Tras estas elecciones siguen agazapados múltiples poderes de facto que determinarán sus resultados, con su combinación letal de plata y plomo
Tras estas elecciones siguen agazapados múltiples poderes de facto que determinarán sus resultados, con su combinación letal de plata y plomo

(Artículo para EL PAÍS, el periódico global, edición América-Colombia, febrero 2026)
ELECCIONES ESPECTRALES Y LETALES
Hernando Llano Ángel.
En Colombia las elecciones suelen ser espectrales, letales, fantasmagóricas y hasta escatológicas. Así aconteció con la candidatura de César Gaviria Trujillo a la Presidencia en 1989, proclamada desde el cementerio central de Bogotá por Juan Manuel Galán, en el sepelio de su padre donde le entregó sus banderas a Gaviria: la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y la búsqueda de la paz política. Esas elecciones estuvieron precedidas por los magnicidios de otros dos candidatos presidenciales, plenos de juventud y vitalidad: Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, que representaban la posibilidad de una Colombia renaciente, diferente, más allá de la anquilosada, violenta y moribunda legada por los dos partidos tradicionales, ya carcomidos por su contemporización con el narcotráfico.
Sacrificios inútiles
Pero el sacrificio de estos tres candidatos terminó siendo en vano, pues el “Bienvenidos al futuro” de Gaviria comenzó con la prohibición constitucional de la extradición de colombianos por nacimiento (artículo 35, después derogado), el aborto prematuro del Estado Social de derecho de la Constitución del 91 en el altar de su “apertura económica” y, para colmo, la paz como un “derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” (artículo 22) la convirtió en una declaratoria de guerra integral contra las Farc-Ep. Para completar la traición a Galán, promovió por decreto las nefastas cooperativas de seguridad Convivir, embrión de los posteriores grupos narcoparamilitares. Esa dimensión espectral y violenta de las elecciones no ha cambiado, pese a la firma del Acuerdo de Paz hace ya casi una década. Sin embargo, las elecciones se siguen efectuando, como si nada grave sucediera, para conservar así la mascarada de ser la democracia “más estable y profunda” de Latinoamérica.
Riesgos espectrales y mortales
Según el reciente informe de la Misión de Observación Electoral (MOE), “Mapas y Factores de Riesgo Electoral – Elecciones nacionales 2026”[i], y su directora nacional, Alejandra Barrios: “este estudio identificó que, para las elecciones nacionales de 2026, hay 170 municipios con algún nivel de riesgo electoral donde coinciden factores indicativos de fraude y violencia en el país. De estos, 81 están en riesgo extremo, 51 en riesgo alto y 38 en riesgo medio”. Pero como acontece desde hace 67 años, estas elecciones se realizarán sin novedad. Los candidatos ganadores celebrarán y se afirmará una vez más, con bombos y platillos, el valor y la resiliencia de la democracia colombiana, sin deparar que unas elecciones en tales circunstancias carecen de los requisitos mínimos propios de la legitimidad democrática: libertad para el ejercicio del voto por todos los electores y garantías de seguridad y legalidad para todos los candidatos. Tras estas elecciones siguen agazapados múltiples poderes de facto que determinarán sus resultados, con su combinación letal de plata y plomo. Poco importa que miles de votos procedan de regiones y municipios donde la intimidación y el control de los grupos armados ilegales impiden la libre participación y elección de sus ciudadanos o la compraventa de votos sea una práctica consuetudinaria. Y el número de votos que aportan dichos municipios no es insignificante según el informe de la MOE: “Excluyendo a Bogotá por sus dinámicas urbanas específicas, los 170 municipios en riesgo tienen 4.564.177 personas habilitadas para votar, lo que representa el 11 % del censo electoral”. “Estos datos permiten dimensionar la magnitud territorial y operativa que enfrenta el Estado para mitigar los riesgos que identificó el grupo técnico que elaboró el estudio y garantizar el ejercicio del derecho al voto de la ciudadanía”, aseguró Diego Rubiano, coordinador del Observatorio Político Electoral de la Democracia de la MOE.
