Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Sobre le exposición de la obra artística de María Isabel Rincón: La fragilidad del paisaje

El museo MAJA, en Jericó, expone desde el primero de febrero hasta el veintinueve de marzo del 2020 una selección de tres series de la artista María Isabel Rincón, diseñadora industrial de la universidad Pontificia Bolivariana y actualmente artista plástica.

En la primera serie: Colombia de papel, Rincón se acerca al paisaje, no con la intención de descubrirlo en su geografía, fauna o botánica, sino para revivirlo ante los ojos citadinos del ciudadano común. Gracias a la desgracia de la situación política que hemos vivido en este país, los hábitats naturales están preservados. Se puede decir que la gente de las ciudades ha vivido encerrada en estas desde hace cincuenta años. No hemos salido al campo por miedo a las guerras entre guerrillas con militares y paramilitares. Rincón entra a revisar el paisaje para ver qué ha quedado, para ver cómo ha quedado.

María Isabel Rincón quiere que descubramos, que revivamos la emoción ante la exuberancia y riqueza de lo nuestro. Desea devolvernos el deleite, al menos el del recuerdo, de lo que es salir al campo abierto. El paisaje de Colombia, dice la artista, “Es nuestro verdadero patrimonio”.

El papel es un producto orgánico que sale directamente de la naturaleza, casi sin sufrir un proceso. La artista encuentra una cercanía material entre el paisaje y este. “El papel tiene memoria, como la naturaleza, se resiste a ser arrugado, absorbe la humedad, responde a la luz, es materia orgánica que reacciona frente a las condiciones del ambiente. Además, el papel es un material sencillo, frágil y resistente, y sus posibilidades expresivas son enormes”, nos dice la artista.

En el papel, Rincón encuentra una manera de representar algo complicado: lo sublime del paisaje. Las montañas y el mar, tema principal de su obra, son salvajes, indomables e ingobernables. El peligro que ofrecen es al mismo tiempo su atractivo. La búsqueda de lo desconocido nos sigue llamando. María Isabel Rincón cita el texto de Robert Macsariane y Jennifer Peedom: “De las olas de piedra fluye la vida. Las montañas son más que un reto o un adversario a vencer, porque humillan al instinto humano y nos revelan la propia insignificancia. Viven durante un tiempo largo de una manera que nosotros no. Ya estaban aquí mucho antes de que nosotros existiéramos. Nos vieron llegar y nos verán partir.

Las montañas no buscan nuestro amor ni nuestra muerte, no quieren nada de nosotros y, sin embargo, cambian la forma en que nos vemos a nosotros mismos: moldean nuestro espíritu, retan nuestra arrogancia y nos devuelven la capacidad de asombro” (The Mountain, Netflix. Robert Macsariane y Jennifer Peedom).

María Isabel rasga a mano los distintos papeles de colores al tiempo que observa el paisaje. En vez de dibujar, superpone una capa de papel sobre otra, para interpretar lo que ve. El paisaje es el resultado en una labor lenta. No olvidemos que el paisaje de la naturaleza es también el cúmulo de capas, de unas sobre otras.

Con vista al mar es otra de las series. En esta, busca hacer un énfasis en la fragilidad del paisaje, entendido como susceptibilidad al cambio cuando se actúa sobre él o cuando se abusa de él. No hemos podido entender, dice Rincón, que cada acción nuestra por pequeña que sea puede perturbar el paisaje de una manera catastrófica. El matemático Edward Norton Lawrence se refirió a esto como el Efecto Mariposa, diciendo que “El batir de las alas de una mariposa puede producir un huracán al otro lado del mundo”. La minería, la caza de tiburones y la aspersión de glifosato en nuestro país no son propiamente el batir de alas… Y las consecuencias no dan espera.

Para con Vista al mar, la artista trabaja con cartones reciclados. María Isabel Rincón se apropia de la técnica del troquelado sobre cartones cuyas superficies llevan impresos motivos gráficos. La búsqueda en esta obra es materializar de una manera metafórica la intervención del ser humano en el paisaje. Los materiales y la manera convencional como llegan a nuestras casas muestran una correspondencia entre la realidad y la obra: no hay paisaje, marino, aéreo o terrestre, que quede virgen, limpio, impoluto.

