Si la caricatura exagera los rasgos físicos de una persona, ¿está mal que Matador utilice el sobrepeso de una candidata presidencial como tema de su humor gráfico? Y si está mal, ¿es hora de replantear el humor político? ¿Cuál es el límite de la caricatura? ¿Hay límites? Y sí los hay, ¿Quién los pone?
Estamos tan cargados de piedras en las manos, que un día podemos simplemente esquivar la mirada y aprender: que aquello que nos mortifica, nos resbale. Es un buen momento para refugiarnos en los filósofos estoicos.
El país estrenó una polémica de talla mayor: el agarrón entre una senadora y aspirante presidencial y un artista que aspira llegar al Senado por primera vez.
Ser gordo o ser flaco nada tiene que ver con la capacidad de una persona para gobernar un país, y por lo tanto les propongo llevar la controversia a otros terrenos, en lugar de seguir nadando en lo pandito, algo que se volvió costumbre en este país.
Parece que fue ayer cuando medio país crucificó a Alejandra Azcárate por escribir sobre las mujeres gordas en una columna de la revista Aló. Pero no fue ayer, si no en el año 2012. Escribió entonces la humorista: “Una mujer que nace gorda o que se engorda debe tener ciertos puntos a su favor que deben ser resaltados y no señalados por las flacuchentas como yo”. Y luego desglosa los que, según ella, eran, para ese momento, los tales puntos a favor:
“1. No piensan a la hora de comer. Esa es una invaluable sensación de libertad. No se mortifican por los horarios adecuados para ingerir los alimentos ni mucho menos se estresan por la escogencia de los mismos. Una bandeja paisa al desayuno no es una posibilidad absurda, al contrario, puede ser una realidad semanal”.
Y para no repetir el cuento, porque la columna está colgada en internet para quien quiera leerla, cada punto “a favor” es peor que el anterior; son siete en total.
Hoy se repite la polémica con otro humorista por cuenta de una caricatura que a muchos no les cayó en gracia, una viñeta por medio de la cual el caricaturista Matador se refiere al sobrepeso de la senadora Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático a la Presidencia de la República.
Matador ha sido “apedreado” en las redes sociales, acusado de misoginia y machismo, y defendido por sus fans, en tanto que la senadora ha recibido el apoyo de sus seguidores y críticas de sus detractores. A él lo defienden aquellos que consideran que ha sido malinterpretado y a ella la defienden quienes consideran que ha sido maltratada.
Si la caricatura política, por definición, exagera los rasgos físicos de una persona, ¿está mal que Matador utilice el sobrepeso de una candidata presidencial como tema de su humor gráfico? Me gustaría tener la respuesta a esa pregunta, pero no la tengo. Ante un tema tan espinoso, lo más cómodo es pasar de ladito para esquivar las espinas.
Pero creo que el debate es interesante, y el país debe darlo, por una razón: Si esto fuera un juicio ya habría un condenado sin derecho a la defensa y el debido proceso; incluso, quienes no tenemos velas en el entierro terminamos convertidos -por fuerza de los hechos y en un contexto marcadamente electoral- en jueces o jurados.
En favor del artista diré que los políticos deben aprender a tener el cuero duro para soportar la irreverencia. Quien se meta a la política debe saber que estará expuesto al escarnio y escrutinio públicos, más en esta era de redes sociales ansiosas, que no perdonan una. De hecho, antes de Matador ya había cientos de memes de usuarios mofándose de la situación, pues el meme, como interpretación caricaturesca de la realidad, es un arma de crítica de este tiempo, a veces mordaz, casi siempre divertida; habría que preguntar si también se les debe poner límites a los memes.
Álvaro Uribe, experto en volteretas con el lenguaje, prefirió coger la olla caliente con guantes: “El peso de Paloma está en su preparación, en su lucha, en su transparencia, en su firmeza, en la grandeza de su corazón”, dijo.
Por otro lado, también hay que decirlo, navegamos por el siglo de la cultura de la cancelación, —lo que antes estaba bien, resulta que ahora está mal—, y desde esa óptica debemos decir que a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una flor, pero al mismo tiempo debemos preguntarnos si el aforismo aplica para la punta afilada de la pluma de los artistas.
Recordemos la polémica que se armó porque en la nueva edición del clásico “Charlie y la fábrica de chocolate”, del escritor Roald Dahl “se han borrado o modificado referencias al género, la apariencia y el peso de los personajes”, como lo explicó en este artículo de 2023 la BBC, refiriéndose a la palabra “gordo”.
