Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Alrededor de la muerte

El pequeño libro, Cambio de puesto, que escribió Lucía Donadío, sobre temas o cuentos cortos alrededor de la muerte me dejó pensando en lo novicios que estamos siempre frente a esta.  El libro es hermosísimo, lo recomiendo, hace llorar y uno se pone muy triste, pero también uno siente ternura por dentro al leerlo, y uno se imagina la muerte propia y la de los parientes. Las historias que Lucía Donadío cuenta allí son maravillosas, inesperadas y conmovedoras, con detalles que abruman, pequeños e inmensos en su importancia. Hay mucha poesía en su escritura. Estos cuentos son como pequeños poemas escritos en prosa. Se queda uno pensando en esas cosas menores que llaman nuestra atención en los momentos más inoportunos y que luego, se fijan en la mente: el vestido que lleva el muerto, y lo que va a pasar con ese cuerpo que dejamos abandonado; la preocupación con los objetos que quedan, y el deseo de morir y la culpa que nos invaden cuando nos parece injusto que haya muerto quien ha muerto mientras nosotros seguimos vivos.

¿Cómo estar preparado? No, no hay manera de estar preparados, ni para el anuncio de una cercana muerte nuestra, ni para la sorpresa de la muerte de otros.

Hilda Bastian, científica, escritora y miembro fundador de la Colaboración Cochrane, en octubre de este año escribió que esos cinco estadios de duelo que repiten los sicólogos y terapeutas, de negación, ira, negociación, depresión y aceptación, no existen realmente. Bastian perdió a su hijo y se puso en la tarea de investigar sobre lo que podría esperarle emocionalmente. Buscó en Internet ideas para consolarse y no encontró. En sus palabras:

“En las semanas que siguieron, durante muchas otras noches, volví a ese teclado, buscando consuelo en Internet. Tenía la esperanza de poder hacer clic en algo, cualquier cosa, que pudiera ayudarme a superar mis emociones insoportables o dar sentido a mi colapso. Pero mientras leía los sitios web de duelo y otra información destinada a aquellos en mi posición, no pude evitar juzgar. Soy una metacientífica, mi experticia consiste en evaluar la fuerza de la evidencia científica y escribir información sobre los pacientes. Mi yo profesional siempre estuvo a mi lado, mirando la pantalla”.

Ella nos cuenta que se han publicado más de 10.000 artículos en los últimos diez años, casi todos alrededor de las ideas de la sicóloga Kübler-Ross sobre las cinco etapas del duelo (las que se acaban de mencionar), pero sin ninguna evidencia. En aproximadamente el 60 % de los sitios web en inglés y holandés sobre el duelo se habla de las etapas de duelo de la doctora Kübler-Ross. Entre muchas lecturas que hizo encontró una idea repetida: que el dolor y las etapas “pueden durar minutos u horas mientras se entra y se sale de una y luego de otra”. Y entonces se preguntó: ¿Si el modelo de cinco etapas no describe ningún paso predecible, por qué siquiera llamarlos «etapas»?

Además, en ninguna etapa de las de Kübler-Ross se mencionaba sobre el dolor más común del duelo: el anhelo por la persona perdida.

Para enfrentar un dolor que se sentía insoportable, Hilda Bastian necesitó saber: ¿cuándo habría de haber pasado lo peor? Lo único que encontraba era la idea de que “La mayoría de las personas comienzan a sentirse mejor a los doce meses”.

Como experta en evidencia médica, todo lo que averiguaba en Internet le parecía frustrante. Ella misma comenzó un blog para recolectar evidencia sobre el duelo. Hizo 103 estudios que incluyen datos extraídos de más de 38,000 personas en duelo, la mayoría de ellas viviendo en los EE. UU. o en Países europeos; el resto en Asia, Australia y Canadá. Los estudios se basaron en entrevistas o cuestionarios ocasionales; unos pocos compararon datos sobre atención médica para poblaciones enteras de personas en duelo con grupos similares de personas que no estaban en duelo. Aunque los métodos de estos estudios variaron, sus hallazgos convergieron en un patrón amplio similar: para la mayoría de las personas, después de la mayoría de las muertes, el duelo comienza a disminuir después de unas pocas semanas y continúa reduciéndose a partir de ahí. Todavía puede haber tiempos difíciles por delante, pero en la mayoría de las circunstancias, cuando se cumplen los seis meses, es poco probable que la persona se encuentre en un estado constante de duelo severo.

(I’ve provided details and limitations at a blog I’ve started for collecting and assessing evidence on grief.)

Para aproximadamente la mitad de los dolientes, el duelo es leve o moderado y luego desaparece. Entre aquellos que experimentan altos niveles de aflicción al principio, la angustia generalmente también comenzará a disminuir en unas pocas semanas o meses. No es una línea recta, donde cada día es mejor que el anterior, pero el nivel general de sufrimiento disminuye con el tiempo. Pero hay excepciones: alrededor del 10 %, según la investigación, sentirán un duelo severo durante seis meses o más. El riesgo de permanecer en un duelo profundo durante más de un año es mayor para quienes están bajo estrés socioeconómico o para quienes pierden el cónyuge, y es aún mayor si se trata de la pérdida de un hijo, por muerte súbita, por accidente, suicidio u homicidio.

Los adultos que enfrentan una angustia severa y prolongada pueden llegar a tener problemas graves de salud mental y física, incluida la muerte prematura y pensamientos suicidas. Muchas de las personas que cumplen con los criterios de mucho dolor a los seis meses, no sufrirán ese nivel de dolor a los doce meses. La ciencia muestra que quedarse en un duelo implacable a largo plazo puede tener un costo muy alto en salud.

Es un cambio de puesto, es un cambio de habitación, y no solo para el que ya no vive.

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