendt, una filósofa alemana y sobreviviente del nazismo, cuyos libros resultan necesarios en este tiempo.

¿Es en serio? Alguien que representa a la derecha más extrema, quizás sea la persona menos indicada para hablar sobre libertad, asunto que obsesionó a la pensadora alemana. Ella representa a la sociedad civil que combatió al establishment político de su tiempo. La doctora Cabal, una mujer radical, representa al establecimiento político en la Colombia de nuestra época. La Alemania Nazi persiguió comunistas en tanto que en la Colombia actual la doctora Cabal los llama “izquierdópatas” cada vez que se le antoja.

En 2022 afirmó que “la igualdad es un mito de la izquierdopatía, que necesita vender falsedad a sus adeptos.” “Ningún ser humano es igual a otro, cada uno tiene ADN y capacidades diferentes”, añadió.

No obstante, en un intento por justificar la cita de Arendt traída a colación por ella, quiero creer que dicha frase fue la manera que encontró la senadora Cabal para decirnos que se aburrió de obedecer al expresidente Uribe, en contraste con la senadora Paloma Valencia, que es, dicho por ella misma, la que más caso le hace. Y eso tiene una explicación lógica, dicho también por ella: “Uribe es mi papá”.

En este punto se me agotaron la paciencia y las palabras.

Espere mañana: Jesús, María Magdalena y Petro. 

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