Consultas “inter-persona-listas”
A la anterior singularidad electoral colombiana, habría que sumar las circunstancias tan insólitas en que se celebrarán el próximo 8 de marzo las llamadas consultas interpartidistas para la selección de los candidatos presidenciales que se enfrentarán el próximo 31 de mayo en primera vuelta. Para empezar, son consultas que de interpartidistas tienen muy poco, pues son más disputas interpersonales en busca de una generosa reposición de votos. Por cada voto que obtenga un precandidato o precandidata tendrá derecho a recibir COP 8.613 de reposición por sus gastos de campaña. En semejante mercado electoral se encuentra gran parte de la corrupción del régimen y el despilfarro de nuestros impuestos de la que son cómplices y beneficiarios todos los candidatos a la Presidencia y el Congreso. Candidatos que no cesan de hablar durante sus campañas de transparencia y prometen un Estado austero en beneficio de todos los colombianos. Tal incoherencia e hipocresía valdría la pena ser castigada y no votar en ninguna de esas consultas interpersonales. En la realidad no son consultas entre partidos, más bien son consultas entre “personas-listas”, que no van tanto por los votos, sino más bien por el botín en pesos que pueden obtener para reponer los gastos en que incurrieron en la recolección de miles de firmas de ciudadanos incautos que los avalaron, persuadiéndolos con el cuento de que ellos son antipolíticos, técnicos y empresarios, que van a salvar a Colombia de la corrupción y la politiquería de los partidos, como lo hizo el candidato Álvaro Uribe Vélez en el 2002 con el respaldo de miles de firmas de ciudadanos. Y no olvidemos en que culminó esa cruzada contra la corrupción y la politiquería: en el mayor número de altos funcionarios condenados, cerca de una veintena del círculo presidencial, incluso más que los de este “gobierno del cambio”, un Congreso infectado de parapolíticos y en miles de ejecuciones extrajudiciales, con la mano firme y el corazón grande de la “seguridad democrática”. Un legado que ahora pretende reeditar Abelardo de la Espriella, de nuevo sin partido y con firmas ciudadanas, cuyas credenciales contra la corrupción y la politiquería son exitosas, especialmente como abogado del testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab, quien ahora parece estar requiriendo en Caracas de nuevo su valiosa defensa. No debería Abelardo desperdiciar semejante oportunidad, al menos así sería coherente con su mayor vocación y ambición, como abogado penalista defensor de la pulcritud y corrección de clientes como David Murcia de la pirámide DMG y Alex Saab, eslabón clave en el entramado financiero de ese paraíso inconmensurable de corrupción bolivariana, ahora coadministrado por Trump con Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello y Padrino. Pero Abelardo tiene razón, en la Casa de Nariño puede hacer mejores negocios y con socios más poderosos, “Defensores de la Patria”, que seguro la “defenderán” con el crecimiento de su propio patrimonio. Ya entregó Abelardo cerca de cinco millones de firmas de ciudadanos a la Registraduría que avalan su ambición, perdón, aspiración presidencial, que son la “materialización de un anhelo para salvar y reconstruir el país”[ii].
Consultas para todos los gustos, excepto una
El próximo 8 de marzo los ciudadanos, como en un restaurante, tendrán a disposición un menú de consultas y deberán decidir por la que más le apetezca. Cada consulta se la ingenia para parecer más democrática que las de sus contrincantes. La verdad, ese tarjetón de Consulta, atiborrado de precandidatos y precandidatas sonrientes, en total son 16, terminará por confundir y hasta difuminar el apetito del elector. Incluso hay una consulta con nueve precandidatos que tiene el desparpajo de apropiarse el nombre de Colombia, como si fuera de su propiedad, a pesar de haber excluido de la misma al padre del sacrificado senador y precandidato Miguel Uribe Turbay. Tal es el talante democrático de ese mosaico de nueve candidatos que se autoproclama “La Gran Consulta por Colombia”. Hay consultas para casi todos los gustos. Se le tiene “La Consulta de las Soluciones”, que nos ofrece a todos nuestros problemas una pareja de candidatos y la más insólita, “El Frente por la Vida”, con cinco precandidatos que no incluye al del Pacto Histórico, Manuel Cepeda, que obtuvo 1.533.284 votos en la consulta del pasado 26 de octubre, pero sí a Daniel Quintero que solo obtuvo 144.677, pero no fue inhabilitado por el Consejo Nacional Electoral a pesar de haber participado en la misma consulta. Así queda demostrado que ese Consejo aplica la ley electoral como un comodín y selecciona los candidatos según los intereses partidistas de sus miembros, eliminando de entrada al más temido rival. Con esa discrecional decisión se completa la otra dimensión espectral de estas elecciones, la de la exclusión selectiva del hasta ahora precandidato presidencial más representativo en las urnas y en las encuestas de opinión. Solo cabe tener la esperanza de que en las elecciones presidenciales del 31 de mayo Cepeda pueda participar y no aparezca otra decisión arbitraria del Consejo Nacional Electoral que se lo impida o, peor aún, que la polarización sectaria, violenta y criminal no lo permita.
¿Elecciones letales?
Porque asistiremos a las elecciones más asediadas y bajo las amenazas de tres cabezas que están en el tarjetón de la Paz total, o quizá letal, del gobierno: “Chiquito malo” del Ejército Gaitanista de Colombia; “Mordisco” de las disidencias de las Farc y “Pablito” del ELN, considerados por el presidente Petro como “traquetos” y por Trump como narcoterroristas. Unas campañas que discurren entre urnas y tumbas, pues según informe de Indepaz, durante los primeros 31 días del 2026 se cometieron doce masacres que dejaron 63 víctimas y convirtieron a enero en el mes con más masacres desde 2023[iii]. Y la MOE ya reporta cifras preocupantes sobre amenazas y violencia contra liderazgos políticos y sociales: “De los 134 hechos de violencia contra personas con liderazgo político, social y comunal, 59 fueron asesinatos o atentados. Además, alerta por un “preocupante aumento de los secuestros”, que alcanzaron su nivel más alto desde 2016 con 13 registros, la mayoría ocurridos en zonas rurales. Además, 43 de los 134 hechos se concentraron en tres departamentos: Cauca, Norte de Santander y Huila”. ¿Se transformarán, una vez más, las urnas en tumbas?
[i] https://moe.org.co/en-170-municipios-del-pais-hay-riesgo-coincidente-por-factores-indicativos-de-fraude-y-violencia-para-las-elecciones-de-2026-moe/
[ii] https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/abelardo-de-la-espriella-entrego-mas-de-4-8-millones-de-firmas-a-la-registraduria-para-ser-candidato-a-la-presidencia-aqui-manda-el-pueblo-3514354
[iii] https://www.elespectador.com/colombia-20/conflicto/masares-en-colombia-enero-de-2026-fue-el-mes-con-mas-hechos-violentos-desde-2023-estas-son-las-cifras-y-lugares/
Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.