La reconciliada de dos hombres poderosos, provocadores e incorregibles, Donald Trump y Gustavo Petro, dejó sin palabras a la oposición y la redujo a un par de memes divertidos.
La reconciliada de dos hombres poderosos, provocadores e incorregibles, Donald Trump y Gustavo Petro, dejó sin palabras a la oposición y la redujo a un par de memes divertidos.

Imagen de unos de los memes de autor anónimo que circulan por las redes sociales.
Benditos sean los memes que hacen llevadera la cosa política.
La historia política de Colombia tiene un antes y un después tras el encuentro de dos hombres incorregibles: Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, y Gustavo Petro, presidente de Colombia.
Si algo debemos celebrar de la cumbre Petro-Trump o Trump-Petro, como prefieran porque el orden de los protagonistas no altera el éxito, son los divertidos memes que aparecieron al concluir el encuentro, el martes 3 de febrero, día de San Blas, obispo, mártir y patrono de las enfermedades de la garganta. Por fortuna, el presidente supo contener esta vez su lengua, y no tuvo que tragarse ningún sapo, que eso querían sus detractores: verlo humillado como en su momento le pasó a Volodomir Zelenski, el presidente de Ucrania.
Los memes son el nuevo lenguaje de la batalla política. Una reedición de la “malicia indígena” del colombiano que encuentra en el humor una forma legítima de expresarse y en las redes sociales una plaza digital para hacer activismo.
Los memes, todos magníficos, son la prueba gráfica de la Petrotusa de una derecha ansiosa qué esperaba sacarle ventaja a un agravio que no ocurrió. ¿Vieron la imagen de María Fernanda Cabal llegando a la Oficina Oval vestida de domiciliaria de Mcdonald´s o la del Tigre Abelardo De La Espriella con traje de barman sirviendo las cervezas? En la mesa los chistosos pusieron pollo asado y Colombiana la Nuestra; sólo faltó el salchichón y el pan francés.
Pero vean ustedes cómo son las cosas en el país del Sagrado Corazón. Como a Petro le fue bien en su cita con el gringo, los medios ya pasaron la página. No hay análisis apocalípticos, ni panelistas disertando sobre lo divino y lo humano; no hay candidatos presidenciales anticipando el acabose si la izquierda gana en mayo, tampoco hay entrevistas extensas a Álvaro Uribe dándolo como el ganador de la jornada, no hay columnistas celebrando la paliza a Petro porque paliza no hubo. Lo que se ve en las fotos es pura amabilidad y caras rozagantes. Petro, el niño díscolo, se ganó el respeto del profe.
Se entiende, pues, el desconcierto, porque no es fácil aceptar que un exguerrillero se pasee como Petro por su Casa… Blanca.
Si a Petro le hubiera ido como a los perros en misa, el tema coparía la agenda mediática de aquí a las elecciones de marzo. La derecha se estaría re-acomodando, envalentonada con la idea de que “los progres” son fácilmente derrotables. Todos los candidatos estarían corriendo hacia el Ubérrimo a ver qué ordenaba el que sabemos.
Pero no: están enguayabados, achantados, achicopalados.
Esperaban presenciar a la distancia y vía microondas a un Trump grosero, ofensivo e insolente –de rostro avinagrado- con su némesis Petro, pero no vieron venir (nadie, a decir verdad), que Petro cruzaría la puerta con sonrisa de oreja a oreja, foto autografiada y dedicatoria del hombre más poderoso del planeta.
Recoge el diario El Clarín de Argentina: “Gustavo. Un gran honor. Amo a Colombia”, dice la tarjeta con el membrete de la Casa Blanca que acompaña una fotografía de ambos sonrientes y que fue publicada en X por el presidente Petro”.
María Fernanda Cabal, quien todavía no se repone del desplante que le hizo su propio partido al bajarla del bus presidencial, desatinó al decir en redes sociales: “Muy bien Petro, el que hace caso no se equivoca. Llegará a Colombia más trumpista que Trump”.
Téngase en cuenta que el apunte viene de mujer que es más trumpista que Trump y que, hasta donde sé, aun así no ha tenido la dicha de estrechar su mano.
Esto no es un partido de fútbol, pero casi: ella, sentada en la banca, está viendo a otro hacer los goles. En una fiesta sería la comepavo.
De una persona como ella, que aspira a ser algún día la presidenta de Colombia, se espera un comentario menos infantil, porque esto que posteó resulta escuelero, sin fondo y sin forma. Decir por decir cualquier cosa, con el mismo esfuerzo con el que opina, de oídas, el ciudadano equis en un bus de transporte urbano.
No hay ni medio análisis inteligente sobre lo que pasó en Washington. Hay, eso sí, mucha rabia mal disimulada. No se les pide actuar como la cohorte de aduladores, ni el comité de aplausos. Pero si cuesta demasiado reconocer un logro sin ruindad, quizás callar resulte más apropiado.
La derecha debe saber que no hubo sumisión por parte de Petro. Lo que hizo fue pedirle de manera explícita a Donald Trump trabajar unidos como países para hacer grande no América, sino a las Américas, y eso incluye al Norte, al Centro y al Sur.
No se puede negar que Petro demostró ingenio y sentido de hermandad al poner la S en la gorra del MAGA, porque entiende algo que los demás no: el valor de la geopolítica en un mundo descuadernado. Hacer a América grande de nuevo significa empoderar a un territorio vasto, que va desde Alaska hasta la Patagonia, de Canadá a Chile.
En redes sociales ya hay una versión actualizada de la cachucha.

Aunque suene pretencioso, a Petro le cabe en la cabeza no un país, sino un continente entero. Solo lamento que no le haya regalado un ejemplar en inglés de “Cien años de soledad”, como recordatorio de la soledad que agobia a América Latina, cuarenta y cuatro años después de que García Márquez lo dijera en su famoso discurso en Estocolmo, vestido de Nobel.
La derecha “celebra” que Petro entró por una puerta lateral y sin honores. Lo importante es que salió sin horrores de la Casa Blanca y reconciliado. La reconciliación fue un hecho y el asunto de los mejores enemiguis quedó en el pasado. Petro es un líder al que otros líderes pueden estar mirando hoy.
Querían ver a Petro mal trajeado para criticarlo, pero Petro nos sorprendió a todos, luciendo muy majo y para nada tieso, con su pinta sofisticada, todo un lord. Lord Petrosky le dicen sus seguidores.
Se le notó seguro de sí mismo todo el tiempo. Las imágenes hablan por sí solas. Lo demás, como decíamos en el colegio, son patadas de ahogado.
Con la visita de Petro a Washington ganó Colombia y eso nos incluye a todos, también a la insufrible doctora Mafe Cabal y a esa derecha que todavía no encuentra un calmante efectivo contra los efectos de la Petrotusa, que ya va por su cuarto año… y nadie sabe si se hará extensiva cuatro más.
Creo yo que ahora si el mandatario se merece una buena borrachera. ¡Salud, míster Petro! Ja ja ja (…)
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