Es decir, hay quienes consideran que se deben reescribir aquellos cuentos que resulten ofensivos para el lector, del mismo modo que hoy ciertas caricaturas no pasan la prueba de sensibilidad de los espectadores. Ofenden a las audiencias y, ante todo, ofenden a los políticos que son el blanco de ellas.
Tal vez sea hora de hablar más de cultura ética que de cultura de la cancelación o la corrección política. Lo primero nos invita a revisar las consecuencias de nuestros actos, desde el reconocimiento del otro, antes de cometerlos, en tanto que la corrección busca cercenar la creatividad y la libertad del artista ante una realidad de la que no es responsable.
Después de todo, lo que nos incomoda es la realidad verdadera y en lugar de hacer algo para cambiarla, la hemos convertido en un campo de batalla, ¿acaso la reedición de la guerra de los sexos y los egos?: De un lado las víctimas (del humor en este caso) y del otro lado los victimarios (del humor en este caso); verlo así es desconocer de manera injusta el propósito último de la sátira política. Un usuario anónimo hizo este apunte que me pareció inteligente: “Los caricaturistas no tienen por qué hacerle abdominoplastia a sus personajes, lo que es”.
Puede ser que a Matador se le haya derramado todo el frasco de tinta y ahora le corresponda soportar la crucifixión social como en su momento la padeció Alejandra Azcárate.
En otras ocasiones he defendido con argumentos su trabajo y su aporte al arte. No se nos olvide que Matador ha sido víctima constante de la censura: siendo caricaturista de El Tiempo, pagó un precio muy alto por cantarle la tabla a los poderosos. Lo echaron sin causa justa. Y terminando 2025, Facebook lo cerró su página -tenía un millón doscientos mil seguidores-, el mismo día en que inscribió su candidatura al Senado por el Pacto Histórico.
Hoy el asunto es otro y amerita distintas miradas. Para empezar, creo que el arte puede ser transgresor, irreverente o satírico, incluso burlón o grotesco, pero también creo que la caricatura política se llama así porque cuestiona y ridiculiza lícitamente la postura, la impostura y los discursos de los políticos, no necesariamente su apariencia física, que, pensaría uno, nada tiene que ver con las capacidades intelectuales de las personas. Los funcionarios públicos –y la senadora lo es- deben rendir cuentas por eso y nada más que por eso, todo lo demás corresponde al ámbito de la vida personal.
En este mismo blog, varias veces he cuestionado las actuaciones infortunadas de la senadora. A finales de diciembre de 2025 escribí: “Siendo payanesa y nieta de expresidente caucano, sus paisanos nos podrían decir qué ha hecho por esa región durante tres periodos como congresista. Siempre me he preguntado por qué no ha sido candidata a la gobernación de su departamento, una región convulsa, harto golpeada por la violencia, pues así tendríamos alguna idea clara de sus capacidades para poner orden en materia de seguridad, que es lo que ahora promete”.
En ese sentido, encuentro justificado que Matador cuestione por medio de sus trazos la insensibilidad social de la senadora y en general de la bancada uribista en el Congreso, pues durante cuatro años no han hecho nada distinto que oponerse a las reformas que el país demanda. En conclusión, la caricatura de Matador es una denuncia a esa insensibilidad y no el mero irrespeto a la apariencia de la congresista. Lo sé: es una línea muy delgada y en ese caso podemos también preguntar: ¿Quién traza el límite? ¿El artista, el público o las normas sociales? ¿Si una persona se ríe y otra se ofende: a quién hay que reprender?
El portal Vorágine publicó el siguiente post:“A las mujeres no las dejan comer en paz. Los argumentos para desacreditarlas se basan en sus cuerpos. Y si participan en política, reciben más violencia”. Una lectora respondió así a la publicación: “… no es un ataque a las mujeres, es un ataque a la derecha que engorda sus bolsillos, sus cuerpos, sus cuentas bancarias a costa del pueblo que sí sufre de hambre. Que critiquen el cuerpo de Paloma Valencia es una crítica a sus privilegios…”.
Algo que no comprendo es por qué razón todos aquellos que condenaron a Matador, incluida la Defensora del Pueblo, le dieron vitrina en sus redes sociales a las publicaciones del caricaturista, si se supone que son degradantes y constituyen discriminación contra la mujer. Como este es un blog que se leerá en diez, veinte o quizás cincuenta años, -¡qué optimista!-, me parece válido reproducir las imágenes para ilustración de las audiencias del futuro.
Esto es discriminación contra la mujer en la política. La burla, vacía de contenido, acude a estereotipos sobre el cuerpo de la mujer.
