Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Los reyes del mundo. La película dirigida por Laura Mora

No se la pierdan, se los digo, y no por hacer algo por el cine nacional. No, no se la pierdan, por ustedes mismos, no se pierdan de tener esta hermosa experiencia.

Muy pocas veces pasa con el cine que a los 15 días de haber visto una película uno todavía está pensando en ella. Muy pocas veces se ve una película que produce en uno el deseo de que todo el mundo la vea, dentro y fuera de Colombia, por distintos motivos. Los locales deberían verla por su contenido, porque es importante; los extranjeros, porque es bueno tener una perspectiva amplia de lo que puede ser la vida de los otros.

La ficción tiene una virtud, la posibilidad de llevar lo lejano, lo externo, a la experiencia personal; permite sentir, experimentar la vida de los otros vicariamente, sin sufrirla de manera directa, pero compartiendo sus experiencias. Toda la ficción hace eso; sin embargo, a veces, solo entretiene, a veces, solo aburre, y a veces, solo enseña.

Cuando la ficción vale la pena, ilustra y divierte al mismo tiempo. Los cuentos infantiles se inventaron para que los niños aprendieran sobre las muchas contingencias que podrían esperarlos a la vuelta de la esquina, en el bosque, en las casas ajenas, antes de tener que sufrirlas. Por eso, las historias infantiles están pobladas de lobos, diablos, sortilegios y peligros.

En Colombia ocurren las cosas más terribles imaginables, y aunque los noticieros las anuncian día y noche, tratamos de dejarlas por fuera de la realidad personal. Las obras de arte convierten la ficción en una realidad que se queda taladrando la conciencia, y eso ocurre con Los reyes del mundo. Por supuesto, los espectadores en Colombia sabemos que les han puesto caras y nombres a unos personajes, para que podamos ver de cerca una verdad inocultable. No voy a decir qué pasa en la película, diré que se trata de un caso de restitución de tierras. Más de cinco millones de personas en Colombia han sido desplazadas de sus territorios, de sus casas, de sus fincas y pueblos. En lo que va del 2022, 70.000 personas han sido desplazadas. Colombia es el tercer país con más desplazados en el mundo, solo superado por Siria y la República Democrática del Congo.

¿Y qué pasa con esto?, que la gente oye cifras y se estremece, y dos minutos más adelante se olvida de todo. Las formas de arte tienen la potestad de hacer recordar, de que las cosas no se olviden fácilmente, que resuenen, y que nos molesten lo suficiente como para movernos a actuar. Con Los reyes del mundo uno sabe que les ha fallado, por omisión, a otros seres humanos, porque no solo se ofende y tortura y daña con actos; también, por no hacer nada. Todos los seres vivos deberían ser vistos como algo sagrado que merece compasión y respeto, y esto hay que hacerlo consciente para no responder con miedo o con odio hacia ellos.

Hay formas baratas de impresionar: el sexo crudo, la sangre, la tortura explícita. Cuando las películas, las novelas y la televisión usan estas estrategias baratas inmediatas, desinflan al espectador. Uno siente que la película muestra el cobre, que apela a lo obvio, a lo fácil, a lo que impresiona a los legos. Aquí en Los reyes del mundo hay arte, porque lo que se logra se logra bajo la sutileza y la poesía.

La película permite apreciar la necesidad imperiosa que tenemos los seres humanos de pertenecer a un grupo, de tener nuestra tribu; de importar, aunque sea a cuatro amigos, cuando no se tiene nada más en la vida. La película permite entrar en la mente, en la sicología de los personajes, permite enfocar la atención en los invisibles de la sociedad, en los más pobres de cuerpo y alma, y apreciar cómo es la mente de los más elementales, de los que no han recibido nada, solo golpes como de la ira de Dios. Lo más parecido a un animal es un hombre sin educación.

La educación es el factor más importante para educar la razón y el pensamiento; sin embargo, venimos dotados de emociones, y estas son en gran medida automáticas, porque es necesario reaccionar y responder a la realidad rápidamente, y al nicho más difícil de todos: al de los otros humanos.

Esta es una película que va hasta el fondo de la naturaleza humana: nos hace pensar y nos hace sentir. Enaltezco la razón, pero es a través de las emociones que la vida adquiere su sentido.

El reconocido director de cine Werner Herzog ha dicho muchas veces que él busca que en todas sus películas haya momentos sublimes. En Los reyes del mundo hay varios momentos sublimes, en los que la verdad se impone a través de la ficción, en los que la belleza surge de la fealdad, de la ambigüedad, en donde lo real parece surreal, porque hay cosas que son casi imposibles de imaginar. La verdad en Colombia supera cualquier ficción, y la talentosa Laura Mora reúne varios momentos de esos y los convierte en cine, y por medio del cine los convierte en experiencia vívida para el espectador. La película ofrece, además, la posibilidad de reconocer la belleza de nuestros paisajes y tiene momentos extraordinarios en los que son protagonistas la música y los coros tipo tragedia griega; también son bellísimos los sonidos que graba de la naturaleza. Los reyes del mundo nos lleva de una experiencia a otra experiencia, cada una más valiosa.

Recordemos al filósofo Pseudo Longino cuando, hablando de lo sublime, dijo:

Lo que es sublime no lleva a los oyentes a la persuasión sino a un estado de éxtasis; un discurso imponente, con el hechizo que arroja sobre nosotros, siempre prevalece sobre aquel que busca persuasión y gratificación. Usualmente podemos controlar nuestras creencias, pero la influencia de lo sublime trae consigo un poder y una fuerza irresistibles, imposibles de soportar, que reinan con dominio supremo sobre cada oyente…

Se trae a cuento lo sublime, pues a través de lo sublime nos elevamos por encima de nuestra propia naturaleza, somos capaces de tener una epifanía, somos capaces de ver la luz, de entender algo que percibimos y que volvemos una realidad nuestra.

Recomiendo una conversación muy valiosa entre Brian Green y Karen Armstrong. Armstrong es autora de varios libros de historia de las religiones y conversa con el físico director de Science Festival, Brian Green, sobre la evolución, la relación de la humanidad con la Tierra, la vida y el cosmos.

 

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