La última serie es Ventanas. Hecha con materiales desechables, cartones, papel y plásticos de un solo uso. El objeto artístico que resulta de esta mezcla de fotografía intervenida, en sí mismo se convierte en un comentario irónico hacia el arte. Ya es hora de que nos replanteemos el rol del arte como contaminador del ambiente. En esta serie, la artista reflexiona sobre la contaminación ambiental que estamos viviendo en el mundo entero. La ventana invita a la acción de contemplar lo que está afuera. Lo que “está afuera” son unas hermosas fotografías del mar que apenas se pueden ver a través del plástico.

La obra está construida con materiales de producción masiva, para crear una ambigüedad entre la poesía de la imagen de bellos paisajes y los elementos que se superponen a esta, y que dificultan su apreciación.

En Ventanas, reconocemos eso que hay de irremediable hoy en el escenario del Planeta. Sin duda, las fotografías intervenidas evocan a los pintores románticos: en la naturaleza concebida como un todo orgánico, y en la posición del artista que reconoce un yo dispuesto a constatar su individualidad, pensamiento y emociones en el paisaje.

En su obra Ventanas, el paisaje se ve —multiplicado, fragmentado y disperso— como a través de los ojos de las abejas. Una mirada compuesta, de insecto, que absorbe la luz reflejada en muchos lentes pequeños, como si se tratara de miles de ojos que se posan sobre una realidad a la que se sobrevuela, pero no se controla. María Isabel Rincón lleva al espectador a ejecutar un escrutinio sobre sus imágenes. Este debe traspasar, para apreciarlas, decenas de pequeñas cápsulas plásticas trasparentes que las cubren.

Los pintores por excelencia del romanticismo eran William Turner y Gaspar David Friedrich. Fueron románticos porque reaccionaron contra los valores de la ilustración: la lógica, la racionalidad y el orden, y porque proyectaron sobre el paisaje sus sentimientos, deseos irracionales y emociones. Para el romántico, la naturaleza se pintaba de tal manera que fuera el reflejo del alma, la promesa de apasionantes aventuras, el gusto por lo desconocido. En sus fotografías de paisajes, Rincón nos recuerda a los románticos en la escogencia de escenarios y en la proyección de sus emociones sobre estas. Para la artista, en el paisaje ya no se encuentra la promesa de una aventura, sino la seguridad de una catástrofe, la tragedia de un final. Todos vemos cómo la superpoblación de la especie más depredadora que ha existido jamás acaba con el planeta, y ella, María Isabel Rincón, nos hace reflexionar, mientras utiliza la belleza como carnada para atraernos, nos lleva a reconocer este hecho ominoso e innegable.

Rincón, que conoce bien la Historia del arte, escoge fragmentos de paisaje marino que nos recuerdan vívidamente elementos de pinturas de los artistas más extraordinarios: las nubes de John Constable, el oleaje de Eugène Boudin, las espumas de Louis Gabriel Eugéne Isabey, el uso de reflejos y brillos de Willem Claeszoon Heda, la composición y espiritualidad de Mark Rothko. Con esos fragmentos de paisaje nos demuestra que estamos cableados para sentir lo sublime cuando estamos ante las proporciones adecuadas de cielo, tierra y mar.

Los materiales que la artista ha decidido usar son desechables. Escogidos adrede para hablarnos del desperdicio, de la producción en masa. En la escogencia de los materiales se palpa el deseo de que reflexionemos sobre estos y el papel del arte. ¿Se salvan los artistas de la producción de deshechos? Parece preguntarse Rincón, para darnos con su obra una respuesta contundente: NO.

Si la rebeldía era la posición romántica contra el orden del mundo, la posición de hoy es la impotencia, el mismo estado del alma que se llena de nostalgia al ver lo que ocurre en una escala de tal magnitud que la injerencia del individuo se vuelve inane. La obra de María Isabel Rincón nos hace reflexionar, es sencilla, bella y su mensaje es contundente.

 

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