En @DefensoriaCol, junto con otras instituciones, promovimos un Compromiso por unas elecciones libres y en paz. Hemos invitado a candidatos y… https://t.co/plSCkLtUrg
Creo que todos —humoristas, columnistas de prensa, opinadores en las redes sociales, incluso los editorialistas de prensa—, debemos reflexionar sobre cuál es nuestro papel como orientadores de la opinión pública. Porque como dijo Juan Gabriel, preguntado por su homosexualidad, “lo que se ve no se pregunta” y de ahí parte el respeto por la dignidad del otro. Nada justifica derramar veneno sobre el adversario o el contradictor. Elevar el nivel del debate significa liberarlo de inquina innecesaria. Entiendo nuestra tendencia inveterada al insulto, a la provocación; tal vez estemos siendo demasiado humanos por culpa de la polarización, pero no aguanta tener que seguir escribiendo más sobre discursos de odio en un país sin santos que lo que más sabe es odiarse a sí mismo.
Así como ayer defendí a Laura Sarabia, víctima de burlas en las redes sociales por cuenta por su apariencia física, luego de un trino de la periodista María Andrea Nieto, hoy debo decir que no está bien hacer chistes, flojos, negros, ni finos, con el sobrepeso de ningún ser humano. Debemos condenar siempre la violencia, real o simbólica, que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres. No obstante, será un juez quien determine si las críticas del caricaturista configuran un caso de presunta violencia política, como alega el Centro Democrático.
Preocupa, eso sí, que todo se pretenda resolver con demandas como si el recurso del diálogo civilizado no existiera. Entre políticos —Matador ya lo es—, debe haber un mínimo de entendimiento: menos hostilidad, menos berrinches, menos ánimo revanchista. Quede claro también que la crítica política, con humor o sin él, sigue siendo válida y muy necesaria en toda democracia. Por su naturaleza, la caricatura nada tiene que ver con actos bienintencionados; la política quizás sí, sólo si se le considera como lo que debe ser: un arte, así considerado desde los romanos.
Escribí entonces: “El derecho a la libre expresión y opinión no puede usarse para acosar o insultar a quien no piensa como uno. Lo estipulado en la Sentencia T-904 de 2013 de la Corte Constitucional, sobre causales de violación del derecho a la intimidad, debería extenderse al ámbito de las redes sociales”.
Aunque Matador dijo que no se retractará, la polémica quizás podría concluir con una disculpa de caballero a la senadora Valencia, como en su momento lo hizo Alejandra Azcárate; de la misma manera, al expresidente Uribe se le exhorta a disculparse públicamente con María José Gómez, la joven activista de izquierda, mujer también ella, por ordenar a las hordas uribistas hacer matoneo digital hasta “hacerla llorar”.
Quizás sea también el momento de que la senadora María Fernanda Cabal se disculpe con la senadora María José Pizarro por compararla con las pandillas de los Maras Salvatruchas por tatuarse, y con Iván Duque, su compañero de partido, a quien llamó “gordo marica” en 2022, durante una conversación telefónica en la que renegó de sus copartidarios llamándolos “este partido de hachepés”. O debe disculparse Vicky Dávila con Matador por llamarlo “bien feazo que es”, mientras se solidarizaba con Paloma Valencia. ¿No será que todo esto habla más bien de la fealdad de nuestras almas? Es que si hacemos un listado de ofensas entre figuras públicas no acabamos nunca.
De la propia Dávila podemos recordar este clásico: A partir del minuto 10, al también periodista Hassan Nassar, jefe de prensa en el gobierno Duque, por su apariencia física le soltó más de una docena de epítetos: “tipejo, peludo, esta cosa, Tarzán, bárbaro, inepto, incapaz, badulaque, payaso, patán, atrevido, personaje peludo, Archibaldo”.
En esta columna de Proclama del Pacífico, la columnista Stella Ramírez Granobles se pregunta: ¿Es más peligrosa la caricatura de una mujer, que la orden de hacerle daño a otra? Y responde: “Colombia reaccionó de diferentes formas: Primero, se escandalizan por el dibujo. Segundo: guardaron silencio cómplice por la amenaza. Ninguna de las dos formas se justifica. Eso no es opinión. Eso es violencia. Y ahí aparece la hipocresía colombiana. Se escandalizan selectivamente”.
Después de que todos se comporten como adultos capaces de agachar la cabeza cuando toca —mejor ponerse colorado un ratico que pálido toda la vida—, deberíamos ahora sí concentrarnos en el problema de la obesidad, y de la obesidad mórbida, y de las patologías asociadas, y por supuesto, hablar más del matoneo que sufren las niñas o los niños en los colegios por verse diferentes a los demás. Se trata de un asunto de salud pública que impacta de muchas maneras la vida de las personas, incluyendo su salud mental, lo mismo que al sistema de salud.
