PETRO EN EL LABERINTO DEL PAÍS POLÍTICO Y EL PAÍS NACIONAL

(Segunda parte)

Hernando Llano Ángel.

De forma inesperada el rescate con vida de los cuatro niños indígenas, el pasado viernes 9 de junio, se convirtió en una especie de hilo de Ariadna para el presidente Petro, pues gracias a su empeño en la operación Esperanza y del trabajo mancomunado del Ejército con varias comunidades indígenas, terminó siendo un milagro. El milagro de la vida que también liberó al presidente transitoriamente del escandaloso enredo de las chuzadas y las etílicas revelaciones del procaz exembajador Armando Benedetti sobre el supuesto ingreso de 15 mil millones de pesos en la segunda vuelta de su campaña presidencial.

Del milagro vital al misterio mortal

Pero, como es frecuente en el gran laberinto político nacional, pronto la alegría del milagro vital se diluyó en un sombrío acontecimiento judicial con la extraña muerte del teniente coronel Óscar Dávila, vinculado a la investigación que actualmente adelanta la Fiscalía por las chuzadas y la práctica del polígrafo a Marelbys Meza en dependencias aledañas a la Casa de Nariño. Su presunto suicidio vuelve a ponernos de presente la dimensión más tenebrosa de nuestra cíclica historia política y criminal, siempre relacionada con la muerte de actores o testigos claves, como sucedió con el magnicidio del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado y luego el asesinato de Elizabeth Montoya, más conocida como la “monita retrechera”,  en el proceso 8.000 durante la presidencia de Ernesto Samper Pizano. Muertes sobre las cuales siempre quedarán dudas y suspicacias sin resolver acerca de sus móviles, determinadores intelectuales y ejecutores materiales, así las Farc hayan reconocido su responsabilidad en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado. Y todo parece indicar que en el caso del Teniente Coronel Óscar Dávila sucederá algo similar, mientras el Minotauro de nuestra política nacional continúe siendo alimentado en forma indefinida e insaciable con recursos de economías ilegales. En las pasadas elecciones sucedió con el escándalo de la Ñeñepolítica en la campaña de Iván Duque. En las antepasadas con los recursos muy legales de Odebrecht que promovieron las campañas de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga. Pero esta es una historia que viene desde 1982, como lo reconoció el mismo expresidente Alfonso López Michelsen, que incluso terminó cobrando en 1984 la vida del ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla en su enfrentamiento con el entonces representante a la Cámara, Pablo Escobar Gaviria, suplente de Jairo Ortega del Movimiento Alternativa Popular que encabezó Alberto Santofimio Botero. Sin duda, nunca saldremos como sociedad de este mortal y violento laberinto en donde la política, el delito y el crimen diseñan pasadizos, hacen acuerdos y tejen innumerables tramas para afianzar la impunidad, en tanto permanezcan intactas las estructuras económicas ilegales y también las legales que dan sustento a este régimen electofáctico.

El Régimen político Electofáctico

Un régimen que se precia de realizar elecciones en forma ininterrumpida, al menos desde 1957, pero donde la mayoría de ellas son definidas y condicionadas por poderes de facto cuya identidad y dinámica varían según los actores y recursos de los cuales disponen. Actores mutantes, parecidos al mítico y sanguinario Minotauro, mitad toro y mitad humano, pues logran integrar en forma casi perfecta la legalidad con la ilegalidad, la legitimidad con la ilegitimidad, en fin, la política con el delito, la violencia y la criminalidad. El ejemplo más exitoso y escandaloso fue Pablo Escobar, al mismo tiempo gran capo y Honorable Representante a la Cámara por Antioquia. Sin olvidar que primero lo intento como entusiasta promotor del Nuevo Liberalismo, del cual fue expulsado por Luis Carlos Galán al enterarse de su prontuario e identidad criminal. Pero estos actores mutantes están presentes en casi todos los partidos, basta mirar el listado de los 60 congresistas condenados por parapolítica, la mayoría de ellos miembros de la coalición gubernamental que respaldó al presidente Álvaro Uribe durante sus dos administraciones, los cuales pasaron de sus curules a la cárcel. Es más, sus ministros, Sabas Pretelt, del Interior y Justicia, y Diego Palacio, de Salud, fueron condenados por el delito de cohecho por la Corte Suprema de Justicia, pues gracias a sus destrezas y maniobras burocráticas la representante Yidis Medina y el representante conservador Teodolindo Avendaño permitieron el cambio de un “artículito” que posibilitó la reelección de Álvaro Uribe (2006-2010). Un aporte extraordinario a la teoría política sobre las fuentes de la legitimidad, en este caso, el trámite ilegal de una reforma constitucional, que termina ungiendo con millones de votos al artífice de la misma. Este recuento, ya contado en anteriores Calicantos, nos permite conocer mejor los intrincados meandros del laberinto nacional, cuyos beneficiarios del País Político y congresistas de la oposición hoy en forma cínica y oportunista defienden en nombre de la democracia, lo que en realidad es una inexpugnable cacocracia. Cacocracia reforzada, paradójicamente, por quienes se alzaron en armas contra ella, pero que, con sus actos violentos contra la población civil, sus bienes y líderes, revelan que son todo lo contrario de lo que proclaman ser.

Ejército Liberticida Nacional

Tal es el caso del ELN, cuyas siglas parecen más bien significar Ejército Liberticida Nacional, pues continúa secuestrando y extorsionando, al tiempo que reclama ser reconocido como un actor político revolucionario. ¿Podrá haber algo menos revolucionario que privar a alguien de su libertad en forma arbitraria y encubrirlo bajo el nombre de retención? O, peor, aún ¿reclutar para la guerra a niños en nombre de la liberación nacional? Y, con mayor, cinismo asesinar líderes sociales y defensores de derechos humanos en nombre de la revolución. Y, para completar, pregonar que sin la participación de la sociedad civil no es posible avanzar hacia la paz. ¿Cómo pretende el ELN que participe la sociedad civil en medio de las extorsiones, los secuestros y los asesinatos? Semejantes incongruencias criminales entre la palabra y la acción deslegitiman por completo la “Paz Total” y la convierten en Paz Letal, como sucedió durante el gobierno anterior con la cínica “Paz  con Legalidad” del presidente Duque. Ya las cifras de masacres y líderes sociales asesinados durante estas dos paces gubernamentales, la pasada en defensa del statu quo y la presente en nombre de “Colombia, potencia mundial de la vida”, no guardan diferencia sustancial. Para defender la vida y salir de este sangriento laberinto, el presidente Petro y sus altos comisionados de paz deberían tener en cuenta la sabia advertencia de Hobbes, según la cual “los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno”. Sin la espada de Bolívar no hay seguridad humana garantizada y menos gobernabilidad democrática para convertir a Colombia en una potencia mundial de la vida.

PD: Recomiendo abrir enlaces en rojo para mayor comprensión.

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