Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Los endulzantes artificiales no matan, pero engordan

Un estudio publicado recientemente en Cell Metabolism sugiere que los endulzantes artificiales producen en el cerebro la sensación de que este se está muerto de hambre, por lo cual algunos organismos, al consumirlos, buscan energía comiendo más. A largo término, los endulzantes artificiales podrían convertirse en un factor para engordar.

El cerebro tiene reguladores de insulina, neuronas para el gusto y centros de placer y recompensa. La calidad y cantidad de un alimento afectan los centros de placer.  Sin darnos cuenta, al ingerir alimentos pobres en nutrientes, comemos más cantidad, con el fin de extraer lo que necesitamos. Por eso es perfectamente posible estar gordo y desnutrido.

En el cerebro, en los centros de recompensa, las cosas dulces están ligadas  al contenido de energía o de calorías.  Cuando en la boca saboreamos lo dulce, nuestro cerebro se prepara para recibir calorías, pero al no ocurrir (al cabo de muchas veces), el cerebro recalibra la relación dulce-calorías para llegar a la conclusión de que necesita incrementar el dulce en la dieta, al mismo tiempo que aumenta la sensación de placer, pues este es el mecanismo que nos hace caer en la tentación sin librarnos del mal.

Los institutos Sydney’s Charles Perkins y el Garvan Institute of Medical Research  investigaron con moscas de las frutas. Separaron las moscas en dos grupos; durante cinco días un grupo fue alimentado con levadura y sacarosa y el otro con sucralosa sin azúcar.  Las moscas alimentadas sin azúcar consumieron 30% más calorías que las que consumieron azúcar. Al suspender la dieta, el grupo de la sucralosa volvió a los estándares normales en su consumo de calorías. También, los dos institutos monitorearon los efectos del consumo de edulcorantes sobre el apetito y la regulación de energía, enzimas y neurotransmisores, y encontraron que efectivamente la sensación de hambre aumentaba.

Los experimentos con moscas muestran que el consumo de sucralosa incrementaba el deseo de ingerir azúcar real; para saberlo, se utilizó la técnica llamada PER  (respuesta de extensión probóscide) que permite averiguar el interés que muestra una mosca de ingerir un determinado alimento. El PER mide el registro de la actividad eléctrica en las células receptoras del gusto; de tal manera se comprobó que después de una dieta prolongada y abundante en sucralosa ocurrían tres cosas: el insecto era capaz de detectar cantidades muy pequeñas de azúcar en un alimento, tendía a consumir más alimentos azucarados y su sensibilidad para lo dulce aumentaba.

Los mismos equipos de investigación realizaron esta prueba con ratones: después de siete días de suministrarles una dieta alta en sucralosa, los roedores aumentaron el consumo de alimentos en un 50 %. Los investigadores detectaron que el neurotransmisor neuropeptide había aumentado. Este es el mismo que activa el apetito cuando se ha estado haciendo ayuno.

Con las personas todavía no se han realizado experimentos; sin embargo, se sabe que los edulcorantes no son convenientes para el metabolismo humano, pues alteran la microbiota del intestino, promueven la absorción calórica, disminuyen la habilidad de procesar el azúcar normal y alteran la química del cerebro y los sistemas de recompensa.

Las investigaciones no son concluyentes. No olvidemos que el consumo abundante de azúcar es dañino para la salud. La cuestión aquí es conocer las dosis máximas recomendables de uno y de otro.

 

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