Un amigo lleva la mitad de su vida luchando contra esta condición. Invirtió tiempo, dinero e ilusiones en dietas y tratamientos, y solo ahora -después de pasar de un consultorio a otro, y a otro, y de un experto a otro-, juicioso como es con el ejercicio y la alimentación sana, por fin una médica endocrinóloga dio con el chiste, como decimos. Sé lo mucho por lo que él ha pasado, y sé de su dedicación para mantenerse en un peso saludable y mantener a raya ciertas patologías asociadas al sobrepeso. A él debo agradecerle porque me ha educado sobre un tema que la sociedad se está tomando a la ligera y sin medir las consecuencias. Su caso evidencia que en Colombia falta mayor y mejor preparación de los médicos colombianos para entender y abordar el problema.
La gordofobia es un término que si bien no figura en el diccionario de la RAE, se ha venido popularizando en el mundo, para hablar sobre la estigmatización que millones de personas sufren.
❌La gordofobia es la discriminación que enfrentan las personas de talla grande por el simple hecho de serlo. Esta narrativa generalmente tiene como resultado que existan obstáculos al ejercer sus derechos.
👉En colaboración con @CONAPRED te damos la siguiente información.
También es hora de hablar sobre el efecto nocivo del consumo de productos ultraprocesados y de los efectos perversos del sedentarismo y la inactividad física. La senadora Valencia ha sido una de las más duras opositoras al impuesto saludable, por un supuesto impacto negativo en la economía nacional.
Un artículo de El Espectador del 30 de diciembre del 2025 dice lo siguiente: “Un estudio sobre las reformas de 2022-2024 muestra que los impuestos a bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, así como los sellos de advertencia, no provocaron despidos ni caídas de ingresos, como advertían gremios como Fenalco o la ANDI”.
En su momento, la senadora Valencia satanizó la medida.
#Noticia🗞️| Paloma Valencia calificó los impuestos saludables como “la venganza” del Gobierno Petro contra los colombianos.
Estamos en doble campaña electoral, presidenciales y Congreso de la República, se entiende que cada nueva polémica tiene su tufillo político con réditos para quien mejor sepa capitalizarla, pero también cada nueva controversia debe llevarnos como sociedad a una reflexión más profunda que el hecho de simplemente solidarizarnos con la una y linchar al otro por lo que dijo o pintó.
“Si hablan mal de ti y es verdad, corrígete; si es mentira, ríete de ello”: Epicteto, filósofo estoico.
Ahora bien: ¡Cuánta falta le hace este país líderes políticos auténticos que inspiren a la gente! A lo mejor, la propia candidata presidencial debió aprovechar esta oportunidad para contarnos su experiencia lidiando con el sobrepeso. ¿Por qué ningún medio se lo ha preguntado? ¿También es delito preguntar eso?
Quizás su testimonio de vida sirva para concienciar a toda una nación, pues más de la mitad de los colombianos batalla hoy contra los kilos de más; la cuestión pasa de un gobierno a otro sin que ninguno tome medidas verdaderamente audaces. Si el Ministerio de Salud no hace lo suficiente, el Congreso de la República tiene el poder para cambiar lo que está mal a través de leyes. Porque legislar no se reduce a criticar o torpedear.
Si algo bueno podemos aprender de Estados Unidos, ahora que las relaciones parecen mejorar, es la campaña emprendida por el gobierno de Donald Trump, al redefinir la pirámide alimenticia, privilegiando el consumo de proteínas, frutas y vegetales, para “Hacer a América Saludable De Nuevo”.
Si Matador llega al Senado, esa podría ser una de sus promesas de campaña para reconciliarse con esa mitad del país que hoy no quiere verlo ni en pintura. Desde esta tribuna, le hago esa invitación humilde a un caricaturista que aspira ocupar el mismo recinto desde donde la senadora Paloma Valencia ha estado legislando durante una larga década.
Alexander Velásquez
Escritor, periodista, columnista, analista de medios, bloguero, podcaster y agente de prensa. Bogotano, vinculado a los medios de comunicación durante 30 años. Ha escrito para importantes publicaciones de Colombia, entre ellas El Espectador, Semana (la antigua); El Tiempo y Kienyke. Ha sido coordinador del Premio Nacional de Periodismo CPB (ediciones 2021, 2022, 2023). Le gusta escribir sobre literatura, arte y cultura, cine, periodismo, estilos de vida saludable, política y actualidad. Autor de la novela “La mujer que debía morir el sábado por la tarde”. El nombre de este blog, Cura de reposo, se me ocurrió leyendo “La montaña mágica”, esa gran novela de Thomas Mann.
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