Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Ideas peligrosas y enemigos de la ciencia

Parte I

Aunque todo el mundo se beneficia de la ciencia cada día y cada minuto, muchos niegan su importancia y se encasillan en creencias arbitrarias, que de alguna manera complacen sus deseos. Es como si una ola anticientífica se hubiera levantado. Las siguientes proclamas, que se oyen a diario, pueden llegar a ser peligrosas: las vacunas son toxicas y dan autismo, los alimentos trasformados genéticamente son cancerígenos, el calentamiento global es cuento, vivimos envenenados por dentro y por eso debemos hacernos curas de desintoxicación tomando batidos; en el limón, el banano pecoso y el bicarbonato están escondidos los remedios para casi todas las enfermedades, incluyendo el cáncer; las drogas para tratar la depresión no sirven; son mejores los remedios de las tiendas naturistas, que las drogas químicas. Y la lista es extensa.

La ciencia es un método para decidir si algo es verdadero. La ciencia duda, experimenta, pone a prueba y confirma, o vuelve aponer en duda. La ventaja de este método es que cuando se hace una afirmación, muchos otros científicos la llevan al laboratorio y reproducen los experimentos para confirmarla o rechazarla. Muchas veces hay incertidumbre, pero la mente científica no cree que esta incertidumbre sea del mismo tamaño e importancia en todos los casos; la mente científica también trata de medir el tamaño de la incertidumbre.

De una manera infantil, todos tendemos a creerle a quienes tiene más estatus o autoridad; de niños no hubiéramos podido sobrevivir de haber hecho otra cosa. Pero ya de adultos, tenemos que mirar los datos, buscar información, estudiar los casos que nos interesan. Tenemos que aprender a dudar y tenemos que aprender a buscar buenas razones para creer. Lo bueno de la ciencia es que no son las personas las que tienen la autoridad, son los hechos, son las estadísticas, los resultados de los experimentos. Por eso las afirmaciones de la ciencia se van modificando, cambian, de ser necesario, cuando se hacen pruebas que demuestran que había errores en ellas.

Es bueno educar a desafiar la autoridad. Enseñar a obedecer cuando se debe, pero jamás dar la razón a alguien por simple autoridad, o por el hecho de estar jerárquicamente sobre uno. No es nada fiable ni científico decir: es así, porque así me lo enseñaron; lo creo porque lo dijo Platón o Aristóteles (entre otras, muy malos científicos, responsables de retrasar el conocimiento cosmológico 2000 años. Aceptar que la Tierra era redonda y que giraba alrededor del Sol necesitó 1.600 años después de Cristo de cultura científica). La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

La idea de que las vacunas producen autismo es una idea muy peligrosa. En algún momento, el fraudulento estudio realizado por Andrew Wakefield concluyó que la vacuna MMR (sarampión, paperas, rubeola) podía ser causante del autismo. En corto tiempo muchas investigaciones científicas demostraron su falsedad, pero el daño entre los miedosos ya había sido hecho. Muchas personas en la actualidad están dejando de vacunar a sus niños. El sarampión, que había desaparecido, ha vuelto a aparecer en diecisiete estados de los Estados Unidos. En algunas escuelas privadas en Los Ángeles y en el condado de Orange tienen tasas de vacunación tan bajas como las de los países de África subsahariana.

Las personas que no vacunan a sus niños muestran ignorancia respecto a las complicaciones que se pueden dar con estas enfermedades, y lo horribles que pueden llegar a ser; ni se las imaginan, pues han perdido familiaridad con ellas. Como dice Sam Harris, este comportamiento se debe a la ignorancia y al lujo de haber vivido en una sociedad donde esas enfermedades se habían casi erradicado.

Que los alimentos trasformados genéticamente son cancerígenos. ¿De dónde sale esa idea? Las plantas se han trasformado con la evolución, desde que aparecieron, y se han trasformado también con la selección artificial que ha practicado la cultura humana. Alterar los genes en el laboratorio no es distinto a lo que ocurre en la naturaleza, y es lo que hace posible la existencia de plantas que resistan las plagas, ciertos grados de humedad, diferencias grandes de temperatura y horas de almacenamiento y trasporte. Porque nos queda tan fácil comprar frutas y verduras en el mercado, ignoramos cuanta ciencia se ha tenido que aplicar a la agricultura para que esto sea posible. Hemos llegado a ser 7.000 millones de habitantes gracias a la ayuda que ha prestado la ciencia a la agricultura en la producción de cantidades enormes de comida; si de repente este conocimiento desapareciera nos moriríamos de hambre ¡todos!

Que el calentamiento global es mentira y que de ser verdad nada tenemos que ver los humanos es la idea que sostienen las enormes compañías suministradores de combustibles. Para muchas mentes es imposible imaginar que lo que exhalan, dióxido de carbono, afecte el clima del planeta. El panel intergubernamental sobre el cambio climático, realizado en Noviembre del 2014, declaró que la temperatura del planeta ha aumentado 1.5 grados Fahrenheit en los últimos 130 años, que el calentamiento global es una realidad y que el factor humano es una de las causas. Algunos políticos lo niegan por razones personales e intereses económicos, y la industria del petróleo promueve toda campaña que vaya en contra de esta idea, por miedo a la regulación y control sobre las emisiones de gases.

Otra creencia popular es la de que vivimos envenenados por dentro, y por eso debemos hacernos curas de desintoxicación, tomando batidos. No estamos intoxicados por dentro, ni sucios. De mantenernos limpios se encargan los riñones, los pulmones, el hígado y la piel. La idea de la limpieza interior surge de malas analogías que hacemos, surge de las malas mentes científicas que tenemos y de las buenas mentes de los negociantes. Los únicos que se pueden hacer curas verdaderas de desintoxicación son los drogadictos y alcohólicos, parando el consumo. Si el cuerpo no pudiera excretar las toxinas por sí mismo estaríamos muertos o en cuidados intensivos. La mente científica ante esta tonta idea de estar intoxicados se pregunta: ¿cuáles son las toxinas de las que hablan los vendedores de productos desintoxicantes? y entonces miden el volumen de estas toxinas en el cuerpo antes y después del tratamiento, pero no lo han podido hacer, pues no hay tales. Los que se “lavan” el colon corren riesgos médicos conocidos. No fumar, hacer ejercicio y comer moderadamente una dieta variada es la única fórmula que se conoce para mantener el sistema inmunológico funcionando adecuadamente, el verdadero protector de la salud.

La semana entrante continúa.

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