Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

El pedernal, el bezoar y la plumita

Silex o pedernal. Tomado de Wikipedia

Esas tres palabras suenan como el comienzo de un cuento para niños, pero no es el caso. He escrito varios catrecillos sobre las piedras, supongo que fascinada por el hecho de que, aunque son comunes, muy comunes, las sintamos tan fundamentales y atractivas. De hecho, queremos recogerlas del suelo cuando percibimos alguna novedad en el color, la forma o la textura. Casi todo el mundo tiene guardada alguna. Creo que, además, porque sufren de indiferencia y de eternidad. Al menos eso nos parece. No hay que cuidarlas, nos rodean, nos han rodeado siempre, y las hay para todos los usos.

El pedernal o sílex es un tipo de piedra muy especial. No sé si el lector alguna vez se encerró en un cuarto oscuro, siendo niño, para ver saltar chispas de estas piedras blancuzcas, cuando se las golpea sesgadamente una contra otra. No sabe uno cómo, pero dicen que se usaban para encender hogueras. Si usted lo ha intentado, la chispa desaparece sin dar tiempo de prender una hoja seca, por ejemplo. Sin embargo, dizque todavía se usan en los encendedores manuales de cigarrillos. Con ese mismo diseño, el de los encendedores, uno cree que entiende cómo se logró la combustión de la pólvora en las primeras armas de fuego. Así que no sería mala idea cargar en el morral dos piedritas de pedernal, por si se necesita prender fuego en un lugar remoto. Dicen que, para producir chispas, son prácticamente inagotables. Los Neandertales ya la usaban.

La herramienta de hace 50.000 años que demuestra la inteligencia de los neandertales

Esta es una herramienta de pedernal usada por los Neandertales.

Una piedra que nadie ve —bueno, es un decir, pues los boticarios, veterinarios y biólogos sí la conocen— es el bezoar. Es una agrupación de cálculos que se encuentran en el estómago y en las vías digestivas y urinarias de algunos mamíferos. El bezoar se usaba como antídoto (cuando existían las boticas) contra el envenenamiento por arsénico. Se encuentra en el cuajar o cuarta cavidad del estómago de algunas especies de cabras, o en la misma cavidad del estómago del antílope (recordemos lo aprendido en el colegio: panza, bonete, librillo y cuajar).

Bezoar. Tomado de Wikipedia

Era un dicho entre nuestras abuelas: “Mijito, mastica bien la comida, que el estómago no tiene dientes”. El de las aves sí tienen, pues poseen piedras que hacen las veces de dientes. Quien ha comido el músculo duro que es la molleja de gallina, probablemente ha encontrado piedritas o ha tenido la sensación de masticar arena. Efectivamente, estos son los gastrolitos. En el mundo de los fósiles son muy conocidos, pues los dinosaurios tragaban piedras para ayudar la digestión. Los avestruces y las gallinas (cocodrilos y otros) llenan sus mollejas con arena y piedras muy pequeñas con el propósito de triturar los alimentos. Las más filosas se incrustan en el músculo fuerte que es la molleja y se convierten en pequeños dientes, que, con la presión, muelen bien los alimentos.

La piedra que las mujeres usamos para suavizar la piel dura (y protectora) de las plantas de los pies tiene un nombre más bonito que el de piedra pómex: se llama también plumita. La plumita es de origen volcánico y es vítrea. Es muy porosa y posee baja densidad, tanto que flota en el agua. Los poros se deben a las delgadas capas de vidrio que la componen, por eso también es abrasiva. No solo se usa para despellejar las plantas de los pies, también para hacer borradores, para desgastar las telas perfectas (debido a modas imperfectas), teñidas bellamente de azul índigo, de los bluyines. En cosmética, la piedra pómex se muele y se agregar a las cremas para la piel, para volverlas exfoliantes.

Pomex. Tomado de Wikipedia

Ay, piedras, “Palabra y piedra suelta no tienen vuelta”.

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