Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Limpiar o no limpiar el cerumen de los oídos, ¿ah?

La medicina evoluciona a una velocidad vertiginosa. Pero existen consejos médicos que no han cambiado a través de los tiempos, y el de NO limpiar el cerumen de los oídos es uno de ellos. Desde hace más de cien años el consejo médico más consistente ha sido el de no introducir objetos en los oídos, no meter nada en ellos, y nada es nada.

Sin embargo, en los supermercados nos ofrecen copitos de algodón que se venden con ese propósito. ¿Son recomendables? Al fin y al cabo el algodón es suave y blando. La respuesta es: la Academia Americana de Otorrinolaringología dice, NO y No. Los copitos de algodón no son recomendables, pues la cera de los oídos se necesita, los protege.

El canal auditivo es un pequeño tubo que termina en el tímpano. Las acciones de masticar y de hablar mueven el cerumen hacia la abertura. Debido a estas acciones el cerumen no bloquea la audición. En cambio, toda acción de limpieza dirige el cerumen hacia adentro del canal, lo cual  es dañino para los oídos; además, al limpiar, al introducir un copito de algodón, la cera se adhiere al tímpano o se forman bolas duras y grandes, que no se mueven al hablar y bloquean la audición, que retienen el agua que entra al oído cuando nos bañamos, y que solamente pueden ser extraídas en el consultorio, por un otorrino. Los otorrinos utilizan aparatos que succionan la cera, precisamente para evitar empujarla hacia adentro y dañar el tímpano.

Las personas utilizan no solo copos de algodón, también ganchos de pelo, bolígrafos, palillos, pinzas y hasta clavos. No saben que la piel interna es muy delicada. A las salas de emergencia llegan cientos de personas cada año por accidentes más serios causados en el intento de limpiar los oídos. Entonces, lector, no se toque los oídos, déjelos en paz. La cera no es suciedad, no es desaseo, la cera es necesaria, y hay que entenderlo, y hay que creerlo, y hay que empezar a cambiar los malos hábitos.

Cerumen

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